jueves, 31 de enero de 2013

Teju Cole: Ciudad abierta

Idioma original: inglés
Título original: Open city
Fecha de publicación: 2012
Valoración: muy recomendable

Premios, buenas clasificaciones en listas de fin de año (variadas, el mejor de los indicios) y aluvión de buenas críticas preceden a esta novela. La cuestión de las expectativas, y la existencia de un argumento tan extraño como poco convincente a priori: a veces no hay que limitarse a leer la solapa para decidir leer o no un libro.
Un psiquiatra de origen nigeriano (como su autor) se pasea por diversos emplazamientos de Nueva York (y, en unos cuantos capítulos, de Bruselas) con la única compañía de sus sensaciones y pensamientos, y las personas con las que coincide ocasionalmente. Cualquiera diría que vaya panorama: pues, lectores de ULAD, Teju Cole saca petróleo de una premisa tan sencilla. Porque escribe con un curioso sentido lírico (habla de árboles, de pájaros, de edificios y no se pone pesado con minuciosas descripciones llenas de detallismo, pero que no vienen al caso, como algunos) pero, a la vez, suena mundano, suena urbano, y ese caudal de pensamientos que surgen en sus andanzas no son, para nada, complicados soliloquios sin sentido. Julius, que así se llama el protagonista, piensa en sus vecinos, en sus amigos, en sus pacientes y en sus compañeros de trabajo. En su familia y en su pasado en Nigeria como mestizo, hijo de nigeriano y alemana. Piensa en medio de la soledad voluntaria del que pasea en una ciudad rodeado de inmensos edificios, pero no manifiesta angustia ni alienación.
Es difícil definir lo que Teju Cole consigue en esta falsa novela, sin trama central, pero con decenas de sub-tramas. Cuando Cole está hablando de no enterarse en meses que el vecino de al lado se ha muerto está enviando un mensaje muy claro; no se mete en camisas existencialistas de once varas sobre la soledad en medio del colectivo, la jungla del asfalto, y esas cosas que acaban con un tipo oscilando al borde de un andén de metro. Hace algo mucho más complicado, por el hecho de que sea sencillo. Habla tanto de tardes después de jornadas agotadoras de trabajo, como de procesos catárticos por el hecho de andar por calles y calles desconocidas, de aventurarse lejos de casa y ya veremos por dónde volvemos. Habla de sus orígenes en África y parece que el protagonista salga a la ciudad como saldría a campo abierto. Ahí está la ciudad abierta (curioso, el concepto se expresa en uno de los capítulos dedicados a Bruselas). Una extensión alrededor de la morada, donde un paisaje suple a otro, pero sigue siendo incierta e inhóspita.
Vaya: me he pasado yo, ahora, con el lirismo. Pero ése es el tono. Bueno, no exactamente. Ojalá yo fuera capaz de escribir como Cole. Que, sin forzarlo apenas, con el pretexto de ese deambular, acaba enlazando temas de sorprendente calado. Como estamos en Nueva York, claro, la herida del 11-S. La condición de afroamericano del protagonista y como la percibe en un mundo de blancos. La hermandad racial algo forzada. Mahler. La decadencia de Europa. El integrismo. El holocausto. Nigeria. Las menciones fluyen sin excesiva carga ideológica pero con sorprendente sentido común. Cada capítulo, un paseo con su vuelta a casa. Numerados, pero que, en otro contexto, podrían interpretarse como relatos de una colección. Pero no: es una novela de estructura tenue, pero con una línea común que le recorre el espinazo. Es un magnífico primer trabajo en largo de un autor al que, como todos los escritores noveles que reciben premios literarios en USA, puede acogerse con un cierto escepticismo inicial que, a la que lees diez páginas, desaparece para disfrutar en grande.

miércoles, 30 de enero de 2013

Colaboración: Dejad de lloriquear de Meredith Haaf


Idioma original: alemán
Título original: Heult doch: über eine Generation und ihre Luxusprobleme.
Traductor: Patricio Pron
Fecha de publicación: 2012
Valoración: recomendable

Últimamente pienso bastante en la pasividad que caracteriza a mi generación y, gracias a Dejad de lloriquear. Sobre una generación y sus problemas superfluos de la alemana Meredith Haaf (Múnich, 1983), he entendido mejor las causas que nos han llevado a la situación actual. La coautora del aclamado ensayo Wir Alphamädchen: Warum Feminismus das Leben schöner macht desarrolla un estudio minucioso e imprescindible en el que resalta la necesidad de que una actitud crítica prenda entre la generación de los nacidos en la década de los ochenta del siglo XX. Yonquis de la queja constante, presos de la abulia, asistimos al derrumbe del Estado del Bienestar, del mundo tal y como lo hemos conocido, sin mover un dedo. Miramos hacia otro lado y abrimos la pantalla del ordenador para –¿para?.

Mientras tanto, la realidad está ahí fuera. Las acciones se suceden, pero estamos tan ocupados en colgar un vídeo que muestra cómo un perro enseña a un cachorro a bajar las escaleras, que somos incapaces de tomar parte en ellas, enfrentarnos, criticar aquello que nos disgusta o intentar cambiarlo. Nosotros, los yonquis de los medios, bromea Haaf, A mi generación le basta con declarar en Facebook que «está hasta las narices», y eso porque, sólo con que un par de personas cliquen «Me gusta», todo queda arreglado, porque entre un click en “Me gusta” y la acción de compartir el último vídeo de japoneses locos olvidamos ser libres.

Con referencias Jonathan Franzen, Gilles Deleuze o Susan Sontag y haciendo uso de un lenguaje preciso y contundente, la joven Haaf expone mediante este excelente ensayo las causas que nos han arrastrado a la abolición de las utopías, la era del postoptimismo y han encendido en nosotros sentimientos como la inseguridad y la angustia.

Por último, cabe destacar que, a pesar del panorama desolador que describe al hablar de todos aquellos que, en el periodo comprendido entre la caída del Muro, la burbuja de los New Media y el 11 de septiembre de 2001 gozamos de una juventud dorada, esta historiadora y filósofa concluye con un mensaje que insta al lector a tomar las calles y recuperar la presencia en la vida pública: Está en nuestras manos el apartar la mirada de nosotros mismos, […] No lloriquear más sobre el hecho de que nunca podremos alcanzar el estatus de nuestros padres, y, en lugar de eso, deshacernos por completo de la idea de estatus. No quejarnos más del exceso de posibilidades, sino comprender simplemente que hay una vida y que ésta puede ser vivida a nuestro mejor saber y entender. Y sobre todo: no percibir nuestra libertad como una amenaza, sino como el don de ser capaces de hacer lo que queramos. 


Firma invitada: Uxue

martes, 29 de enero de 2013

Ramiro Pinilla: Sólo un muerto más

Idioma original: español
Año de publicación: 2009
Valoración: Recomendable

Da la impresión de que el universo narrativo de Ramiro Pinilla se cierra sobre sí mismo; como si Pinilla estuviera completando los asuntos pendientes dejados por su magnum opus que es Verdes valles, colinas rojas. En esa novela-trilogía casi bíblica se incluye ya, de hecho, en una píldora resumida, el argumento de esta Sólo un muerto más (así, con acento en "sólo"), que entonces todavía no había publicado, del mismo modo que se incluía también el argumento de otra novela anterior, Huesos. Y a su vez Sólo un muerto más menciona personajes y hechos incluidos en Verdes valles o La higuera...

Dentro de este mundo narrativo, Sólo un muerto más es una novela relativamente menor, lo que no quiere decir que no esté estupendamente escrita. Es, en realidad, un agradable divertimento que Ramiro Pinilla ha debido de disfrutar escribiendo, y que el lector disfruta leyendo. El argumento tiene  mucho de cervantino: un joven getxotarra (curiosamente llamado Sancho), después de leer demasiadas novelas de novela negra (Chandler y Hammett son sus ídolos) decide convertirse en investigador privado bajo el nombre de Samuel Esparta y resolver el misterioso crimen de los hermanos Altube (Eladio y Leonardo), cometido diez años antes: alguien, un asesino aún por descubrir, los encadenó a una roca de la playa con intención de que se ahogasen cuando subiese la marea; pero uno de ellos consiguió salvarse.

La novela tiene mucho de cervantino también por el choque entre la fantasía policiaca del protagonista y la cruda realidad en que vive (los falangistas que imponen su ley, el estraperlo, las carencias de la posguerra). Pero también por su carácter metaficcional: no solo el narrador sabe que está escribiendo una novela con todo lo que hace, dice y ve, sino que además le surge un competidor, el falangista poeta Luciano Aguirre, quien pretende construir una novela (épica y floreada) paralela y alternativa a la del narrador. El enfrentamiento final de ambos escritores, con sus narrativas contrapuestas pero con la pistola en la mano de solo uno de ellos, puede sin dificultad interpretarse como metonimia de la lucha por controlar el discurso de la historia en torno a la Guerra Civil.

