jueves, 28 de febrero de 2013

Aleksandar Hemon: El proyecto Lázaro

Título original: The Lazarus Project

Idioma original: inglés

Año de publicación: 2008

Valoración: Recomendable con reparos



En 1903, los judíos de Kishinev (Chisinau), capital de la actual Moldavia, sufrieron un progromo terrible. Lázaro Averbuch tenía 14 años entonces. Huyendo de la traumática experiencia, emigra a Estados Unidos y, cinco años más tarde es asesinado por el jefe de policía de Chicago cuando se presenta en su vivienda para entregarle una enigmática carta. Poco después, el subjefe encuentra, junto al cadáver acribillado a tiros, el sobre que su superior nunca llegó a abrir. Saca el papel, lo lee, se lo guarda en el bolsillo. El lector no olvida este dato, durante páginas y páginas espera ansiosamente que se le informe del contenido. Una expectativa abierta.

Lázaro soñaba con escribir artículos de prensa. De momento se dedicaba a empaquetar huevos y a perfeccionar su inglés. Como no era muy habilidoso, siempre se le rompía alguno, lo que para el dueño no suponía ninguna pérdida ya que le obligaba a comprarlos y se los vendía más caros que a nadie. Un siglo más tarde, Vladimir Brik, joven bosnio residente en Chicago desde el 92, con doble nacionalidad por contrato matrimonial, desempleado, soñador a tiempo completo y aspirante a escritor sin nada que lo avale, topa casualmente con la crónica de esos hechos y decide ampliar el material con vistas a un futuro libro volviendo a su lugar de origen. También al de Averbuch. A través de sus ojos revivimos la vida de Lázaro, pero ¿cómo conoce Brik las circunstancias que recrea si apenas se molesta en documentarse? Él no valora la exactitud ni el rigor, en realidad le importa todo muy poco. Hemon, en la entrevista que se incluye al final del libro, le califica de depresivo. Puede que esa fuese su intención al crearlo, pero lo que ha conseguido es un personaje algo desorientado por los bruscos cambios de ambiente, bastante escéptico, con poca confianza en sí mismo y ningún espíritu de lucha, un superviviente que va renqueando a costa de lo que sea, vive el presente y ni siquiera sabe si desea regresar a su país de adopción. Allí tenía una vida que no le satisfacía por demasiado ordenada. Probablemente, no lo haga nunca.

Artefacto metaliterario cuyo mayor sentido reside en la fabulación por sí misma. De todos los personajes, y aunque se dé a entender que lo suyo solo son las imágenes, el verdadero contador de historias es Rora, el fotógrafo, testigo de la guerra en Sarajevo y acompañante de Brik en su periplo por el corazón de la tragedia. Este, en cambio, es un diletante nato, mientras Rora no cesa de tirar fotos a diestro y siniestro, él se lamenta de su suerte. La figura del periodista, con la excusa de informar a sus lectores, añade todavía más ficción. Uno de los grandes aciertos de esta obra consiste en la dualidad que se establece entre los hechos desnudos y su interpretación sobre el papel. El personaje, gran farsante, está soberbiamente retratado, también la forma en que manipula la opinión del público.

El paralelismo entre las dos vidas produce algunas coincidencias. Los reporteros de ambas épocas llevan el nombre de Miller. Las resonancias bíblicas del de Lázaro, así como determinadas insinuaciones dispersas por la trama, dan a entender que acabará resucitando, y en cierto modo lo hace. También se repite la figura de la hermana, la pérdida y duelo que ambas experimentan. Los trazos más vigorosos se reservan para la histórica. Víctima indiscutible de los acontecimientos, Olga trabaja todo el día en un taller de costura por un salario mísero. Tras el fallecimiento del chico, el dueño del taller, un tal Goldblatt, la despide, según dice temporalmente, para protegerse de habladurías. Ella es además la única heroína. Acosada por la policía, ignorada por la comunidad judía, ridiculizada en la prensa, sin trabajo, sin su hermano y compañero de fatigas, obsesionada por la obligación moral de informar a la madre pero sin valor para hacerlo, con su autoestima por los suelos al verse forzada a representar una farsa, zarandeada por los intereses de unos y otros y con la losa de un futuro cadáver pesando sobre sus hombros –el del amigo de su hermano, fugitivo por puro azar de una persecución que no le corresponde– ha de tomar una determinación urgente. Y lo hace, consigue llegar al acuerdo que considera más justo: representar el papel exigido por los agentes de la ley a cambio de una vida joven e inocente.

Prosa más bien uniforme –sobre todo en los fragmentos contemporáneos– sin altibajos emotivos ni sorpresas, con algún hallazgo metafórico de vez en cuando y unas cuantas sentencias oportunas. La abulia congénita del protagonista, seguramente, habrá conducido al autor a adoptar ese tono, pero contrasta abruptamente con el panorama que presenta.

La tensión se va diluyendo según volvemos páginas para convertirse finalmente en poco menos que un envoltorio vacío. Si lo que deseaba Hemon era dormir tranquilo, tenía que haber buscado otro tema menos peliagudo, algo que desembocase en una novelita amable. Como lectora siento cierta decepción, se me ha colocado en pleno centro del drama, que me estalló en toda la cara apenas abrí el libro, y lo que quiero es emocionarme, que para eso he llegado al final.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Jon Klassen: Yo quiero mi gorro


Idioma original: inglés
Título original: I Want My Hat Back 
Año de publicación: 2012

Valoración: imprescindible


No es de extrañar que Yo quiero mi gorro del canadiense Jon Klassen haya recibido, tantos galardones últimamente (el Theodor Seuss Geisel Beginning Reader Honor, el New York Public Library 100 Titles for Reading and Sharing o el  E.B. White Read Aloud Award entre otros).

La obra presenta a un oso que ha perdido su gorro y decide interrogar a varios animales con el fin de encontrarlo. Pregunta por ejemplo a un zorro, una rana, un conejo o una tortuga y, en todos los casos, la estructura se repite y la respuesta es negativa, incluso en el caso de quien le ha robado el gorro, detalle que el lector registra, pero que el oso no llega a ver, tan obsesionado está por encontrar su gorro rojo. 

Desconsolado y triste, se tumba en el suelo y se pregunta qué ocurrirá en el caso de que no encuentre su querido gorro, en el caso de que nadie, nunca, lo encuentre. Le hace tanta falta, lo echa tanto de menos, mi pobre gorro, piensa.

En ese instante, un ciervo le sale al encuentro y le pide que le describa el gorro. Es entonces cuando el protagonista se da cuenta de que lo ha visto antes, en algún lugar, cuando interrogaba a los animales. Es en el momento de volver en busca de su gorro cuando la historia da un giro que desemboca en una carcajada. 

El humor y el atractivo de la historia residen en el manejo de la elipsis, tanto lingüística como visual, ya que hay una segunda narración, la del robo del gorro, la de la reacción final del oso, que no se representa, pero que el lector infiere. 

Además, en lo referente a la construcción de los diálogos, cabe resaltar que cada una de las intervenciones adquiere una tonalidad diferente en función del color de cada uno de los animales, un acierto tanto a la hora de guiar y facilitar la lectura de los más pequeños como a la hora de establecer y enriquecer el vínculo entre imagen y palabra.  

Por lo tanto, es lógico que The New York Times Book Review  lo haya elegido uno de los diez mejores libros ilustrados de 2011. El humor que encierra la obra, la delicadeza de las ilustraciones, la disposición de los elementos en la página, los caracteres tan divertidos que ha escogido el autor, la sencillez de la historia y el juego de miradas entre los personajes, convierten este álbum ilustrado en una verdadera obra de arte con la que el disfrute y el placer están asegurados.


Nota: De la traducción del original se ha encargado Jesús Ortiz Milrazones.


martes, 26 de febrero de 2013

Luna Miguel: Pensamientos estériles

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: está bien


Luna Miguel es una de las poetas jóvenes más conocidas (si no la más conocida) del panorama literario actual. A pesar de tener sólo 23 años, ha publicado cuatro libros de poesía y un relato escrito a cuatro manos con Antonio J. Rodríguez, ha traducido a Schwob y ha editado dos antologías de poesía. Pensamientos estériles es su tercer libro de poesía publicado y ha sido ilustrado por Laia Arqueros.

¿Qué cuenta Luna Miguel en este poemario (aunque ella prefiera considerarlo, como explica en al final del mismo, un diario poético)? La autora habla de amor, de sexo, de poesía... pero, sobre todo, habla de sí misma y de sus relaciones, tatuajes, influencias personales y literarias, creencias y todo lo que sirva para dibujar el autorretrato que al final resulta ser este libro. Pero también lo utiliza como un canto a la juventud (con sus cosas buenas y sus cosas malas) y una declaración de desesperanza (o quizá de hastío) por lo que tiene que ofrecerle el mundo.