Sólo un muerto más es una buena novela, que responde adecuadamente a su propio planteamiento y, a pesar de tratarse de una imitación paródica de un modelo (las novelas de detectives en este caso) no cae en el pastiche ni en la autocomplacencia pedante (como sí pasaba, en mi opinión, en Noir). Si tuviera que ponerle alguna pega sería, precisamente, que Pinilla se esfuerza demasiado, o de manera demasiado evidente, por coser y recoser las obras de su universo narrativo unas con otras: la aparición del protagonista de La higuera está tan traído por los pelos que parece que solo está ahí para mostrar que está; mientras que las interrelaciones de personajes y eventos con Verdes valles, colinas rojas son tantas que me pregunto si alguien que no haya leído la trilogía no se sentirá perdido en ocasiones.

Lo que está claro es que Ramiro Pinilla, que ya ronda los 90 años y muestra una creatividad envidiable, es uno de los escritores vascos más interesantes de este principio de siglo XXI (y del final del siglo XX), y que, probablemente, merecería un lugar más destacado en el canon literario español actual.

lunes, 28 de enero de 2013

Karmele Jaio: No soy yo

Idioma original: euskera
Título original: Ez naiz ni
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable


Karmele Jaio publicó su primer libro, Hamabost zauri, en 2004. A este conjunto de relatos (que consiguió muy buenas críticas y una asombrosamente buena respuesta del público) le siguió la novela Amaren eskuak (Las manos de mi madre, 2006), el libro de cuentos Zu bezain ahul (2007) y su segunda novela Musika airean (Música en el aire, 2009). Para continuar con esta alternancia (no sabemos si intencionada o accidental) entre cuento y novela, en 2012 ha visto publicado su tercer libro de relatos, titulado Ez naiz ni (No soy yo).

En esta ocasión, Jaio reúne doce narraciones cuyos protagonistas son hombres y mujeres que rozan los 40 años (o bien los han cumplido hace poco, o bien están a punto de hacerlo) y que se sienten insatisfechos con sus vidas. La autora evita –muy acertadamente, en mi opinión– hablar de la "crisis de los cuarenta", pero es innegable que ésta acecha a los personajes de este libro y que es la causante de que éstos actúen como lo hacen.

Así, nos encontramos en estos relatos a personas que quieren revivir el comienzo de su relación (que se ha vuelto rutinaria y aburrida), que buscan en la compra de una casa nueva o en la expectativa de celebrar un aniversario de forma especial una nueva ilusión por la que levantarse cada mañana, que se reencuentran con amigos de la juventud y descubren con tristeza que todo ha cambiado (y no como pensaban que iba a cambiar)... Son personas, en definitiva, que han llegado a un punto en sus vidas en el que (como bien dice el título del libro) ya no saben quiénes son: ¿son lo que siempre han sido o lo que la vida ha hecho de ellos?

Sin intentar responder a esta pregunta, Jaio deja que sus personajes le hagan frente como pueden y, para ello, construye doce relatos en los que una vez más se muestra como la buena narradora que es. Su prosa rápida y sus diálogos reales y verosímiles consiguen que el lector se sumerja enseguida en la lectura y que se sienta identificado (o identifique a algún conocido, tanto da), y empatice así con los personajes y las situaciones que la autora nos ofrece, mientras se nos descubre, de nuevo, como una de las mejores escritoras en euskera de la actualidad.


También de Karmele Jaio: Las manos de mi madreMúsica en el aireStop.

domingo, 27 de enero de 2013

Semana de literatura argentina: Alejandra Pizarnik: Diarios

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2003
Valoración: muy recomendable

No nos engañemos: quien abre un diario ajeno lo hace siempre movido por una cierta curiosidad morbosa —rayana, incluso, en el voyeurismo—. Espera encontrar confesiones íntimas, secretos inconfesables, debilidades secretas; es consciente de estar cometiendo, si no un delito, una falta grave. Sin embargo, con los diarios de los escritores —y lo mismo ocurre con su correspondencia— nuestra actitud cambia: los lectores nos creemos con todo el derecho del mundo a acceder a ellos.

Quien se acerque a los Diarios de Alejandra Pizarnik con la intención de desgranar la psique de la poeta, narradora y ensayista argentina estará cometiendo un error… y seguramente se lleve una decepción. Para empezar porque, como ocurre con todos los diarios de escritores —normalmente publicados póstumamente y en este caso, concretamente, treinta años después de la muerte de Pizarnik—, la encargada de organizarlos decidió eliminar muchos fragmentos (en teoría, para respetar «la intimidad de terceras personas nombradas, aún vivas» —y, supuestamente, también la de la propia diarista—). El prólogo de Ana Becciu no aclara demasiado las razones que la llevaron a omitir pasajes completos, aunque se echan en falta escritos de alto contenido sexual —lésbico— que nos consta que formaron parte de los diarios en un principio. Independientemente de sus motivos, es evidente que los diarios, en cuanto testimonio vital, le llegan al lector irremediablemente adulterados.

Pero en el caso que nos ocupa esto no importa demasiado, porque Alejandra Pizarnik no concibió estos diarios como unos cuadernos donde anotar impresiones y pensamientos cotidianos. Para ella fueron su cuaderno de trabajo: un espacio donde crear y reflexionar sobre lo creado para avanzar en la búsqueda de un lenguaje narrativo que se nutriera de su lenguaje poético. Son un testimonio, sí, pero de un aprendizaje: el «yo» de estos diarios sufre por su incapacidad para conjugar la escritura con la vida. Descubrimos a una creadora contradictoria (metódica y caótica; segura e insegura de sí misma) y a una lectora aguda y voraz —autores tan dispares como Machado, Mansfield, Casares, Heidegger, Nietzsche, Vallejo, Proust, Huidobro, James o Apollinaire pueblan sus páginas—, al tiempo que nos es revelado su gran proyecto/obsesión: escribir una novela.
Siento un libro dentro de mí. Un libro que me atraganta. Un libro que me obstruye la respiración. Y yo no permito que salga. ¡No! Pero ¿por qué?
La prosa poética de Pizarnik hace a estos Diarios merecedores de ocupar su propio lugar en la bibliografía de su autora, quien llegó a recopilar varios «resúmenes» para su publicación. Las imágenes superrealistas que protagonizan su poesía se combinan en sus diarios con una sintaxis rota, dolorosa. Mi recomendación: ir leyendo los fragmentos a poquitos. Mi advertencia: absorben, anegan hasta el aturdimiento.

sábado, 26 de enero de 2013

Semana de literatura argentina: Fabián Casas: Los lemmings y otros / Ocio

Idioma original: Español
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable

Fabián Casas, dice la solapa de estos dos libros, "momentáneamente no escribe más y se dedica sólo al kárate". Aparte, las contratapas elogian su estilo hablando de precisión. Y definen a Los lemmings  (lo hace Ignacio Echevarría, uno de los críticos más renombrados y estrictos del panorama de las letras en español) como instalado "en un territorio intermedio entre una colección de relatos, una novela en marcha y un volumen de memorias."
Lo cual, en su conjunto, me hace dudar algo. Nacido en el barrio bonaerense de Boedo (también llamado Almagro), al igual que los protagonistas de las historias, y con ese tono que oscila entre tres figuras, a saber, ingenua esperanza infantil, ligera perversidad adolescente y contundente pero algo sarcástica amargura post-adolescente, me da por pensar si Casas no habla casi siempre, al igual que hace Kiko Amat en su excelente Rompepistas, en un tono más cercano y confidente que el del puro papel del narrador que va tomando distintas personalidades según el relato. Si este Los lemmings y otros, y este Ocio, no necesariamente su complemento pero sí un valioso añadido, no constituyen un relato autobiográfico puro y duro parapetado tras biombos o distorsionado por un juego de espejos.
Son historias con una vocación unitaria no excesivamente manifiesta: los personajes saltan de un cuento a otro, de un libro a otro en circunstancias que resultan vagamente familiares, no hasta el punto de intentar ir hacia atrás en la lectura para ver si nos hemos perdido algo, simplemente para que vayamos asimilando que estamos ante una narración coral, pero que ese coro ni ensaya ni canta a la vez. Los relatos aquí parten de ese lugar común y de ese grupo de amigos que arrastran motes incluso cuando éstos han dejado de tener el mínimo sentido. De cómo les van las cosas y, en ciertos casos, cuáles son los destinos que les aguardan. Todo ello con un estilo cercano, urgente, algo atropellado. Casas escribe como el que va soltando ideas, de la cabeza a la mano y de ahí a la exposición pública. Los lemmings y otros tiene un marcado aire costumbrista. Sus historias parecen presenciarse desde ventanas y balcones y patios interiores de vecindario. Como el que mira escarceos infantiles o adolescentes con sexo, con drogas, con violencia, y piensa que por qué mal camino anda el vecino de enfrente. Ocio presenta mayor entidad como novela. Su protagonista escucha a los Beatles (concretamente, Abbey Road) y lee a Arlt (concretamente, El juguete rabioso). Está todo el día sin hacer nada pero acaba dando la impresión de que esa no es una tarea nada sencilla.
Ocio y Los lemmings y otros comparten algunas escenas en diferentes perspectivas, algún personaje, y también ese tono con tintes autobiográficos, con una dejadez nihilista cuya clave es difícil desentrañar. Hay positivismo agridulce, hay pesimismo resignado ante un futuro incierto contra el que nada se hace, que se traduce en un presente por el que simplemente se transita. Ese tono conquista al lector, aunque he de reconocer que el lenguaje, la jerga, cuando se cierra en banda, requiere algún esfuerzo. Aún así, los dos libros superan ese obstáculo. Estos no son relatos acomodaticios ni alegres; más bien su conjunto es una crónica algo sarcástica sobre la supervivencia cuando no se vive en entornos privilegiados. Los apartamentos son pequeños, los niños duermen en sofás que por la noche son camas, los padres reales y los padres postizos vienen y van, y la vida no sonríe a casi nadie. Familiar o no, es lo que hay. Fabián Casas, esté sentado en un banco contemplando a los demás, o se contemple a sí mismo, lo describe con fidelidad y honestidad. Esperemos que el kárate no se le dé demasiado bien.