¿Por qué lo he valorado con un simple "está bien"? Porque la base es buena, pero podría dar mucho más de sí. Aunque Luna Miguel tiene buenas ideas y algunos versos de calidad, en ocasiones tanta sangre, tanta muerte y tantas alusiones sexuales resultan un tanto repetitivas y demasiado efectistas. No tengo nada en contra de estos temas, pero creo que, tal y como Miguel los trabaja (esto es, de forma muy cruda y directa), habría sido mejor que no apareciesen tan a menudo, pues su presencia constante acaba por eclipsar otros textos que quizá deberían recibir más atención.

Por ese motivo y por esa (excesiva, en mi opinión) importancia que se le otorga al hecho de ser joven, creo que este libro podía haber sido mucho mejor de lo que ha resultado ser. Creo también necesario destacar el trabajo de Laia Arqueros, cuyas ilustraciones complementan los textos y aportan, además, un toque onírico que consigue enriquecerlos.


lunes, 25 de febrero de 2013

José Ovejero: La ética de la crueldad

Idioma original: español
Año de publicación: 2012
Valoración: muy recomendable

Salvo ciertos artículos de Franzen, y los inclasificables desvaríos de Foster Wallace, debo reconocer ser muy poco dado a la lectura de ensayos. Una cuestión meramente personal, pero que excelentes libros como este deberán hacerme replantear. Unas 200 páginas en las que se hace un dinámico, pero profundo estudio de la crueldad como elemento central o ingrediente principal en muchos de los actos de mayor arraigo en la cultura occidental. Con un lógico énfasis en lo que afecta al panorama español, nacionalidad de su autor, sin que se omitan aspectos que se encuentran tan incrustados en los usos y costumbres que, para vergüenza propia y común, rara vez caemos en lo perverso de su naturaleza.
Desprovisto de intenciones dogmáticas, Ovejero avanza descubriendo todas las facetas en las que la crueldad se manifiesta, sin perder de vista las situaciones en las que ésta es mostrada de manera cruda y contundente para conseguir ciertos fines. Su exhaustivo repaso se detiene en la obra de escritores, cineastas, artistas plásticos, como ejemplos de los experimentos visuales y físicos en que se pone a prueba ya no la resistencia del público o del usuario sino su curiosa actitud ante no el hecho cruel en sí mismo sino la valoración o la reprobación social que este provoca en función de la situación en que se produce. En la parte final del libro, analiza con rigor y perspectiva siete libros caracterizados por el uso de la crueldad en diversos niveles. Cómo valoramos de forma distinta un malo que salta en pedazos, en medio de una película de acción, que un animal que sufre en medio de una escena de National Geographic. El ejemplo no es del libro, sino mío al azar. Ensayos como La ética de la crueldad no son parrafadas de conceptos difícilmente asumibles entre referencias plagadas de notas, sólo comprensibles por iniciados. Este libro, por ejemplo, es una estupenda y culturalmente alimenticia guía, completamente contemporánea, por casos significativos, cotidianos, anclados en nuestra herencia histórica, ante los que es difícil reparar a la primera.
Merecido Premio Anagrama de Ensayo 2012: un estirón de orejas personal pues no sólo las situaciones y circunstancias de nuestros personajes de ficción constituyen analogías o metáforas de las que aprender y sacar conclusiones.
Cualquiera mínimamente interesado en cualquier manifestación cultural, no solo la literaria, disfrutará a lo grande con este libro. No solo eso, cuando acabe con él, saldrá en busca de muchas de las referencias que en él se citan. 

domingo, 24 de febrero de 2013

Izaskun Gracia: Artikoa/Ártica


Idioma original: euskera y español (edición bilingüe) 
Título original: Artikoa/ Ártica
Fecha de publicación: 2012
Valoración: Imprescindible

Tras apostar por autores como Raúl Zurita, Valerie Mejer, Andrés Fisher o Reynaldo Jiménez, la editorial Amargord ha acertado una vez más con la edición bilingüe Artikoa/ Ártica de Izaskun Gracia Quintana (Bilbao, 1977). Por un lado, por presentar, tal y como indica Pello Otxoteko en el prólogo a la obra, este grito silente que nace de la ruptura profunda y llega a la fragilidad de la belleza, consiguiendo en el camino, poco a poco, sacudir el equilibrio del lector. Y, por otro, por decantarse por un proyecto tan interesante como el de la edición bilingüe. En una nota al final del libro, la escritora explica que algunos poemas de este libro aparecieron en euskera; otros, en castellano. Poco a poco, todos acabaron entremezclándose. En este sentido, es llamativo el equilibrio que se da entre español y euskera, ya que, independientemente de la lengua en que se conciba y lea el texto, la voz poética es una, pura, y esto es muy difícil de lograr en el caso de escritura bilingüe.

Artikoa / Ártica encierra una poesía de la carencia, de la búsqueda y del desasosiego generado ante la perspectiva de que nada parece cambiar. Una poesía que se trastormenta y vuelve a nacer o se cose al cielo para dar rienda suelta a las ansias de volar. Para ello, la poeta hace uso de un lenguaje depurado y de una estructura muy meditada que ya se advirtiera en poemarios anteriores como fuegos fatuos (accésit en el certamen poético Centro Juvenil Latina, 2003), eleak eta beleak (XVII Premio de Poesía Ernestina de Champourcín, 2007) o saco de humos (XIX Premio de Poesía Villa de Aranda, 2010). La obra no incluye una estructura inicio-núcleo-desenlace. Sin embargo, la disposición de los poemas, de cada una de las palabras, los espacios o los silencios es precisa. Nada sobra. Nada falta. Nos hallamos ante una poesía exacta, tensa, donde la autora templa el verso y da a luz una obra perfecta. Cerrada.

El mundo conocido comprime y cerca, pero Izaskun Gracia se acerca a la grieta y observa, analiza. Calla. Bosqueja paisajes en los que sobrevuela héroes agotados, ventanas cegadas, cuerpos de los niños muertos que yacen bajo una higuera, se pierde, el vuelo se detiene en un templo, dios la llora y el cuerpo cae en astillas. Tras poner en duda todo lo aprendido,  entiende el relámpago, embiste la tormenta a través de los ríos que parten de ella y, acuática y silente, abandona sus apóstoles, arde los templos y, a falta de dios, busca en sus muertos la respuesta a sus nombres. Reconstruye. Acto seguido, deshace telares y ocupa entonces el cuerpo en otro compás que trastormenta y dirige sus pasos sin agua. Porque, al fin y al cabo,  no vale la pena agotarse […] que el momento ha llegado y por nada luchar vale ya/ la pena.

No todo es su decir. También está aquello que calla, la sugerencia, el juego de la ambivalencia que introduce valiéndose de la ausencia de puntuación y de una exactitud y concisión admirables en el manejo de la palabra. Versos de una voz poética luminosa que ha visto mucho y que a veces se duele (min ematen dit munduak/ eta ulertzen ez dudan bizitzak/ y tus intentos por volvernos habitables en una tierra que nos/ regurgita impasible mientrasla piel se cubre de/ cicatrices a medida que pasa el tiempo) y, sin embargo, se empeña, terca, en encontrar el norte en mitad de una avenida gélida, ártica, que cubre la piel de cicatrices y que la voz recorre una y otra vez con el fin de no olvidar quién es, con el fin de encontrar más postigos con los que cegar todas las ventanas para, sabiéndose exiliada, dejar la estancia sin resquicio de su vuelta y evitar así la tentación de volverse atrás: han de cambiar los pasos, advierte la poeta, porque adelante ya no es un/ sentido/ el norte desaparece de los mapas que aterida dibujó la/ consciencia/ y en el proceso queda la duda que no desaparece/ sempiterna e innata como el sabor de la piel hasta la muerte/ o hasta volver a la tierra siendo ya polvo años después de/ haber muerto.

Así como existe un movimiento punk, una generación ni-ni o un grupo de poetas gafapasta obsesionados con lo postmo, debería existir una generación izaskungracia que declamara sus versos por la calle, que declamara por ejemplo eta erbesteak beste lur batean esnatu ninduen hegalditik/ non gorputza ez zen egin jausteko baizik eta ezpalak/ eta orduek ez zuten itxaron gu prest egon arte, o que se tatuara enredé en catálogos de imposturas y hallé la adecuada/ alumbré otro cuerpo y salí/ y el mundo se abrió calle e incertidumbre de mañana a la altura del tobillo o en las corvas, que escribiera en las paredes

sakrifizioan irekita larrugorritu nintzen               me desnudé abierta en sacrificio
husturik                                                                 vaciada
eta poliki-poliki ez daukadanak bihurtu               y poco a poco lo que carezco
ninduen harresi]                                                   me volvió muralla]


Y entonces, el mundo sería más habitable.

sábado, 23 de febrero de 2013

Stanislaw Lem: Fiasco

Título original: Fiasko

Idioma original: polaco

Año de publicación: 1987

Valoración: Muy recomendable



En las novelas de Stanislaw Lem, lo de menos es el género. Su mayor acierto, y a pesar del enorme entramado que construye a veces, radica en la verosimilitud, independientemente de si encaja o no en las coordenadas del mundo real tal como lo conocemos, porque es la coherencia entre elementos lo que le hace literariamente creíble. En este caso además, aunque se trate de ciencia ficción, el comportamiento de los personajes recuerda tristemente al de los terrícolas de todos los tiempos.

El argumento gira en torno a tres ingredientes: saltos temporales, dilemas éticos y especulaciones científicas. La acción comienza en siglo XXII, en Titán, satélite de Saturno –aunque enseguida se produce una fractura de casi dos siglos para continuar en un cohete, el Eurídice y, más tarde, en un apéndice de este, el Hermes– y atañe a campos científicos diversos. Se describe la estructura de las naves, la personalidad de los ordenadores que las gestionan, en particular del denominado irónicamente DEUS, bajo cuya responsabilidad se encuentra la tripulación, y cuyos procesos mentales, y hasta emotivos, se acercan tanto a los humanos que da miedo. A medio camino entre filosofía y ciencia, se muestran las similitudes y diferencias entre hombre y máquina:
La única diferencia real entre un hombre nacido de un padre y una madre y una máquina perfectamente humanizada sería el material de que estaban hechos: vivo y no vivo. El autómata humanizado sería tan listo –pero también tan inseguro, tan falible, tan esclavo de sus emociones– como un hombre”(*)
Sin olvidar las descripciones de la ruta del Hermes, su funcionamiento, las decisiones del capitán y los técnicos basándose en complicados razonamientos futuristas, las deducciones sobre el tipo de civilización del planeta Quinta y la fase técnica en que se encuentra, las persecuciones y batallas que tienen lugar en el espacio, la destrucción de su luna, o la detallada (pero críptica) imagen que uno de los pilotos ve al aterrizar.

Un curioso procedimiento para añadir realismo al conjunto consiste en enumerar errores humanos, indecisión, consecuencias no previstas, confusiones, rectificaciones, olvidos, fallos técnicos. Se diría que en el género estos no existiesen, que el futuro se presentase como un todo perfecto donde los aparatos no se estropean y nadie se equivoca jamás. Pero, sabemos por experiencia que eso no sucederá nunca. Poco a poco, nos vemos envueltos en una red de explicaciones que demuestran la sólida formación del autor, tanto en el campo de la física como de otras muchas disciplinas. La imaginación más calenturienta se alía con ellas de tal forma que resulta imposible separar una de otras salvo que uno sea también científico.

En lo que respecta a los avances médicos, podemos ver cómo se criogeniza y posteriormente se resucita a algunos personajes; en otros se induce el sueño para que puedan sobrevivir a velocidades que superan la del sonido. Lem lo explica así:

"Los técnicos del Eurídice, con los biólogos Davis y Vahradian, estaban ya durmiendo a la tripulación del Hermes –su sueño duraría muchos años– pero sin congelación ni hibernación. Se les sometía a embrionización, un proceso en el cual la persona regresaba a la forma de vida anterior al nacimiento, a una existencia fetal, o por lo menos asombrosamente parecida a ésta: sin respiración, bajo el agua." (*)

El protagonista, llegado de siglos atrás, ha de adaptarse a unos compañeros y a un tiempo que no le corresponden. En un principio, se siente ajeno a todo, solo cuando le es encomendada una misión importante consigue sentirse útil e integrarse. Este es el argumento utilizado por Parvis/Tempe para convencer al capitán de que debe formar parte de la expedición que se dirigirá a Quinta: “Al parecer a mí me gusta el peligro. De no ser así, llevaría unos doscientos años debajo de una lápida en la Tierra, porque habría muerto en la cama rodeado de una apenada familia”. (*). La combinación de cuestiones filosóficas y psicológicas, produce paradojas así.

Se multiplican los conflictos éticos bajo la atenta mirada del sacerdote. Este ha de adoptar un rol algo incómodo: velar porque se adopten las decisiones correctas manteniéndose neutral a la vez. Sin ir más lejos, la elección entre dos resurrecciones posibles, pero, fundamentalmente, su fallido intento de mediación en el angustioso proceso durante el cual los tripulantes del Hermes van eliminando los escrúpulos iniciales para dar prioridad a su testarudo propósito de conocer de primera mano la hermética civilización de Quinta. A pesar de la radical negativa de esta y arrastrados por la fuerza de los acontecimientos, se valen de las tretas necesarias para imponerse a ella, incluyendo la progresiva escalada de violencia, durante la cual, no solo los protagonistas, ni siquiera el lector logra calibrar la tremenda injusticia que se está cometiendo con los quintanos. Hasta el enigmático e inesperado desenlace, que justifica perfectamente el título.
(*) Traductora: Maribel de Juan


Del mismo autor: Solaris, La investigación

viernes, 22 de febrero de 2013

John Steinbeck: Los vagabundos de la cosecha

Idioma original: Inglés
Título original: The Harvest Gypsies
Año de publicación: 1936
Traducción: Marta Alcaraz
Valoración: imprescindible

Reconozco que esta es mi primera lectura de Steinbeck. Que el año de publicación de este libro es, casi, aquel en que deja de sentirse cómoda mi filia absoluta por los autores contemporáneos. Y que la lectura de libros como éste me hacen replantear esta inexplicable aversión. Aunque este libro no sea lo que se dice una lectura agradable, y menos hoy en día.
Los vagabundos de la cosecha es un extenso reportaje periodístico, que en la cuidada edición de Libros del Asteroide se acompaña de un largo, pero justificado prólogo y de un reportaje fotográfico con impactantes imágenes. Aunque el impacto real proviene del texto de Steinbeck, una crónica fiel e implacable que nos desliza rápidamente por las simas de la necesidad extrema. Trata del flujo de granjeros que, al perder sus cosechas y sus posesiones en los años 30, la Gran Depresión, tuvo que aventurarse hacia el estado de California, para poder subsistir como temporeros: unos 150.000 americanos alojados prácticamente en las riberas de los riachuelos y en precarias chabolas en los márgenes de las carreteras del estado. Una marea humana acuciada por la miseria y la necesidad más absoluta. Steinbeck habla de sus duras condiciones de vida, de las circunstancias que les han llevado a esas difíciles circunstancias, habla con un estilo directo y objetivo (aunque no deja de exponer bien clara su percepción de la situación) y no repara en ejemplos que, no por la frialdad de su objetiva exposición, pierden su condición de escalofriantes. Y, por supuesto, esa frialdad no excluye la denuncia: cómo los que contratan a los temporeros los hacen acudir en masa para forzar los salarios a la baja, cómo impiden que éstos se organicen en defensa de sus derechos, cómo instauran una doble moral de necesidad de esa fuerza laboral y rechazo una vez es usada. Todo un tratado preocupantemente adaptable a los tiempos que corren.
Como he dicho, ésta es mi primera lectura de Steinbeck. Me merezco ser recriminado por ello. Más adelante, seguro, caerá alguno de sus tres títulos más célebres, todos reseñados ya en Unlibroaldía. No sé si en esta crónica está la semilla de algunos de ellos. Sugiere el prólogo que sí: de hecho el prólogo se titula El fantasma de Tom Joad, en alusión al protagonista de Las uvas de la ira. Puede que en estas crónicas duras y descarnadas esté también el origen del periodismo literario de Capote o de Kapuscinski. Mucho habría que agradecerle entonces a Steinbeck. Pero nada más fiel a la descripción  de su importancia que el ejemplo de este último párrafo del libro: contundente, pero esperanzado.

Los nuevos emigrantes de la Dust Bowl han llegado a California para quedarse. Son buenos americanos, hábiles, inteligentes y, cuando se les concede una oportunidad, socialmente responsables. Condenarlos al hambre e intimidarlos hasta la desesperación no dará resultado. Pueden ser ciudadanos ejemplares, pero también pueden convertirse en un ejército espoleado por el sufrimiento y el odio que termine tomando por la fuerza aquello que necesita. De cómo los tratemos en el futuro dependerá el rumbo que se vean obligados a tomar.