viernes, 25 de enero de 2013

Semana de literatura argentina: La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1940
Valoración: Se deja leer

Jorge Luis Borges, amigo de Adolfo Bioy Casares, calificó de "perfecta" esta breve novela en el halagador prólogo que le hizo. Y aunque he de reconocer que son muchas las virtudes que le he encontrado a La invención de Morel, no puedo decir que me haya gustado ni que me parezca, ni mucho menos, una obra perfecta. Porque aunque bien escrita, llena de referencias, personajes y situaciones sugerentes, y un constante clima de misterio e intensidad emocional, su atmósfera pesadillesca e incoherente me ha impedido disfrutarla.

Alicia en el País de las Maravillas mezclado con el universo de Kafka y algo de Robinson Crusoe en mitad de un sueño de fiebre. Así puedo describir lo que me ha provocado La invención de Morel.

El argumento es el siguiente: un fugitivo de la justicia, del que no se sabe el nombre, acaba en una isla presuntamente desierta pero donde hay curiosas construcciones humanas como un peculiar museo, un acuario o una capilla, y unas intrigantes luces perennes. Sin embargo, el miedo y la locura se hacen con él cuando descubre que no está solo en la ínsula, ya que al poco de su llegada al lugar ve a unos turistas que también han recalado por allí. Y estos turistas se convierten en su gran amenaza: no quiere que le descubran pase lo que pase. Sin embargo, no puede evitar enamorarse como un poseso de una bella mujer que pertenece a este grupo de "invasores". Ella es Faustine, que le ignora por completo y cuyo amor le disputa, según sus ¿ensoñaciones? otro turista, un tal Morel.

Morel es el arquetipo de científico iluminado y está obsesionado con lograr la inmortalidad del alma. Y el fugitivo, cada vez más confuso por culpa de conversaciones que se repiten una y otra vez, invasores que aparecen y desaparecen, dos soles y dos lunas, y la sospecha de que tiene alucinaciones por culpa de cierta intoxicación de la que ha sido víctima, termina enloquecido y dirigido por una obsesión: lograr la inmortalidad y vivir para siempre junto a Faustine.

Suena demencial, ¿no?

De esta novela se han hecho análisis de todo tipo, se la ha considerado una obra repleta de metáforas, o un corto libro de ciencia-ficción, o una auténtica locura con elementos de realismo mágico. Los creadores de la serie Lost, Perdidos en España, reconocieron que se inspiraron en ella para tejer su trama, y bueno, tiene su propia adaptación al cine protagonizada por la bella Ana Karina. Incluso dicen que la tremebunda y desquiciante El año pasado en Marienbad, de Alain Resnais (quien firma esta reseña la vio en la cinemateca de París un verano en el que una ola de calor dejó varios muertos en la capital francesa) vibra con su turbia savia. Yo estoy de acuerdo.


jueves, 24 de enero de 2013

Semana de literatura argentina: Manuel Mújica Lainez: El escarabajo

Idioma original: español

Año de publicación: 1982

Valoración: Imprescindible



Ahora que el furor por la novela histórica, si bien sigue vigente, parece que ha decaído un poco, es el momento de revisar clásicos como Los idus de marzo o Memorias de Adriano, incluso algunos de este mismo autor, porque en ellos está todo lo que el veleidoso vaivén de las modas ha arrastrado hasta las playas actuales: escenarios decadentes, sucesos inmortalizados por la historia, amores, odios, asesinatos, traiciones, guerras, naufragios pero también episodios fantásticos que hacen palidecer a zombis, dráculas y otros especímenes que, por la forma en que han sido acogidos, cualquiera diría que acaban de inventarse. En Bomarzo, Mújica Lainez da voz, precisamente, a un zombi, un noble jorobado, ya fallecido, que ha heredado grandes riquezas pero también un lamentable aspecto físico y es el encargado de elaborar la crónica de su época, repleta de conjuras renacentistas. En El unicornio, es el hada Melusina – condenada a adoptar periódicamente el aspecto de una serpiente con alas de murciélago – quien narra las vicisitudes de los cruzados medievales. Como podéis comprobar, los aficionados a las grandes gestas, los mitos, las aventuras y los fenómenos sobrenaturales no van a echar nada de menos.

A cambio degustarán un lenguaje preciso, verdadera erudición – no consultada apresuradamente para completar un capítulo –, ironía a raudales, experiencia vital, curiosidad contagiosa y un torrente elocutivo que les arrastrará por épocas, reinados y pueblos. Esos elementos, y otros muchos, se encuentran también en El escarabajo, obra tardía aunque no por ello carente de los méritos de su obra anterior. En este caso quien habla tampoco es un común mortal sino un escarabajo. De lapislázuli, por más señas, eso lo deja muy claro y lo recuerda una y otra vez, ya que le llena de orgullo y lo considera una de los signos de su (alta) alcurnia. Nuestro héroe fue fabricado en Egipto, por un artesano de alto rango, para que sirviese de joya a Nefertari – esposa favorita de Ramses II –, y dotado de conciencia por un joven hechicero, hermano de este. La piedra será enterrada junto al sarcófago de la reina, robada en uno de los saqueos de tumbas y vuelta a robar muchas veces, pasará de mano en mano, se extraviará durante largos períodos; convertida en sortija, colgante o broche se venderá y regalará constantemente; pero, sobre todo, será testigo de trascendentales sucesos históricos, el asesinato de Julio César entre ellos, y nos envolverá en una sucesión de episodios en los que se irá dando cabida a espiritualidad, codicia, sexo, locura y demás rasgos que definen al hombre. A través de los siglos, veremos desfilar monarcas, obreros, ángeles, gitanos, artistas, prostitutas, gigolós, eruditos, innumerables dioses, viajeros ilustres, capitanes, ejércitos enteros, fenómenos de circo, aristócratas, estatuas parlantes y un sinfín de personalidades diversas.

En medio de toda esta barahúnda nuestro escarabajo no deja de reflexionar, transmitiendo al lector las observaciones, sentimientos y hasta vaticinios del propio novelista. “¿Morirán solo los que transitan por la vida como muertos, la vasta comparsa mecánica, las innúmeras figuras de fondo, y en cambio sobrevivirán, eternos y ubicuos, los que auténticamente vivieron?” Toda una declaración de vitalismo. Más envidiable aún si pensamos que fue hecha por alguien que estaba a punto de cumplir los 70.

Finalmente, el escarabajo se encuentra con un viejo colega, aquel a quien refirió toda su vida en los largos y aburridos años en que ambos hubieron de permanecer en el monótono fondo oceánico. La estatua de Poseidon reposaba junto a los restos del naufragio, más tarde llegó nuestro amigo, recién arrojado por la borda a manos del amante de turno de su nueva y aguerrida propietaria. Rescatados al mismo tiempo, no volverán a verse hasta que, ya en manos del autor de esta obra, le encuentre en una de las salas del museo arqueológico ateniense. Más tarde, alojado en el dedo de Mújica Lainez, le irá transmitiendo unos recuerdos que él, obedientemente, irá anotando y que finalizarán así, con la imagen del escritor arrastrando la pluma sobre las páginas que estamos leyendo.

miércoles, 23 de enero de 2013

Semana de literatura argentina: Jorge Luis Borges: El libro de arena

Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 1975
Valoración: recomendable

Ya se sabe que en la obra de Borges aparecen una y otra vez los mismos temas. En ocasiones varios relatos, poemas y ensayos giran en torno a una misma idea. En el caso de El libro de arena, escrito ya en una época tardía de su producción (es su penúltimo libro de relatos), encontramos varios cuentos que podrían entenderse casi como versiones de otros ya publicados. Así, por ejemplo, el que da título al libro trata de un volumen con infinitas páginas, infinitamente delgadas. Como en "El Aleph", todo el universo está contenido en las modestas proporciones de ese objeto; como en "La biblioteca de Babel" (Ficciones), esa infinitud hace cualquier orden imposible. Otro relato, "El disco", recupera de alguna manera el pequeño objeto imposible que aparece en un pasaje de "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" (Ficciones). Precisamente en este cuento puede verse también el germen de otro, "El Congreso": si el primero trata de un grupo de hombres que conspira para redactar una perfecta enciclopedia, en el segundo la meta de los conjurados es un congreso mundial.