También de John Steinbeck en Unlibroaldía
Al este del Edén, De ratones y hombres, Las uvas de la ira, La perla

jueves, 21 de febrero de 2013

Brecht Evens: Un lugar equivocado

Idioma original: neerlandés
Título original: Ergens waar je niet wil zijn
Año de publicación: 2009
Valoración: muy recomendable


Seguro que todos los lectores, en algún momento de su vida, han oído este dicho: "Hay quien nace con estrella y quien nace estrellado". Sin ponerme a discutir si esto es verdad o mentira, sí puedo afirmar que es la base sobre la que Brecht Evens construye Un lugar equivocado, un conjunto de tres historias relacionadas entre sí en las que el autor analiza tres tipos de personalidad.

En la primera historia, el autor nos lleva a casa de Gary, un hombrecillo tímido y gris que organiza una fiesta para sus amigos y compañeros de estudios, que aceptan su invitación pensando que también acudirá un tal Robbie. Pero las horas pasan y no parece que Robbie se vaya a pasar, y la impaciencia y las pocas ganas de estar en compañía del anfitrión harán mella en todos los que allí se han reunido.

En la segunda historia le seguimos la pista a Naomi, una chica tímida que acude a la discoteca donde suele estar Robbie, con la esperanza de encontrarlo. Y vaya si lo encuentra. Éste –el típico joven atractivo y encantador, el alma de toda fiesta, al que adoran todas las mujeres y al que quieren emular todos los hombres– hará que Naomi viva la mejor noche de su vida, aunque el desenlace de la misma no sea el que ella había esperado.

En la tercera historia vemos a Gary y Robbie en la discoteca, manteniendo una conversación acerca de lo que les habría gustado hacer con su vida y del lugar al que finalmente han llegado. Aquí veremos cuán diferentes son ambos personajes y cómo ni sus destinos ni sus realidades podrán nunca compararse.

Si bien los tres personajes son claramente arquetípicos, el autor consigue que cumplan su objetivo y los tres episodios en los que se nos presentan hablan de las relaciones (de todo tipo) hoy en día, del interés, de la esperanza en el futuro, de las dificultades sociales, de lo efímero de lo importante... a lo que ayuda, en gran medida, el excelente grafismo que acompaña a la historia.

Olvidando la estructura característica del cómic (viñetas y bocadillos), Evens realiza un excelente trabajo (no en vano esta obra fue galardonada con el Premio a la Audacia en el festival de Angoulême) a base de grandes escenarios en los que nos encontramos varios focos de atención, diferentes escenas que se desarrollan a la vez, elaboradas en acuarela, donde los colores adquieren tanta importancia como los dibujos y las palabras (por ejemplo, el autor usa el azul para Robbie, el rojo para Naomi y el gris para Gary; tanto en los personajes como en sus diálogos), y se crea un código visual realmente impactante.

Estamos, sin duda, ante un autor al que hay que seguir de cerca, pues estoy segura de que aún le queda mucho –y aún mejor– trabajo por enseñar.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Nicole Krauss: La gran casa

Idioma original: inglés
Título original: Great house
Año de publicación: 2012
Traducción: Rita Da Costa
Valoración: recomendable

Nicole Krauss forma parte de una nueva generación de autores americanos que aún no han cumplido los 40 años: con lo cual ya hablamos no sólo de una generación, la de los Ford, Roth, DeLillo, que queda atrás, sino incluso la de Franzen o Louise Erdrich, que empieza a atisbar sus sucesores.
Porque Krauss es una autora sumamente brillante: un estilo impecable, minucioso y elaborado pero de lectura muy estimulante, y un encaje de tramas que delata un fructífero trabajo previo en su obra. La gran casa llega cinco años más tarde de su brillante La historia del amory el recibimiento general crítico indica que este es un libro aún mejor.

De estructura algo compleja, Krauss muestra en esta obra a personajes en distintos momentos de sus vidas, todas ellas relacionadas por la existencia de un elemento común: la posesión, en algún momento, de un mueble, un viejo escritorio lleno de cajones, que pasa de mano en mano, que viaja de continente en continente. Este protagonista inerte de la acción, y sus desplazamientos, acarrean consigo un misterio hacia cuya resolución parece precipitarse el libro. Pero el camino hacia ello está plagado de personajes y de torrente imaginativo. Las historias de sus sucesivos tenedores, los eslabones de la cadena que los une a través del tiempo, esa especie de sensación de custodia colectiva. La portentosa labor de construcción de los personajes, el desplazamiento de la figura del narrador, ahora un viudo a la búsqueda del secreto de su esposa, ahora una joven universitaria en medio de una discontinua historia de amor. Krauss pone todas las piezas en el sitio.

Ahora bien, sea la culpa del cine de Hitchcock, de la literatura policíaca o (no creo) de la trilogía Millenium, que han acostumbrado a esperar cierto efectismo en los finales, Krauss no acaba de ponerle a La gran casa un colofón a la altura de su espectacular progreso narrativo. Como cuando tienes que hacer veinte kilómetros de curvas para llegar a un restaurante que no merecía tanto la pena o, como cuando enseñan en la televisión una magnífica jugada de fútbol, una extraordinaria combinación de juego de equipo cuyo disparo final acaba estrellándose en el larguero. No es una decepción porque atrás han quedado más de 300 páginas de excelente prosa (de la cual creo que debemos dar las gracias a una esmerada traducción), pero sí un pequeño inconveniente. Puede que Krauss haya rechazado elegantemente la opción más pirotécnica, y concluya esta historia de misterios y ocultaciones con la sobriedad de quien quiere apostar por la carrera a largo plazo. Pero la expectativa creada hasta entonces es enorme. Gran escritora a tener en cuenta.

De Nicole Krauss en Unlibroaldía: La historia del amor

martes, 19 de febrero de 2013

Knut Hamsun: Hambre

Idioma original: noruego
Título original: Slut
Fecha de publicación: 1890
Valoración: Muy recomendable

Llegué a este libro por pura casualidad, esquivando a uno de esos individuos desconocidos que en espacios públicos y sin mediar palabra, se le pegan a uno como si no hubiera ningún ser humano más sobre la faz de la tierra. Sucedió en una de las bibliotecas que frecuento, y la lapa humana de turno provocó que dejara de curiosear libros de autores cuyos apellidos empiezan por "D" y huyera despavorido hacia la primera estantería que pillé, donde están los autores cuyos apellidos empiezan por "H". Así hallé a Knut Hamsun, autor del que, otra casualidad, había visto un biopic (palabra horrorosa que significa: película biográfica sobre la vida de un personaje célebre) la noche anterior. Miré un poco de qué iba su Hambre y me lo llevé a casa, dando esquinazo definitivo a mi perseguidor.

Y la verdad es que Hambre me ha gustado mucho y ahora entiendo por qué, según dicen en su prólogo, fue y es libro de cabecera de autores tan dispares como Thomas Mann, Maxim Gorki, Paul Auster, Charles Bukowski o Henry Miller. Yo, por mi parte, estoy convencido de que también le impactó bastante a Ferenc Karinthy (la Metrópolis de éste podría ser su prima-hermana) y a otros muchos más, sobre todo, a "artistas del hambre": escritores que lo pasaron francamente mal, torturados por carencias de todo tipo, mientras escribían sus obras.

Hambre cuenta, precisamente, la historia de un tipo del que no sabemos ni cómo se llama ni de dónde viene, sólo que es escritor y que las está pasando canutas. Vive en Christiania, la antigua capital de Noruega, y por sus calles deambula todo el día muerto de hambre, un hambre descrito con tal fiereza y fidelidad por Hamsun, que a uno se le pueden llegar a revolver las tripas. Nuestro penoso héroe no encuentra trabajo, está medio muerto de frío, empeña todo lo que tiene (en un momento dado incluso intenta vender los botones de su chaleco), le debe no sé cuánto dinero a su arrendadora, malvive escribiendo articulitos para periódicos que, por lo menos, le reconocen que están muy bien, y tiene un curioso y exasperante código ético que le obliga a dar limosnas (¡cuando él está a punto de morir!) pero a rechazar ayudas que él considera que atentan contra su dignidad.

En varios momentos de la novela, que es corta, dan ganas de abofetear al moribundo (¡Dios! ¡Que pida ayuda! ¡Que deje de ser tan asquerosamente orgulloso!), pero la criatura de Hamsun, sin necesidad de nuestros zarandeos, va sobreviviendo milagrosamente página a página, e incluso tiene tiempo para enamorarse de una joven desconocida a la que adjudica el imposible nombre de Ylayali.

En fin, en Hambre tenemos, una vez más, al Hombre (con todas sus circunstancias y valores personales) contra el Mundo. Y el lenguaje y el estilo que utiliza Hamsun para contarnos esta historia narrada en una efectiva primera persona son perfectos para que uno sienta el espíritu desesperado pero obsesivo y rebelde de su protagonista. Porque, pase lo que pase, él mantiene intacta su peculiar visión de la vida. Su vida.


En fin. Un libro muy recomendable con un final que me recordó al de la ya citada Metrópolis, de Karinthy.

Y no pienso hablar de que si Hamsun, premio Nobel de Literatura, fue odiado en su país durante mucho tiempo por sus simpatías por el nazismo, ni del buen biopic que sobre él vi y en el que Max Von Sydow le da vida.


lunes, 18 de febrero de 2013

Carlos Casares: Narrativa breve completa


Idioma original: gallego
Título original: Narrativa breve completa
Año de publicación: 2012
Valoración: está bien

De Narrativa breve completa de Carlos Casares (Ourense, 1941- Vigo, 2002) llama ante todo la atención la versatilidad temática del autor y el tono adoptado. La mayoría de sus relatos poseen rasgos propios de la narrativa oral, pero en cada uno de ellos el tono pueden variar desde una voz narrativa humilde a otra más audaz, dramática o cómica con una destreza y agilidad difíciles de conjugar en una misma obra.

Fue esa misma voz que modernizó la escritura costumbrista norpeninsular e impulsó la Nueva Narrativa Gallega la que ahora nos atrapa e introduce en el universo del barrio, la calle, la culpa o la violencia de la primera parte del libro, El juego de la guerra y otros cuentos, que presenta una Galicia sofocante donde el sol acompaña y nubla la mente de los protagonistas. Es esa voz la que perfila el juego entre víctimas y verdugos que, de manera velada, se pacta a menudo en la etapa adolescente, la que habla del sadismo, del modo en que ejercemos la violencia o recibimos su impacto con la misma naturalidad con la que despertamos, desayunamos o nos cepillamos los dientes:

Ahora estoy en este colegio desde hace un año. Es primavera y no puedo salir. A lo mejor me dejan marchar en julio, pero todavía no lo sé. Ayer me llevaron a la sala de castigos. Dicen que en el recreo no puede andar uno solo paseando por el patio, que hay que jugar. Tampoco se puede andar de dos en dos. ¡La puta que los parió a todos! Yo quiero andar solo. A mí no me gusta jugar al fútbol ni al frontón ni al baloncesto. Me gusta jugar en el lavabo. Tampoco se puede, porque está también prohibido. Pero por las noches, cuando todos duermen, me levanto y voy a los lavabos y juego a la guerra. Durante el día cojo moscas, les arranco las alas y las guardo en una caja de cerillas. Por la noche meto las moscas en la pileta y abro el grifo, poquito a poco, muy despacito. Las moscan suben, huyen por la pileta arriba, pero yo las empujo para abajo con una pajita y se ahogan. Es la guerra.

Junto a otros episodios en los que se ejerce la violencia entre adultos (<<Ética, estética, dietética>>, <<Chulos, no>>, <<La casa de Epifanio>> o <<Crónica>>) o se analizan el sentimiento de culpa (<<Una patada en el culo del niño Tarsicio>>, <<Voy a quedarme ciego>>) y la soledad (“Espera larga al sol”), esta primera parte incluye también otra serie de relatos en torno al tema de un amor de juventud que nunca llega a olvidarse (<<El otro verano>>, <<La muchacha del circo>>) y que sumerge al protagonista en una de sus primeras experiencias melancólicas.

En la segunda parte del libro, Los oscuros sueños de Clío, Casares adopta un lenguaje más preciso y minucioso, paródico, plagado de detalles sobre personajes históricos gallegos a quienes el autor simula conocer a partir de estudios hallados en hemerotecas o bibliotecas. A caballo entre la realidad y la ficción, acerca al lector de Narrativa breve completa a un conjunto de narraciones con características cercanas a lo real-maravilloso. Casares abre la puerta de su universo fantástico gallego y reyes, caballeros normandos, espíritus, alquimistas, obispos, falsos santos y escritores salen al encuentro del asombrado lector.

En la tercera sección del libro, Relatos dispersos, donde el escritor introduce personajes tan variados como un pulpo gigante que rapta a un criado, un narrador indignado que critica a un ciclista cetrino  o un herrero que comienza a poner huevos y acaba convirtiéndose en un gallo, la atracción y el interés que despiertan los relatos de la parte inicial se difuminan, sobre todo en la parte central. En este sentido, aunque la obra constituya una muestra indispensable para conocer la narrativa de Carlos Casares, la selección resulta un tanto irregular y pierde intensidad en la ya citada Los oscuros sueños de Clío, donde la enumeración de personajes gallegos y de datos históricos invaden el espacio dedicado antes al desarrollo del perfil psicológico y la crueldad de los protagonistas.

De todas formas, la labor realizada por la editorial Libros del Silencio y por su tristemente desaparecido editor Gonzalo Canedo resulta admirable en su esfuerzo por reunir la narrativa completa traducida de Carlos Casares. Además, la obra presenta un corpus indispensable para conocer la capacidad del autor a la hora de hilvanar historias de temática y estilo tan diversos y, por supuesto, concede la oportunidad de acercarse a Juegos de la guerra, donde se demuestra un profundo conocimiento de la psique humana. Esta primera sección del libro incluye relatos breves e inolvidables que reflejan la maldad de la que el ser humano es capaz. Porque el ser humano encierra la posibilidad del mal y Casares no duda en destaparla. Libera los males de la Caja de Pandora en forma niños que juegan en el río y el lector, cómplice aterrado, presencia el acto con fruición. 

De la traducción de estos relatos se encargaron Carlos Casares y Xesús Rábade Paredes

domingo, 17 de febrero de 2013

Mircea Cărtărescu: Lulu

Idioma original: rumano
Título original: Travesti
Año de publicación: 1994
Valoración: imprescindible


Que nadie se fije en el título de este libro. Ni en el original (Travesti) ni en el que ha recibido la edición española (Lulu), no valen ninguno de los dos, pues cualquier cosa que nos inspire o que nos haga imaginar cualquiera de los títulos no tendrá nada que ver con la historia que se cuenta en este libro. O tal vez sea eso, precisamente, lo que pretende el autor: que iniciemos la lectura con una idea equivocada y así él pueda reventarla con la historia que realmente desea contar...

De cualquier manera, Lulu es un libro que no dejará indiferente a nadie. Es un texto extremo (o, como dice Carlos Pardo en su introducción, una "experiencia límite") y, por tanto, habrá quien lo adore y quien no lo soporte. Yo me incluyo en el primer grupo y no sólo puedo decir que ésta es una obra que me ha gustado, sino que la considero imprescindible en cualquier biblioteca y al mismo tiempo me arrepiento de haberla leído, porque voy a exigir a cualquier cosa escrita por Cărtărescu que lea a partir de ahora lo mismo que he experimentado en Lulu, y no sé si eso va a ser posible.

La historia que nos presenta Lulu es la de Victor, un adolescente solitario concentrado en leer y escribir, consciente de que un día sería escritor, de que escribiría la Gran Obra y de que, por tanto, estaba muy por encima de todo lo que parecía importar a sus compañeros de instituto (el sexo, el alcohol, fumar, drogarse, la música...). Claro que entre sus compañeros está Lulu, un chico que aparece y desaparece y que turba a nuestro protagonista hasta un punto que ni siquiera él puede soportar. Y también está el Victor adulto, un hombre de treinta y cuatro años, escritor conocido y respetado, que se ha encerrado a escribir qué pasó cuando tenía diecisiete años, qué hizo Lulu con él y por qué tiene que adentrarse en lo más profundo de su mente para descubrirlo y poder ser libre.

Por tanto, podemos decir que Lulu es, en realidad, un viaje a las profundidades de uno mismo, una experiencia en la que (como dijo Giorgio Manganelli en La ciénaga definitiva) uno sabe cómo entrar pero de la que no todos consiguen salir. Y Cărtărescu logra entrar y logra salir, y nos ofrece al final una obra tan onírica como realista, desasosegante, imaginativa y brutal, con una prosa absolutamente medida en cada término y cada giro, pero al mismo tiempo salvaje y sucia, que dibuja un texto en el que todo es posible y que obliga, en ocasiones, a releer para poder estar seguros de que no se nos ha pasado nada.