Que conste que esto no supone en principio ningún reproche. Dejando de lado que casi siempre un autor tiene unos temas y obsesiones que le rondan a menudo, estas reiteraciones temáticas aportan nuevos matices a los textos originales y enriquecen su lectura. Aunque también es verdad que hay plasmaciones de un tema más conseguidas que otras. ("El Congreso", por ejemplo, me parece muy inferior a "Tlön...".) Con todo, hay en este libro al menos dos relatos que son verdaderamente únicos y, de hecho, una auténtica rareza en Borges. "Ulrica" es el único cuento que se centra en una relación amorosa, y uno de los poquísimos en que se insinúa el sexo. Los amantes se llaman Javier Otárola y Ulrica, y hay que añadir que en la lápida de la tumba de Borges, que hizo erigir su viuda, María Kodama, pone: "De Ulrica a Javier Otárola". Quizá sea el texto más personal al que se atrevió. O quizá no. Por último, "Utopía de un hombre que está cansado" es un cuento profundamente melancólico, con la rareza de estar ambientado en el futuro. El mundo desengañado que imagina vendría a ser lo más parecido a una obra de ciencia ficción. 

También de Borges: El hacedor, Antología de la literatura fantástica, Ficciones, Atlas, Otras inquisiciones, El Aleph, Historia universal de la infamia, Qué es el budismo, Siete noches, Historia de la eternidad, Autobiografía, Arte poética, El informe de Brodie, Fervor de Buenos Aires y Discusión.

martes, 22 de enero de 2013

Semana de literatura argentina: Andrés Neuman: Hacerse el muerto

Idioma de publicación: español
Año de publicación: 2011
Valoración: recomendable

Si este blog se llamara "Unautoraldía" pediría una segunda oportunidad con Neuman. Buscaría en la red recomendaciones variadas y elegiría una obra de la que estuviera seguro que es representativa. Así no tendría que mostrarme algo tibio, como resulta que me muestro ante Hacerse el muerto. O sea, me resistiría a valorar definitivamente a un autor de 35 años: prácticamente la infancia literaria hoy en día, por la impresión que ha dejado en mí este libro de relatos.

Porque este blog se llama "Unlibroaldía" y este libro desconcierta algo. Relatos de contenido mínimo, muchos de ellos sumamente breves, que apenas superan la barrera del apunte. O el suspiro, que diría alguien un poco más poético. Algún microrrelato y todo. Sin grandes complicaciones ni en su trama ni en su desarrollo, uno acaba con la sensación de que, a base de buen estilo, de pulir hasta el último detalle historias de apenas un par de páginas, todos seríamos capaces de escribir así, de escribir unas cuantas líneas sobre una situación.

Con algunas excepciones, los cuentos de Neuman son poco más que eso: situaciones. Pero curiosamente, cuando Neuman decide alargarse algo, como en Después de Elena, o Monólogo de Napoleón, surge como otro escritor, más rico, más elaborado (bueno, esto es lógico), y entonces me invade esa sensación de que acaso Neuman haya desperdiciado algunas buenas ideas por haberse esmerado (inadecuado, empeñado) en despojarlas de adornos y enseñarnos sólo un esbozo. Entiendo, entonces, que este libro Neuman lo ha publicado a consecuencia del éxito de libros anteriores. Como si hubiera llegado a ese (envidiado) status en que un editor te lo tolera casi todo. Estoy casi seguro que si este fuera su primer libro se le hubiera exigido eso: profundizar en esos relatos que por su brevedad vocacional acaban dejándonos con un palmo de narices, o hasta con un mohín de desaprobación. No alcanzo a entender, entonces, si eso le aporta cohesión al libro o se la resta. Sé que me ha gustado mucho cuando se ha extendido y me ha decepcionado cuando ha dejado ahí, como el que los abandona en plena calle, un par de párrafos, y los ha puesto, por lógica, a la altura de los otros.

En todo caso, me doy por citado formalmente para otra lectura de Neuman.

lunes, 21 de enero de 2013

Semana de literatura argentina: Roberto Arlt: El juguete rabioso

Idioma original: español
Año de publicación: 1926
Valoración: Muy recomendable

Roberto Arlt es, tengo la impresión, casi completamente desconocido en España fuera del ámbito literario, editorial o académico, pese a que autores tan relevantes como Cortázar, Piglia o César Aira reconocen su influencia. Quizás su mala suerte fue coincidir en el tiempo y en la misma ciudad con autores de la Jorge Luis Borges, de estética muy alejada de la suya y más influyentes en el panorama literario de la época. De hecho, es ya clásica en la historiografía literaria argentina la contraposición entre el grupo Boedo (de corte realista y social), al que pertenecería Arlt, y el grupo Florida o grupo "Martín Fierro" (vanguardista, esteticista y teóricamente vinculado a las élites socioeconómicas) al que pertenecería Borges.

Sea como sea, lo que encontramos en El juguete rabioso tiene efectivamente poco que ver con los relatos fantásticos borgianos, y mucho más con la tradición literaria hispánica: la picaresca, Cervantes, Galdós... El protagonista, Silvio Astier, vive en los suburbios de Buenos Aires en un entorno empobrecido y caótico; su vida cambia con un empacho de novelones sobre bandoleros andaluces, y se imagina que quiere ser un de ellos; así, cual Rinconete y Cortadillo, funda una sociedad de delincuentes a pequeña escala (el «Club de los Caballeros de la Media Noche»)que realiza pequeños hurtos, falsificaciones y sabotajes. Una vez disuelta la sociedad, Astier pasa a ser "mozo de muchos amos" (ayudante de un librero, aprendiz de ingeniero militar, vendedor ambulante de papel), con escenas que parecen directamente sacadas de una edición modernizada de El Buscón, hasta alcanza la "cumbre de toda su buena fortuna" cuando se le presenta la oportunidad de cometer un gran robo en la casa de un ingeniero.

El juguete rabioso es un libro sorprendente y desconcertante, en primer lugar por su capacidad para avanzar siempre, con una estructura narrativa abierta y en constante transformación genérica. También, por su estilo, a veces poético, a veces barroco, siempre cuidado, nada que ver con lo que tópicamente esperamos encontrar en una novela realista y social (claro que el "realismo social" como término crítico todavía no existía). "Baldía y fea como una rodilla desnuda es mi alma", dice por ejemplo el protagonista, que además de un ladrón también es un ávido lector de Baudelaire.

Porque, efectivamente, El juguete rabioso es un libro lleno de libros: la historia comienza, quijotescamente como decíamos, cuando el protagonista lee (alquilados) una serie de novelones sobre bandoleros; el último gran golpe del «Club de los Caballeros de la Media Noche» es un asalto a una biblioteca; el primer trabajo de Astier es como ayudante de un librero; el último, como vendedor ambulante de papel... Ya hemos hablado, además, de las referencias que pudieron servir de modelo a Arlt (con la picaresca y la novela cervantina a la cabeza), pero también pueden encontrarse en él los libros a los que más tarde servirá de modelo: las novelas torrenciales de César Aira, Los detectives salvajes y su "realismo visceral", las obras más realistas de Piglia como Plata quemada...

El título original que Arlt planeaba para su novela era La vida puerca; Ricardo Güiraldes, para quien Arlt trabajaba como secretario y ayudante en esa época, le aconsejó que lo cambiase al actual, El juguete rabioso. Creo que no hay duda de que el cambio fue adecuado...

domingo, 20 de enero de 2013

Laurent Garnier / David Brun-Lambert: Electroshock

Idioma original: francés
Título original: Electrochoc
Año de publicación: 2003
Valoración: recomendable a todos, imprescindible si te gusta la música electrónica