Y es que Lulu es también el retrato de una obsesión, del malditismo adolescente, de la aceptación de la madurez y de todo aquello que nos angustia cuando nos quedamos solos y no tenemos más remedio que enfrentarnos a lo que somos.




También de Mircea Cărtărescu: Nostalgia.

sábado, 16 de febrero de 2013

Joan Didion: Noches azules

Idioma original: inglés
Título original: Blue Nights
Fecha de publicación: 2012
Valoración: recomendable

En ciertas latitudes hay un lapso de tiempo, al acercarse el solsticio de verano y los días posteriores, unas semanas como mucho, en que los crepúsculos se vuelven largos y azules. […] Pasas por delante de una ventana, paseas hacia Central Park y te encuentras bañada en el color azul: la luz en sí es azul, y al cabo de una hora más o menos este azul se acentúa, se intensifica aun mientras se oscurece y se apaga y se aproxima finalmente al azul del cristal en un día despejado en Chartres, o al de la radiación de Cherenkov que emiten las varas de combustible de las piscinas de los reactores nucleares. Los franceses llaman a esta hora del día <<l’heure bleue>>. Nosotros la llamamos <<el crepúsculo>>. La misma palabra  <<crepúsculo>> reverbera, despierta ecos –crepitación, crescendo, corpúsculo, crisálida-, lleva en sus consonantes las imágenes de persianas que se cierran, de jardines que se oscurecen, de ríos flanqueados de hierba que se deslizan entre las sombras.

Del mismo modo se desliza Joan Didion (Sacramento, 1934), entre las sombras. Como si mostrando la fragilidad, describiendo su miedo a levantarse de una silla plegable en un local de ensayos de la calle Cuarenta y dos Oeste, o hablándonos del dolor, de la duda, de las consecuencias derivadas del proceso de adopción de su hija Quintana, del sentimiento de culpabilidad ante la preocupación de no haber sido una buena madre, esta mujer pudiera recomponer su mundo o, al menos, habitarlo. Pero, ¿cómo recomponer tu mundo cuando tu hija muere dos años después de que lo hiciera tu marido? ¿Cómo levantarse cada día cuando los recuerdos son las cosas que ya no quieres recordar?

Abatida Didion. Sombría. Temerosa Didion. Porque aunque siempre pensemos que las desgracias, las emergencias o los accidentes les ocurren sólo a los demás, un día estamos enfrascados en vestir bien, en seguir las noticias, en mantenernos al día, en bregar, en lo que podríamos llamar seguir vivos; y al día siguiente dejamos de estarlo. […] Sentados en salas de espera gélidas intentando decidir el nombre y el número de teléfono de la persona a quien quiero que avisen en caso de emergencia. Y es que, ingenuos, pensamos que la vejez, la pérdida o el dolor no nos son inherentes. Cándidos. Algo idéntico le ocurre a la novelista: La realidad es que no me he adaptado de ninguna manera a la vejez. La realidad es que he vivido toda mi vida sin creerme en serio que yo fuera a envejecer. Y, con el advenimiento de la debilidad, nos revolvemos.

Únicamente les cuento esta historia verdadera para demostrarles que puedo. Que mi fragilidad todavía no ha alcanzado el punto en que ya no puedo contar una historia verdadera, menciona en una ocasión la californiana en esta obra a caballo entre la crónica y la ficción publicada por la editorial Mondadori y traducida por Javier Calvo. Y lo demuestra con el mismo estilo claro, conciso y poético que ya destacara Izas en su reseña a Los que sueñan el sueño dorado. Con esa capacidad para hilvanar historias sobre mujeres californianas, hoteles, actores, y todo el acervo de celebridades que vemos también en Los que sueñan el sueño dorado y que le es propio.

Porque Didion es cadencia. Leve, posa su voz y, frágil pero certera, nos inicia en el viaje en el que despliega ese abanico de personajes que, como ella, ya han sufrido los estragos que causan la vejez y la llegada próxima de la muerte. Así como encontramos la belleza cuando describe de la luz azulada que desprende la radiación de Cherenkov, hallamos también la presencia de lo sublime cuando nos habla de lo siniestro, del paso del tiempo y la enfermedad. Porque Didion es talento. Lenguaje sutil, garra hundida en el diálogo con el lector. He ahí su fortaleza. Y si no, lean:

Durante las noches azules uno piensa que el día no se va a acabar nunca. A medida que las noches azules se acercan a su fin (y lo hacen, lo hacen siempre) uno experimenta un escalofrío literal, una visión de enfermedad, en el mismo momento de darse cuenta: la luz se está yendo, los días ya se están acortando, el verano se ha ido. Este libro se titula "Noches azules" porque en la época en que lo empecé a escribir sorprendí a mi mente volviéndose cada vez más hacia la enfermedad, hacia la muerte de las promesas, el acortamiento de los días, lo inevitable del apagamiento, la muerte de la luz. Las noches azules son lo contrario de la muerte de la luz, pero al mismo tiempo son su premonición.

viernes, 15 de febrero de 2013

John Williams: Stoner

Idioma original: Inglés
Título original: Stoner
Año de publicación: 1966
Traducción: Antonio Díez Fernández
Valoración: muy recomendable

Perlas escondidas: ¿el polo opuesto a ciertos placeres culpables? parece ser que Stoner es el típico libro de un autor de nombre muy anónimo (encima, coincidente con el célebre compositor de bandas sonoras para grandes clásicos) que pasaría desapercibido si una pequeña editorial no se decidiera a traducirlo y dejara fluir un poquito el boca-oreja. Bueno, que Vila-Matas o Fresán digan lo que dicen en la contraportada ayuda lo suyo. A partir de ahí, pues eso, el mito que crezca. Lo hicieron en Libros del Asteroide con Robertson Davies, por ejemplo.
Caso justificado, el de esta estupenda novela. Stoner, apellido de su protagonista, de nombre de pila William, que parece transitar por la vida como poniendo cruces en las casillas de las decisiones básicas de un ser humano. Crecer, estudiar, casarse, progresar modestamente en su profesión, enterrar a los ascendientes, cuidar de los descendientes. Como una especie de Bartleby a medio curar de su sociopatía y aislamiento auto-inducido, parece, o el narrador así lo hace ver, que William Stoner no desarrolle un sentimiento diferente que el sentido americano de inicios del siglo XX, el de la recta obligación hacia las cosas. Por el carril, sin desviarse un milímetro, con la excepción de algún tímido golpe, más bien un cambio de vías que otra cosa.
Decide estudiar literatura en vez de agricultura. Planta los ojos en una mujer y, a pesar de la diferencia social, la convierte en su esposa. Tiene una hija. Todo ello sin que se manifieste mayor finalidad que el instinto primitivo sin el mínimo matiz, que una especie de pertenencia gregaria que no puede ser puesta en duda. Algo que resulta fascinante para el lector. La composición del personaje por parte de John Williams es realmente muy notable. Ahí está la tozudez nociva, pero coherente, del David Lurie en  Desgracia  de Coetzee o, incluso, algo de la épica biográfica del Dunstan Ramsay de la Trilogía de Deptford del mencionado Robertson Davies. Todo presentado con una escritura eficaz y sólo puntualmente erudita. No, Stoner, porque hable de un hombre que sólo se apasiona y se compromete en profundidad con la literatura (los otros compromisos parecen surgir a resultas de las convenciones sociales), no es una novela metaliteraria. Es una suerte de biografía oscura en la que muchos pueden verse reflejados. Es esa especie de continua quema de etapas, de toma de temperatura de las distintas fases de la vida que uno lee, consciente de cual será el final, que deja tras de sí un halo de tristeza y una impronta de profundidad de las que sólo es capaz la mejor literatura.

jueves, 14 de febrero de 2013

Iban Zaldua: La patria de todos los vascos

Idioma original: euskera
Título original: Euskaldun guztion aberria
Año de publicación: 2008
Valoración: recomendable

De Iban Zaldua reseñamos hace no mucho Ese idioma raro y poderoso, su muy personal y entretenido panorama de la literatura vasca actual. Esta novela, La patria de todos los vascos, aunque de género diferente, comparte con aquel libro algunas inspiraciones e intereses comunes (el propio Zaldua ha calificado al ensayo como un spin-off de esta novela): esencialmente, también habla de decisiones, de las decisiones que un escritor -o un profesor universitario- vasco debe tomar con respecto a sí mismo y a la situación política del País Vasco, terrorismo incluido.