No abundan los buenos libros sobre música. Y los que son biográficos acostumbran, como se comentó aquí hace poco, a derivar en dos sentidos concretos: el del rendido fan que homenajea sin criterio ni contención y el del cronista morboso que se centra en los aspectos extramusicales y en toda la parafernalia anexa. Si ya reducimos el ámbito a la música electrónica, nos encontramos con buenas obras que son colecciones de artículos más o menos especializados, algunos en tono de ensayo, pero que no son aptos para una valoración literaria, pues tienen un tono técnico cercano al manual.
Laurent Garnier, para los profanos, fue un DJ de gran fama en el momento de eclosión de la música electrónica: de los primeros 90 a mediados de la primera década del milenio. Uno de esos DJ que, ebrio de fama y de promotores pagando fortunas por sets de cuatro o cinco horas en clubs exclusivos de todo el planeta, ascendió rápidamente a un status muy similar al de las grandes estrellas del rock. Su fama y su repercusión han remitido aunque sigue en activo, centrado más en una irregular carrera como músico.
Electroshock, escrito a medias con David Brun-Lambert (periodista, por lo que leo, afín a la escena y, supongo, ayudante en cuanto al estilo y estructura del libro) es un testimonio sobre ese ascenso fulgurante y, en cierta medida, un reconocimiento de que esos mejores momentos se han acabado y el fenómeno, omnipresente en las épocas descritas, ha pasado a un segundo plano, ha quedado limitado al hábitat natural de los discotecas, perdiendo la hegemonía ostentada.
Pues resulta que éste es un muy buen libro: bien escrito, narrado de una manera que acaba trascendiendo el que a uno le interese o no el tema tratado. En mi caso, no voy a negar que viví ese fenómeno en directo, con entusiasmo y dedicación. Y su decadencia y su actual crisis creativa y su restricción al ámbito de los clubes y los círculos experimentales. Seguramente ésa sea una clave del libro: Garnier antepone la música a todo. Las melodías, los ritmos, todo aquello que le emociona a él y piensa que emocionará a su público. Esa honestidad hace superar al libro la barrera del género, la limitación del tratado especializado, y, sin que sepamos en qué porcentaje atribuirlo a cada uno de los autores, nos hace vivir las experiencias de Garnier, su evolución, su excitación por triunfar con lo que le gustaba, su adaptación a que su afición se convierta en una profesión. Todas esas experiencias, ingenuamente narradas en algunos casos (con lo que uno se pone en esa envidiada piel del veinteañero que se convierte en millonario de la noche a la mañana haciendo lo que le gusta), Garnier, o Brun-Lambert, consiguen que las vivamos con fidelidad y empatía. Garnier no es un niñato subido a una cabina y delante de unos platos para encamarse con modelos: es un amante de la música de su tiempo obsesionado por transmitirla y difundirla. Un libro sobre música, con su correspondiente torrente de datos y referencias, ameno y entretenido como muy pocos.

sábado, 19 de enero de 2013

Enrique Vila-Matas: El mal de Montano

Idioma original: español
Año de publicación: 2002
Valoración: recomendable

Sé que entre los autores de este blog hay algunos que no son fans de Vila-Matas (cof, cof, Montuenga, cof, cof); pero yo me reafirmo en lo que dije hace tiempo en algún comentario: es uno de mis escritores españoles contemporáneos favoritos, junto con Javier Cercas. Claro que soy consciente de que lo es porque conecta con muchos de mis personales "fetichismos" literarios, que no tienen por qué gustarle a todo el mundo: la metaliteratura, la autoficción, los narradores no fiables, los juegos de planos narrativos... Quien prefiera una narración más tradicional, verse atrapado por la trama y empatizar con los personajes probablemente se verá decepcionado por, por lo menos, una buena parte de las obras de Vila-Matas, entre ellas esta.

Porque en realidad El mal de Montano es pura metaliteratura: se podría decir que es el resultado de un empacho de la lectura de diarios íntimos de diversos escritores. Un meta-diario que reflexiona sobre su propia condición de diario, se compara con otros diarios y los incluye, o que huye de sí mismo para mezclarse con otros géneros narrativos. Y todo ello aderezado con citas y anécdotas (¿reales? ¿ficticias? ¿adaptadas?) de escritores presentes y pasados, con especial predilección por Kafka, Musil o Robert Walser.

Dividida en cinco partes cada vez más enloquecidas, la novela habla de varios personajes obsesionados con los libros (ese es el mal de Montano: un exceso de literatura): el narrador, Rosario Girondo, escritor que aspira a convertirse en la "memoria viviente de la literatura"; su mujer, Rosa, que unas veces es una directora de cine, otras una agente literaria y otras una vagabunda en Budapest; o Tongoy, el hombre más feo del mundo, el Sancho Panza (o el antagonista) de Girondo. Y cómo no, Montano, el supuesto hijo del escritor-narrador en el primer capítulo, autor de un libro sobre escritores que dejaron de escribir (que se parece sospechosamente a Bartleby y compañía, del propio Vila-Matas), y que después dejó de escribir.

Aunque en realidad casi no podemos saber quién es quién, porque en El mal de Montano, con una estructura siempre en fuga, cada nuevo capítulo es una negación del anterior: lo que parecía verdad deja de serlo, los personajes ya no son los que creíamos que eran y el tipo de texto que estamos leyendo (novela corta, diccionario, diario, conferencia, sueño) ya no tiene nada que ver con el que estábamos leyendo hace un momento. En realidad, lo único central, lo único que se mantiene, es ese virus de la literatura que todo lo consume, y que en mayor o menor medida compartimos (y contagiamos alegremente) los amantes de los libros.

También de Vila-Matas: Dublinesca, Exploradores del abismo

viernes, 18 de enero de 2013

Colaboración: Aquí, de Wisława Szymborska

Idioma original: polaco
Título original: Tutaj
Traducción: Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano
Año de publicación: 2009
Valoración: muy recomendable

Decía Eduardo Mendoza a Jot Down que en Polonia los escritores son tan importantes como los futbolistas en España. Desde luego, escritores como Kapuscinski, Gombrowicz o Milosz merecen estadios llenos de lectores y clubs de fans entusiastas. Luego está Wisława Szymborska.

Wisława Szymborska fue, y esto es de Savater, primero la hija y luego el hada madrina poética de Polonia. En 1996, ganó el Premio Nobel de Literatura, uno de esos Nobel a poetas de lenguas minoritarias (por ejemplo, Tomas Tranströmer en 2011 o Yorgos Seferis en 1963) que ponen a trabajar a los traductores y las editoriales y nos permiten acceder a obras fantásticas.

Aquí es un libro que puedes leer en un par de horas (por ejemplo, en viaje de autobús entre Madrid y Salamanca), pero que no va a dejar de perseguirte hasta que vuelvas a leerlo, hasta conseguir desgastar sus poemas mucho tiempo después. Aquí es un libro de poesía que se puede tocar con las manos, de palabras sencillas, precisas y claras. Poesía llena de sentido del humor y comprensión, lúcida, tierna y generosa; de la realidad:

Y sé qué más estás pensando.
Guerras, guerras, guerras.
Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas.
Firmes- la gente es mala.
Descansen- la gente es buena.
A la voz de firmes se produce devastación.
A la voz de descansen se construyen casas sin descanso
y rápidamente se habitan.

Aunque parezca imposible, Wisława Szymborska tenía 86 años cuando escribió este libro de poesía. Una poesía narrativa al modo que puede ser narrativa la mejor fotografía. Una poesía capaz de congelar la intensidad y belleza de los momentos cruciales, o secretamente cruciales, con la mayor sencillez. Una poesía conectada con la poesía de Borges, Carver o Chejov (aunque lo de Chejov fueran cuentos y teatro). Una poesía para lectores, metalectores y no lectores. Una poesía para mejorar las tardes de domingo de invierno y volver del libro a la realidad algo más optimista. 

Firma invitada: Jorge Martín

También de Wislawa Szymborska: Dos puntos

jueves, 17 de enero de 2013

John Irving: El hotel New Hampshire

Idioma original: inglés
Título original: The Hotel New Hampshire
Fecha de publicación: 1981
Valoración: muy recomendable


Quien conozca un poco a John Irving sabrá que éste mantiene desde el comienzo de su carrera una estrecha relación con el cine, pues varias de sus novelas han sido adaptadas a la gran pantalla: Las normas de la casa de la sidra, El inolvidable Simon Birch –basada en Oración por Owen– o Door on the Floor –basada en A Window for One Year– e incluso ha publicado un ensayo autobiográfico en el que habla del tema (Mis líos con el cine).

Otra de las obras de Irving que ha dado el salto al séptimo arte ha sido El hotel New Hampshire, novela que cuenta la peculiar historia de la familia Berry: la historia de amor de Win y Mary (quienes se conocen trabajando en un hotel), su relación con el judío Freud (no confundir con Sigmund Freud) y el oso llamado Estado de Maine, la llegada de sus cinco hijos (Frank –el "raro" y remilgado–, Franny –la carismática–, John –el responsable–, Lilly –incapaz de crecer– y Egg –el eterno benjamín–), la muerte y "resurrección" de Patético (el perro), el primer hotel New Hampshire, la mudanza a Viena, el segundo oso y el segundo hotel New Hampshire, y el regreso a EE.UU. años después, donde el tercer hotel New Hampshire se erigirá como un refugio para curar las heridas acumuladas a lo largo de los años.

Narrada en primera persona por John, el hijo mediano de los Berry, la historia de El hotel New Hampshire se presenta como un cúmulo de acontecimientos –cada uno más fuera de lo normal que el anterior– en los que se alternan tragedia y comedia, y donde se aprende que no son los niños los únicos que sueñan, que siempre hay que mirar hacia adelante, que el más oscuro deseo puede ser aquello que nos salve la vida y que la peor de las experiencias puede ser superada.

Pero que nadie piense que ésta es una novela trágica con final feliz. Al menos, con final feliz al uso. El hotel New Hampshire es un lugar en el que cada personaje tiene que crecer (aunque no sea físicamente), encontrarse a sí mismo y descubrir su lugar en una familia tan caótica como lo es el mundo en el que vivimos, así como descubrir una manera de salir adelante y superar las adversidades sin acabar volviéndose completamente loco. Aunque para ello haya que tomar medidas poco convencionales y, en ocasiones, arrasar con todo.



miércoles, 16 de enero de 2013

Tamiki Hara: Flores de verano

Idioma original: japonés
Título original: Natsu no Hana
Año de publicación: 1947-1949
Valoración: Muy recomendable

Hemos reseñado ya, en este blog, varias obras que ofrecen testimonio del horror de los lager nazis (Primo Levi, Kertesz, Semprún) o de la batalla de Stalingrado, una de las más sangrientas de la historia; pero, hasta donde yo recuerdo, no habíamos reseñado aquí ningún testimonio de otra de las mayores atrocidades que nos dejó la Segunda Guerra Mundial: el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto de 1945. Eso es, precisamente, Flores de verano, de Tamiki Hara.

Tamiki Hara, antes del fatídico 6 de agosto de 1945, era un escritor solitario y poco conocido, formado en literatura rusa y protagonista de una vida desgraciada: había perdido a varios hermanos y a sus padres a edad relativamente temprana, y más tarde, ya en la edad adulta, a su mujer Sadae. Si su mujer no hubiera muerto, Tamiki Hara no habría vuelto a Hiroshima a la casa de su familia; si no hubiera vuelto, no habría sobrevivido a la bomba atómica y no habría podido dar testimonio de lo sucedido.  

Flores de verano se compone de tres textos (es difícil hablar de relatos): "Preludio a la aniquilación", "Flores de verano" y "De las ruinas", ordenados así en función de la cronología de los hechos, y no del orden en que fueron compuestos. "Preludio a la aniquilación" es una especie de paisaje de "paz en la guerra": en una Hiroshima relativamente a salvo de los bombardeos que asolan el resto de Japón, los personajes protagonistas intentan hacer su vida: trabajan, conviven, planean el futuro, sufren privaciones, evacuaciones, alarmas continuas; pero, dentro de lo que cabe, como dice un personaje, Hiroshima parecía el lugar más seguro de Japón hasta el 5 de agosto de 1945 (aunque un cierto aire de premonición de la fatalidad flota en todo el relato).

"Flores de verano" es el primer texto que Tamiki Hara escribió después de la catástrofe, ya en 1946. El relato se inicia con el momento del estallido de la bomba (en ese momento el escritor estaba en el retrete y eso, dice, le salvó la vida); a partir de ese momento, comienza a recorrer una Hiroshima arrasada y dantesca: hombres y mujeres desfigurados, cadáveres calcinados, esqueletos, restos humanos, rostros hinchados por las quemaduras, espaldas abrasadas... En ese mismo momento, el narrador comprende que debe dar testimonio de todo lo ocurrido, debe escribirlo para que no se olvide. "De las ruinas" continúa cronológicamente el relato anterior, y narra los días y meses siguientes a la bomba atómica: el entierro de los cadáveres, la búsqueda de familiares, las enfermedades que atacan a los supervivientes a causa de la radiación, el fin de la guerra, el esfuerzo por recuperar algún atisbo de normalidad.

Con textos como Flores de verano es difícil ser objetivo y analizarlos solo desde el punto de vista estético. ¿Es "Flores de verano" un relato sólidamente construido o técnicamente perfecto? Quizás no; pero a sus posibles carencias se sobrepone su intensidad como testimonio, su capacidad para transmitir vívidamente el horror de aquellos días, el sufrimiento y la angustia de los supervivientes, el caos de la aniquilación inmediata de toda una ciudad, la lenta agonía de quienes murieron a causa de la radiación.

Tamiki Hara, como Primo Levi, dio testimonio del horror para que no se olvidase y luego se quitó la vida. El 31 de marzo de 1951 se arrojó a las vías del tren en Tokyo. Su memoria se recuerda en Hiroshima con una placa conmemorativa con un fragmento de su último poema.

Nota final con moraleja para editoriales: compré este libro porque lo encontré en formato eBook a muy buen precio en una librería online. Si no, es probable que nunca lo hubiera comprado en papel. Y a buen entendedor...

martes, 15 de enero de 2013

Dave Eggers: Zeitoun

Idioma original: Inglés
Título original: Zeitoun
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable

Tantos escritores americanos, de tantas generaciones, pugnando por ese título que retienen los clásicos Pynchon, Roth, DeLillo, Ford, Auster, McCarthy. Leo que entre ellos despuntan, al lado de Franzen o del fallecido Foster Wallace, nombres como el de Dave Eggers. Y me entero de la temática del libro, el desastre del Katrina. Para los que hayáis seguido la excelente serie Treme del canal HBO, un atractivo adicional. Que actuaría como un mero complemento, pues esta novela, o mejor dicho, esta crónica novelizada, es suficiente por sí sola.
Abdulrahman Zeitoun es el nombre real de un contratista de obras de New Orleans. De origen sirio, casado con una ciudadadana norteamericana ya convertida al islam, su vida transcurre ajetreada por su trabajo y su familia: tiene cuatro hijos. Entonces, aparece el huracán Katrina. Envía a los suyos tierra adentro, a casa de familiares y se queda al mando de la suya y al cuidado de sus propiedades y al servicio de los clientes que puedan requerirle. Piensa que no va a ser para tanto, pero se equivoca.
Y Zeitoun se queda atrapado en la ciudad. Pero se siente un miembro de la comunidad y decide ayudar. Toma su canoa, una canoa que compró por una miseria, y ayuda a quien lo necesita, en la medida en que le es posible. Da de comer a animales que han sido abandonados, ayuda a ancianos que han quedado aislados, recorre las aguas que han inundado la zona en que vive, dispuesto a echar una mano, mientras espera el momento de decirle a su familia que ya es para ellos seguro que vuelvan. En medio del caos generado por las inundaciones, Zeitoun es detenido por una patrulla, junto a otros tres hombres. Como conserva su acento árabe y la zona está llena de asaltadores, es detenido y confinado en una especie de prisión provisional donde, sin permitírsele contactar en su familia, se le acusa de pertenecer a Al Qaeda. Así permanecerá unas tres semanas.
Zeitoun es una crónica precisa de este período: desde el momento cotidiano en que las emisoras empiezan a advertir de la proximidad del huracán hasta que es liberado. Escrita en un tono amable y esquivando la crítica corrosiva. Hay algo que convierte a este libro en memorable, pero lo aleja de la condición de obra maestra. Eggers describe todo con una fidelidad y una efectividad encomiables, pero se queda algo lejos de la denuncia abierta, de la búsqueda del escándalo. Muestra los agujeros del sistema, de un sistema de emergencias capaz de montar una cárcel en cinco días mientras los afectados permanecen esperando ayuda, esperando comida y mantas.
La historia es interesante, con el grado justo de emotividad para sentirse indignado por la travesía por la desgracia que esas tres semanas representan para un hombre justo e inocente. La progresión, su separación en capítulos, parece un indicador de que vamos a llegar a un final desbocado, a una especie de fanfarria final del hombre contra el sistema que lo ha humillado sin motivo ni compensación alguna. Pero eso no acaba de suceder. Eggers parece evitar mostrarse demasiado crítico, parece amagar el golpe, y la sensación final es la de encontrarnos más ante una entretenida y correcta crónica con final feliz que ante una puesta en duda del sistema. Buen libro, pero una ocasión desperdiciada.

lunes, 14 de enero de 2013

Juan Mayorga: El jardín quemado

Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 2001
Valoración: muy recomendable

Juan Mayorga es probablemente el dramaturgo español contemporáneo más representado y traducido. Es autor de piezas como Himmelweg, La tortuga de Darwin, La paz perpetua o Cartas de amor a Stalin, y ha adaptado numerosas obras del repertorio más clásico. Enseguida viene a Bilbao, sin ir más lejos, una versión suya de La vida es sueño. El jardín quemado es quizá una obra menor dentro de su trayectoria, pero también un drama eficaz y modesto que reúne algunas de sus características más propias.

La pieza se sitúa en los años 70, en plena transición a la democracia. Benet, un joven psiquiatra recién salido de la facultad, desembarca en una isla indeterminada para descubrir la verdad que se esconde en el sanatorio de San Miguel. Sospecha que el hospital funcionó como presidio durante la Guerra civil, y que el director actual, el doctor Garay, es responsable de la muerte de un célebre poeta republicano y sus once compañeros de viaje. Decidido a desenmascarar a un cómplice de la represión franquista, interroga a los internos. Lo que va descubriendo, sin embargo, no es lo que esperaba, y en el proceso se derrumban las conclusiones morales que traía preparadas de antemano. 