Joseba Anabitarte, el protagonista de La patria de todos los vascos, es precisamente una persona agobiada por esta necesidad constante de decidir y de tomar partido. Es un indeciso, un hamlet, y por qué no decirlo, un cobarde. Cuando le conviene, se dice preocupado por la posibilidad de convertirse en objetivo de ETA; cuando le conviene, se hace el indignado por la detenciones y torturas de miembros de la izquierda abertzale. Es incapaz de elegir entre la visión nacionalista y la no nacionalista de la historia vasca; es incapaz de escoger entre su mujer Arantza y su amante Zuriñe; así que, ante la presión añadida que supone la última ruptura del alto el fuego de ETA, decide escapar, salir del País Vasco e irse a pasar un semestre como profesor invitado en Anchorage (Alaska): un lugar tan lejano que nada ni nadie le recordará a "Euskadi, Euskal Herria o Vasconia".

Una vez en Anchorage, y mediado el texto, llega la parte más divertida de la novela, ya de por sí claramente satírica: el profesor Anabitarte, aburrido ante la perspectiva de explicar otra vez el aburrido canon de la literatura vasca (los Etxepare, Axular y demás), decide inventarse una historia alternativa, mítica, en la que los vascos van siempre un paso por delante del resto de las literaturas mundiales, escribiendo, por ejemplo, el original en euskera del Cantar de Roldán; adaptando y mejorando el género de la novela pastoril ibérica, o inventando, antes que Sartre y compañía, la novela existencialista. Cada vez más entusiasmado con su propia invención, Anabitarte recrea toda la historia del pueblo vasco hasta convertirlo en una de las potencias internacionales más injustamente olvidadas del mundo.

Aunque la novela tiene como decía un tono satírico y un aire de entretenimiento ligero (sobre todo en los diálogos, que intentan reflejar el estilo oral coloquial de los personajes), es evidente su intencionalidad política. Uno de los epígrafes del texto, una cita de Orwell, resumen la "tesis" del libro: "Todo nacionalista está obsesionado por la creencia de que el pasado puede ser alterado". En efecto, aunque las divagaciones del profesor Anabitarte llegan a ser ridículas por hiperbólicas, su método (la adaptación, selección o manipulación directa de la historia) es habitual en todos los nacionalismos, periféricos o no. Se trata, por lo tanto, de una reducción al absurdo efectiva para sus objetivos, y entretenida de leer al mismo tiempo.

En definitiva, un nuevo ejemplo de que Iban Zaldua es uno de los escritores más certeros y más interesantes de la actual literatura vasca, en euskera y/o castellano, con una postura crítica digna de ser tenida en cuenta.

También de Iban Zaldua: Ese idioma raro y poderoso, Biodiscografías

miércoles, 13 de febrero de 2013

Jonas Jonasson: El abuelo que saltó por la ventana y se largó

Idioma original: sueco
Título original: Hundraåringen som klev ut genom fönstret och försvann
Año de publicación: 2009
Valoración: está bien

Allan Karlsson vive en una residencia de ancianos y, a pesar de que es su cumpleaños y de que ha llegado en un envidiable estado de salud a la centena, no tiene ganas de "disfrutar" la fiesta que le están preparando. Así que, sin pensárselo dos veces, salta por la ventana y se dirige a la estación de autobuses. Allí un joven le pide que le guarde su maleta mientras entra al baño, pero Allan, consciente de que va a perder el autobús, si espera un par de minutos más, decide irse con ella y con los millones de coronas (pertenecientes a una peligrosa banda criminal) que lleva dentro.

Se inicia así una aventura en la que el joven del baño perseguirá a Allan y el dinero, la policía buscará al anciano por toda Suecia (creyendo que ha sido secuestrado) y éste hará los amigos más variopintos: un ladrón, una mujer que tiene un elefante, un vendedor ambulante de perritos calientes que se ha pasado media vida haciendo todo tipo de estudios universitarios... mientras repasa sus cien años de vida y las vivencias que ha tenido hasta entonces, que incluyen cenar con Franco (y comer la típica "paella andaluza". Ejem), hacerse amigo de Truman, ser deportado a Siberia por Stalin, tontear con la mujer de Mao y pasar años en Bali bebiendo combinados junto a un familiar de Albert Einstein, entre otras cosas.

Resumiendo, que lo que comienza como la historia de un anciano aburrido de su día a día se convierte en una novela de aventuras con grandes dosis de humor y en un repaso alternativo a los grandes acontecimientos históricos del último siglo. 

Y no estaría nada mal, si no fuese porque la segunda mitad del libro se hace excesívamente larga. Una vez que el lector conoce a todos los personajes y ya sabe que el bueno de Allan ha tenido que ver en el devenir de la historia más que cualquiera de los políticos con los que se encuentra, la acción se vuelve lenta y da la impresión de que el autor está intentando llenar páginas y páginas con las peripecias vividas por el anciano, pues no sabe muy bien cómo continuar la narración actual.

Al final, es verdad, Jonasson retoma los acontecimientos como debe y escribe un final correcto y no falto de humor (lo cual cuadra perfectamente con el resto de la obra), con lo que la historia se salva y el lector queda satisfecho. Pero ay, esas decenas de páginas centrales...



martes, 12 de febrero de 2013

Sobre / Contra la invisibilidad del traductor

En ULAD ya hemos tratado antes el tema de la traducción y la invisibilidad del traductor, en especial en esta metaentrada de Paula sobre la lectura de textos traducidos. Sin embargo, el tema volvió a plantearse, y de forma muy acalorada, después de que una lectora muy amablemente nos sugiriera que mencionáramos el nombre de los traductores de los libros que reseñamos. En la última semana hemos debatido bastante sobre el asunto, aunque me temo que no hemos llegado a una conclusión definitiva al respecto.

Conviene decir, para evitar dudas, que todos, absolutamente todos los que escribimos en ULAD reconocemos la labor de los traductores, su importancia como transmisores culturales, el carácter creativo y complejo de su trabajo y la escasa compensación que demasiadas veces obtienen por él, tanto a nivel económico como en forma de prestigio social o reconocimiento crítico. Varias de las personas que forman parte del equipo fijo de ULAD ejercen, han ejercido o aspiran a ejercer como traductores, de forma que estamos plenamente sensibilizados al respecto.

Sabemos también, a pesar de lo que decíamos en una de nuestras entradas iniciales ("¿Qué reseñamos?") que no existe eso que allí llamábamos "la obra en sí"; ninguno de nosotros es tan radicalmente platónico como para creer que existe un Hamlet perfecto, del que las ediciones y traducciones existentes son solo una pobre copia. Por eso, sabemos también, perfectamente, que la experiencia lectora puede ser muy diferente dependiendo de la traducción manejada (uno de nosotros recordaba, por ejemplo, una traducción de Rimbaud que rimaba "castillos" con "defectillos", y hasta donde sabemos el traductor no fue encarcelado).

También somos conscientes, como decía, de que nosotros mismos en el blog hemos contribuido o continuado esta invisibilidad del traductor de que hablaba antes, no mencionándolo en nuestras reseñas, tratando los textos como si los hubiéramos leído en el idioma original (lo que sucede a veces, pero no mayoritariamente, sospecho) y por lo tanto "naturalizando" esos textos traducidos como si hubieran sido escritos directamente en español; como si Kafka hubiera escrito La metamorfosis y no Die Verwandlung).

Ahora bien, una vez establecidas estas bases y entonado este mea culpa, nuestro debate es sobre todo de índole práctica. Porque este blog, efectivamente, y así lo dijimos en la metaentrada que mencionamos dos párrafos más arriba, no reseña una edición concreta o una traducción concreta, aunque obviamente el reseñista de turno casi siempre habrá leído una única versión del texto. Más bien, en este blog seguimos el uso común que consiste en referirse a los libros en abstracto, al margen de sus accidentes editoriales o traductológicos.

(Por ejemplo, podemos decir: "He leído Ana Karenina" o "No me gusta La Divina Comedia" sin necesidad de aclarar qué edición o traducción hemos manejado, y de hecho podremos discutir sobre Madame Bovary con personas que hayan leído una edición distinta a la nuestra, o que incluso hayan leído el original francés).

En definitiva, nos enfrentamos al siguiente dilema: cómo dar a los traductores el reconocimiento que creemos, que sabemos, que merecen, sin al mismo tiempo traicionar nuestra concepción y nuestra particularidad como blog. Y como decía al comienzo, no hemos llegado a ninguna conclusión. Más bien, como pasa en las cumbres internacionales sobre el clima, nos hemos tenido que contentar con una declaración de buenas intenciones.