Además de dramaturgo, Mayorga es profesor de Matemáticas y Doctor en Filosofía. Hizo su tesis sobre Walter Benjamin, algo que ilumina muchos de sus intereses dramáticos. La historia, tan presente en la obra del filósofo alemán,es un material apreciado por Mayorga. Pero esta no aparece nunca como una imagen estática que pudiéramos contemplar con horror o nostalgia, sino, siguiendo el método de Benjamin, como una constelación dialéctica que súbitamente nos ilumina y nos dice algo sobre nosotros mismos.

La lectura de la Guerra civil y la transición que ofrece El jardín quemado dista mucho de los discursos estereotipados que se suelen repetir. Mayorga sabe sintetizar en poquísimas escenas el ambiguo trasfondo de vivencias que condicionan las decisiones de los personajes, haciendo imposible cualquier juicio sumario, ya sea político o moral. En sus manos, la historia se convierte en arena para luchar contra nuestros propios prejuicios y sentir una dolorosa empatía con los derrotado. Contribuir a eso parece una de las tareas más dignas para el teatro actual.

domingo, 13 de enero de 2013

Joan Didion: Los que sueñan el sueño dorado

Idioma original: inglés
Año de publicación: 1966-1987
Valoración: recomendable




Joan Didion (ensayista y autora de ficción) ha sido considerada una de las mejores y más importantes cronistas del siglo XX. Aunque yo no estoy en posición de confirmar ni de rebatir tal afirmación, después de leer Los que sueñan el sueño dorado puedo decir que, sin duda, la suya es una voz a tener en cuenta.

Este volumen recoge numerosos artículos y ensayos escritos por Didion para diferentes medios de comunicación (y que aparecieron anteriormente en los libros Arrastrarse hacia Belén, El album blanco, Después de Henry, Salvador y Miami) a lo largo de veinte años. 
 
Aquí la autora habla de la vida en los años sesenta –en la que el mundo de la contracultura tiene un lugar especial–, de las desgracias ocurridas en El Salvador y la presencia –e influencia– de EE.UU. en la política de ese país, de la inmigración, del exilio, de Ronald Reagan, de John Wayne... pero también ofrece varias piezas autobiográficas en las que nos deja ver un poco de sí misma.

Joan Didion utiliza en sus escritos un estilo claro y conciso, sencillo pero no por eso poco trabajado, resultando ciertamente poético en numerosas ocasiones. Así, consigue que cada uno de sus artículos parezca una historia, un pequeño entrante de algo mayor que está por venir (habrá que leer sus obras de ficción, para ver si se cumplen las expectativas). Aunque no resulta tan ácida o tan crítica como otros cronistas, Didion aporta una visión del mundo realmente interesante, donde hasta el más pequeño detalle tiene importancia y nada parece pasar desapercibido.

sábado, 12 de enero de 2013

Gustave Flaubert: Madame Bovary

Idioma original: francés
Título original: Madame Bovary
Fecha de publicación: 1857
Valoración: Imprescindible

Nunca es fácil reseñar una novela que es considerada una obra maestra de la literatura universal, y más si se desea hacerlo sin revelar un impactante final que sería muy interesante analizar. Pero creo que ya es hora de que en este blog se escriba sobre una de las novelas decimonónicas más polémicas y revolucionarias de todos los tiempos: Madame Bovary.

Escrita por Gustave Flaubert (que tardó seis años en gestarla, en duras jornadas de trabajo que alcanzaron las doce horas), Madame Bovary se publicó por entregas en La Revue de Paris y pronto su autor y su editor tuvieron que enfrentarse a un proceso judicial acusados de inmoralidad. Y aunque ambos salieron bien parados del pleito, la sombra del escándalo ensombreció la novela durante muchos años hasta que finalmente fue reconocida como una gran obra.

¿Pero qué pasaba dentro de este libro que se armó tanto revuelo?

La novela contiene una historia de adulterio cuya protagonista absoluta es la inolvidable Emma, la fantasiosa, bella, rebelde y caprichosa hija de un granjero que se casa con un médico rural viudo llamado Charles Bovary.

Emma piensa que gracias a esta boda su vida dará un giro de ciento ochenta grados. Pero la apasionada madame Bovary enseguida descubre que la realidad no tiene nada que ver con sus ensoñaciones románticas y fastuosas, en cuya gestación han tenido mucho peso las novelas de amor y aventuras que lleva toda su adolescencia devorando. Su vida de casada resulta ser aburrida y poco excitante, y abandonado el espejismo del enamoramiento "salvavidas", su marido le parece un ser vulgar y bonachón hasta rozar la estupidez, sin ambiciones ni cualidades reseñables.

Ni siquiera el nacimiento de su hija Berthe, una niña a la que considera fea y en nada parecida a ella y a la que apenas hace caso, cambiará su gris perspectiva. Por eso no es de extrañar que la joven esposa y madre, la mujer más hermosa y elegante del pueblo donde reside, acabe buscando consuelo en dos amantes consecutivos: Rodolphe, el casanova oficial del lugar, y León, el melancólico ayudante del notario. El primero no cumplirá su promesa de fugarse con ella, y el segundo, de carácter más reservado, también terminará por decepcionar a la bella inconformista, que cada vez tratará con más desdén a su familia y gastará más y más dinero en toda clase de caprichos. Será su afición a las compras y a los préstamos lo que acabe precipitando a madame Bovary en los brazos de la tragedia...

En fin, el argumento de Madame Bovary contiene todos los componentes indispensables para atraer la atención del lector: belleza, infidelidad, rebeldía, sexo y violencia. Pero colocado en su contexto histórico, es natural que despertara tanta polémica. Con su libro, Flaubert desnudó hasta el sonrojo a la aparentemente irreprochable burguesía de su tiempo y engendró un nuevo tipo de heroína, una mujer joven y hermosa que lleva hasta el final sus más primarios instintos. No es de extrañar que a partir de ahí comenzara a utilizarse la palabra "bovarismo" para describir a personas insatisfechas porque llevan vidas que en el fondo no desean llevar. Y también hay que recordar que Flaubert dijo de sí mismo que él era madame Bovary, quizás para responder a los que demonizaban a la atrevida y mentirosa Emma y, por ende, a su creador.

Tengo ganas de leer La orgía perpetua, reflexiones de Mario Vargas Llosa sobre la novela. Y repito que, en mi opinión, Madame Bovary se trata de una obra imprescindible, cargada de intensidad, belleza y dolor, y con un estilo, una densidad psicológica y una calidad literaria imposibles de encontrar en la literatura contemporánea.

PD:  hay varias adaptaciones para el cine y la televisión, la mejor para mí, la protagonizada por Jennifer Jones. Y tengo la intención de leerme Anna Karenina y La Regenta para compararlas con Madame Bovary ya que las tres contienen personajes y argumentos parecidos.

viernes, 11 de enero de 2013

Juan Larrea: Versión Celeste

Idioma original: francés, en su mayoría
Año de publicación: varios
Valoración: imprescindible

Me resulta difícil hablar de Versión Celeste sin hablar de mí mismo. La poesía y la prosa de Juan Larrea me han acompañado durante muchos años, pero este libro en concreto, que reúne toda su obra poética, ha sido protagonista en algunos de los momentos más importantes que he vivido. Sergio Oiarzabal, gran poeta y amigo de varias de las personas que formamos este blog, tenía a Larrea como uno de los mayores creadores de todos los tiempos, y son incalculables las conversaciones que mantuvimos al hilo de sus poemas, sus reflexiones críticas y su teoría de la literatura: de ahí que pensar en Juan me lleve inevitablemente a pensar en Sergio; de ahí que, también, los pocos párrafos que pueda dedicar a Versión Celeste en esta entrada sean de antemano un intento pueril, pobre, de lo mucho que debería decirse sobre este libro, y también de lo mucho que yo podría decir. Pero no haberlo reseñado todavía es una falta que trataremos de enmendar con este primer acercamiento. 

Larrea nace en Bilbao en 1895. Se licencia en Letras en la Universidad de Deusto en 1915. Valora la posibilidad de ingresar en el seminario. Escribe poemas, viaja. Llega a Paris en 1923. Participa en la vida cultural y se relaciona con casi todos los grandes autores que, como él, llegaron a la capital francesa durante aquellos primeros años veinte. Conoce a Vallejo. Publica poemas en revistas, convive con la Generación del 27. Se traslada a Perú en 1930. En 1932 deja de escribir poesía y se dedica exclusivamente a la prosa. Sigue viajando. Acompaña a Picasso cuando Picasso comienza a pintar el "Guernica". Está con Buñuel durante la redacción de muchos de sus guiones. Vuelve a España solamente una vez después de la Guerra. Publica diversos libros. Muere en 1980.