Dicho en otras palabras: a partir de ahora intentaremos ser más cuidadosos en mencionar a los traductores de las obras que reseñamos, aunque la forma de hacerlo quedará a discreción del reseñista. En particular, cuando citemos frases o párrafos tomados de una traducción, nos comprometemos a hacer mención explícita de la traducción empleada. Esperamos contribuir así, aunque sea mínimamente, a la tan merecida y tan deseada visibilización del traductor.

lunes, 11 de febrero de 2013

Jesús Carrasco: Intemperie

Idioma original: Español
Año de publicación: 2013
Valoración: está bien

Así están las cosas. Para escribir esta reseña he necesitado realizar un ejercicio de abstracción de la realidad: Intemperie es una novela publicada a comienzos de 2013 de la que se lleva hablando desde septiembre de 2012, debido a su enorme éxito en la Feria de Frankfurt, cuando apenas era -suponemos- un texto en pruebas; más aún: solamente aquellos lectores que hayan estado de vacaciones en, por decir un sitio, Marte, no se habrán topado con alguna de las innumerables -y elogiosas- reseñas que sobre ella se han escrito durante las últimas semanas en periódicos, suplementos culturales, revistas especializadas y blogs. Esto ha provocado dos reacciones, de las que he sido testigo por diversas conversaciones privadas y, también, por los comentarios de algunas páginas web: están los que, por un lado, han aceptado sin remedio elevar a la categoría de obra maestra la novela, como proclaman entre fuegos artificiales una gran cantidad de críticos, y están los que, por otro, se han negado por principio a acercarse a un texto que, a la vista de la heroica campaña publicitaria llevada a cabo por la editorial, es necesario leer cueste lo que cueste. Nada más humano: cuanto más te repiten que tienes que hacer algo, menos quieres hacerlo. Es por esa facilidad para posicionarse ante la obra (incluso sin haberla leído) que, repito, creo necesario un ejercicio de abstracción para acercarse a ella de una forma objetiva, así que vamos a evitar los lugares comunes: primera novela del autor, 40 años, personajes arquetípicos, relato de supervivencia, vendida a tropecientas lenguas antes de su publicación, éxito rotundo, etc.

Al grano. La historia que cuenta Intemperie es la de un niño que huye de su pueblo por alguna razón y a quien persigue un siniestro personaje, el alguacil. En su huida, el niño se encontrará con un cabrero que lo acompañará y ayudará en la medida de sus posibilidades. La causa de la escapada del chaval forma parte de la intriga de la novela, pero tampoco demasiado, ya que el autor nos sugiere unos motivos en las primeras páginas que luego, en efecto, se concretan; tampoco el destino final del muchacho tiene misterio: hay varios momentos del texto en los que el autor nos adelanta un futuro que, previsiblemente, el lector no encontrará cuando cierre la obra. Así pues, la trama mantiene cierta tensión narrativa -sobre todo en dos capítulos, maravillosamente escritos, potentísimos-, pero sin llegar a ser significativa; lo que realmente destaca en esta novela es la prosa del autor, que ha sido capaz de construir, en doscientas páginas, una bestia literaria a medio camino entre un poema épico y un diccionario de términos del campo. No se enfaden: por ahí van los tiros.

La novela tiene, como digo, apenas 200 páginas y no es hasta la 95 que sucede algo (esto no es necesariamente malo, por supuesto: la ausencia de acontecimientos que hagan girar la trama, en muchos libros, permite al autor explorar otros caminos, darse a la reflexión, poner ideas en orden, etc.). Hasta entonces, Carrasco relata, con prosa impecable, diríamos perfecta, los primeros días de la huida del protagonista con una precisión obsesiva. En el término "precisión" está la clave. Carrasco es descriptivo hasta el agotamiento y hace gala de un repertorio infinito de términos perdidos en la memoria de nuestra lengua, por desuso o lejanía; durante las primeras páginas uno piensa que esta peculiar forma de narrar obedece a una lograda intentona de situar al lector en un ambiente, en una atmósfera concreta; pasadas esas primeras páginas, el lector comprende que no, que toda la novela seguirá en esa dirección, y que cualquier mínima acción (por inventarme algo: coger una manzana de un árbol) terminará negro sobre blanco en un par de páginas de minuciosa exposición (por seguir con el invento: la posición de los dedos, la postura del pie, el nombre de árbol y de los árboles de alrededor, el color de la manzana y el número de boquetes que tiene, las palabras exactas que definen cada una de las capas de su piel, los nudos de las ramas, las puntas de las hojas, y más). Es ahí donde Carrasco se excede, en mi opinión. Una cosa es la precisión y otra, distinta, regodearse. Y creo que el autor se regodea, atraviesa la línea que separa una prosa exquisita de una prosa exagerada, por momentos cansina: abusa de la descripción, de la terminología, de la yuxtaposición, del inventario. Como cuando enumera los distintos objetos que descansan en el altar cuando el cura oficia la misa; hombre, la metáfora ya estaba entendida: es innecesario que nos ponga en línea cada una de las herramientas (con la búsqueda, como sucede durante casi toda la lectura, de una serie de términos en el diccionario). O como cuando, en mítico párrafo, nos describe el proceso de atadura del aparejo del burro: casi una página demoledora, en términos de continuidad de lectura, para decirnos lo que ya sabíamos al comenzar ese párrafo: cargaron las cosas en el burro. Llega un momento en el que te lo ves venir y te entra miedo: da la impresión de que, si cada una de las tetillas de las cabras tuviera un nombre, Carrasco encontraría la forma de escribir todo un párrafo -resumido en "el cabrero ordeña la cabra"- en el que daría cuenta de esos nombres que, casi seguro, conocen él y Nemesio el del llano.

Carrasco escribe muy bien, seria absurdo decir lo contrario: marca el ritmo, enfatiza los acentos justos, sugiere y propone, lleva al lector de la mano, tiene enorme talento para componer imágenes y moverse en las maneras poéticas (para mí, la vena que más me ha gustado). Quizá repite algunos esquemas en ocasiones ("como Looconte...", "como Lázaro...", "como la mujer de Lot...", "como Jesús..."), hecho que llega a advertirse en una novela con esta extensión y en la que, como hemos dicho, todo la narración se sostiene, especialmente, en la prosa y su aparato lingüístico. También cae en construcciones inevitablemente redundantes, fruto de ese prolijo afán descriptivo (por ejemplo: "como un [objeto cualquiera] invertido...", fórmula que aparece varias veces). El español es una lengua rica, pero pareciera que al autor se le llega a quedar corta. Y es que, independientemente de que se pueda o no se pueda contar todo lo que hace un personaje, habría que pararse a pensar cuándo esa descripción es necesaria y cuándo no, si hablamos de perseguir unos objetivos narrativos. En el caso de Intemperie, son bastantes los episodios en los que me sobran explicaciones y me faltan emociones, a pesar de que al relato lo acompañe una imagen deslumbrante con sobrecarga poética.

Por todo esto he valorado la novela, de acuerdo con los criterios habituales del blog, con un tibio "está bien", quizá forzando la cuerda entre lo que el autor parece capaz de hacer y lo que ha llevado a cabo. Volviendo al primer párrafo, y ya enfrentando esta reseña al noventa y nueve por ciento de las reseñas que han aparecido en otros medios, debo decir que yo no he leído, o no he sabido leer, ese libro magistral y prácticamente definitivo que sí han leído otras personas. Sí que es un buen relato sobre la supervivencia y la solidaridad, pero no mucho más, y creo que la honestidad del autor no está en entredicho. Es una novela que está bien, sólida, que cuenta una historia interesante y que, durante páginas, se me hizo pesada de leer, por exceso y abuso; pesadez que se compensa con algunos momentos líricos particularmente brillantes, pero son destellos, hallazgos. Desde luego, que la comparen con Delibes me hace recordar lo que sentí la primera vez que leí Los santos inocentes y se me para el corazón: no es lo mismo. Porque, si bien ambos autores nos cuentan algo, Delibes además nos decía algo sobre la inocencia, la culpa, el dolor y el miedo en términos universales, sobre una España que abruma, sobre la muerte. No niego la capacidad de Carrasco para escribir una pieza semejante, pues apunta temas en los que ha rascado, un libro que se aferre a la memoria a pesar de las lecturas posteriores, pero, en mi opinión, esta ópera prima adolece justo de eso: ser el relato de una anécdota, interesante en su ejecución, técnicamente impresionante, por momentos lúcida, quizá fácilmente olvidable.