La obra poética de Juan Larrea es difícil de situar y de ordenar: durante los años de redacción de la mayor parte de sus poemas, estos apenas fueron publicados en unas pocas revistas francesas y españolas, y en las dos famosas antologías que llevó a cabo Gerardo Diego en 1932 y 1934. Tenemos que esperar a 1934 para encontrar una primera edición de su libro Oscuro dominio, publicado en México con una tirada mínima; más de tres décadas después, en 1969, verá la luz Versione Celeste, edición italiana a cargo de Einaudi, y por fin, en 1970, Versión Celeste, en España. La edición que manejo habitualmente es la llevada a cabo por Miguel Nieto para Cátedra, de 1989, cuya portada ilustra esta entrada, y que recoge de manera excelente todos los poemas de Larrea. Su obra en prosa, formada principalmente por crítica de textos poéticos y de artes plásticas, estudios culturales diversos y análisis de la arqueología precolombina, se publicó de una forma más normalizada.

En cuanto al idioma original, es importante señalar que Larrea escribió casi todos sus poemas en francés (al contrario que su prosa, siempre en español). El propio Larrea, Gerardo Diego, Luis Felipe Vivanco, Carlos Barral y otros nombres necesarios de la literatura en nuestro país fueron los traductores. La razón por la que Larrea escribió la mayor parte de su obra poética en francés tiene que ver con el significado profundo que para él tenía la Poesía y las cualidades que, a su juicio, la definían.

Usando sus propias palabras, Larrea defiende la sacrosantidad de la poesía, su significancia espiritual. Para él, la poesía se diferencia de la literatura en la cualidad visionaria de aquella. Poesía es visión, videncia, profecía: escarba en el sentido del mundo y desvela la verdad profunda de las cosas. El poeta, por tanto, es un vidente, un profeta llamado a revelar todo aquello que la vida sugiere y, sin embargo, permanece oculto. Llega Larrea a este punto de iluminación a través de numerosas crisis de identidad, de una muy personal vivencia del sufrimiento y de una concepción del Lenguaje (con mayúsculas) entendido como religión, como único motor de la imaginación (que no fantasía) capaz de traducir la intimidad. Un juego de vasos comunicantes entre lo que sucede dentro de uno mismo y lo que sucede fuera.

En su búsqueda del "resplandor" que la visión poética ofrece, Larrea decide "expatriarse del Verbo" y escribir en francés, una lengua que conoce y habla notable pero no perfectamente, y de este modo intentar disgregar más fácilmente su propio sistema lingüístico (originalmente, el español), alcanzando así el punto exacto de distancia que considera necesario para romper los modelos gramaticales y, finalmente, proponer una poesía lúcida, mística, dominada por una fuerza superior al poeta.

Creacionista, ultraísta, surrealista... Larrea fue todo eso y mucho más. Adentrarse en Versión Celeste es un trabajo complejo, extenuante, porque sus poemas tienden al laberinto, a una sintaxis descompuesta que se vuelve a montar a ciegas, a la magia de la revelación: el verso provoca antes que en la mente un estallido en la mirada, como si el poeta jugase a las sombras y las luces. Y leído y releído al final del poema uno tiene la sensación de que hay muchas más líneas de las que pueden verse en esa página, y Larrea se queda siempre a varios metros de distancia, lejano, observando nuestra cara de asombro, como en aquel verso inolvidable que afirma:
vivir resulta el racimo imposible de alcanzar.
Para quienes deseen acercarse más a este personaje fundamental de la poesía española, recomiendo los trabajos de J.M. Díaz de Guereñu, David Bary, Robert Gurney o Félix Maraña, entre otros.

jueves, 10 de enero de 2013

Roberto Bolaño: Llamadas telefónicas

Idioma original: español
Año de publicación: 1997
Valoración: recomendable

Parece que, en novela, Bolaño no era dado a las medianías. Ya me disculpará más de uno porque cree una especie de cisma: era capaz de novelas geniales, pero también escribió más de una algo decepcionante. A pesar de su excelente estilo habitual, algunas novelas de su primera época distan de ser perfectas. Si he de mojarme, lo haré una sola vez: Amberes es tan absurda e intragable como genial e indispensable es Estrella distante. Entonces, una recopilación de narrativa corta, género que cultivó en tres libros que, curiosamente, no han sido reseñados aquí (aún: empiezo aquí y ahora a encargarme de ello) resulta adecuada para una valoración con ligeros tintes matemáticos. Por lógica, en estos catorce cuentos (divididos en tres bloques, cada uno titulado como el último relato que contiene), encontraremos al Bolaño irregular en todas sus guisas y niveles.

Lo primero que llama la atención, para los que ya hayan leído algunas de sus novelas, es la progresiva sensación de familiaridad. Parece que esos personajes sean los de otros libros, o lo son, quizás no los principales, sino aquellos que protagonizan interludios, menciones, episodios. Algunos personajes omnipresentes en la obra de Bolaño están aquí. Su alter ego preferido, Arturo Belano. El que detienen durante unos días en una prisión en Estrella distante. O Joanna Silvestri, la actriz porno.

El primer bloque nos muestra un par de excelentes cuentos del Bolaño metaliterario, soberbios en su desarrollo: Sensini es un relato perfecto de nostalgias y Henri Simon Leprince es un evocador y efectivo relato de resistencia. Como para compensar, un par de relatos de corte más experimental (menos clásico) se empeñan en usar personajes con uso de iniciales, y el resultado es confuso y fallido. La segunda parte abandona algo el estilo metaliterario: las historias están más desarrolladas y más dispersas temáticamente. El Bolaño encajador de puzzles aflora pujante en Detectives, que parece una especie de escena descartada en la configuración definitiva, también, de Estrella distante. Las historias se encastran en otras y no son pocas las situaciones que harían ganar puntos a sus novelas más débiles si se incluyeran en ellas. El tercer grupo de relatos tiene un tono más complejo, son textos casi biográficos de personajes variopintos, ambientados varios de ellos en los USA. Alguno de ellos excesivamente abigarrado, llegando a parecer una especie de versión comprimida y precipitada de una novela potencial. Estilo preciso, imaginación torrencial, ideas por doquier, pero no todas ellas resueltas de la mejor manera.

No hay duda, pues este libro se publicó en vida del autor, que hay una intención en la elección de los relatos y en su agrupación. Y, por tanto, este es un libro ejemplar para iniciarse en la narrativa corta de Bolaño, o incluso como aperitivo para toda su obra. Los sabores, las texturas más brillantes están ahí, justo al lado, como para hacer que resalten más, de algunos de sus errores.

miércoles, 9 de enero de 2013

Slavoj Zizek: En defensa de la intolerancia



Idioma original: alemán

Título original: Ein Plädoyer für die Intoleranz

Año de publicación: 1998

Valoración: Recomendable




De plena actualidad a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, este librito aborda, en menos de 130 páginas, cuestiones que aparecen en varias de las obras del autor. Zizek propone una nueva acepción del término política. Para él significa la asunción de voz y poder por parte de los excluidos hasta entonces (por ejemplo el demos de la antigua Grecia o el partido Solidaridad en la Polonia de los años 80). En contraposición, la postpolítica sería el discurso, tan extendido en las últimas décadas, que pretende que los conflictos ideológicos están ya superados con la finalidad de impedir que un nuevo grupo de silenciados pretendan hacerse con las riendas (lo que significaría el inicio de una nueva etapa política, según la terminología del autor). En nombre de esta distorsión (la afirmación genérica de que todo está en orden) se toleraría cualquier injusticia lo que generaría a veces explosiones aparentemente irracionales de violencia y que, en realidad, no serían sino la única forma de expresión de los que no tienen otro cauce.

La confusión deriva de que la postpolítica define la política como “el arte de lo posible” y según Zizek es “el arte de lo imposible”, justamente lo opuesto. Solo cuando se pretende transformar radicalmente algo que se considera inamovible – asegura – estaríamos haciendo política.

Por eso, desde su punto de vista , y sea quien sea la víctima, cualquier proteccionismo que no modifique las relaciones de poder sirve únicamente para mantener el status quo. Con esa estrategia, cada grupo continuará en el lugar de siempre mientras las supuestas medidas protectoras servirían para que, escudándose en atender sus justas reivindicaciones, nada cambie sustancialmente. Esta sería la astuta manera de superar la divisiones ideológicas haciendo creer a la opinión pública que llueve a gusto de todos, cuando lo que ocurre en realidad es que se están imponiendo, una vez más, los criterios del poder aunque disfrazándolos de objetividad científica. Según dice, los economistas y politólogos justifican así todos los desmanes económicos y consiguen convencer a la mayoría, aunque sea a regañadientes, de que están en posesión de la “única verdad”. Como ejemplo de este razonamiento, aporta el término “radical centre” (centro radical), término acuñado por Tony Blair para definir al partido laborista de la época. Lo que supone una incongruencia, ya que el centro es, precisamente, un concepto moderado, equidistante de radicalismos, cuya función es evitarlos posicionándose entre los extremismos de izquierda y derecha. Parece una forma muy burda de engañar a la opinión pública y, sin embargo, se consigue.

Siguiendo esa misma lógica, las posturas que tienen como objetivo la perpetuación del poder, la profundización de la brecha de las diferencias salariales y cualquier otro proyecto que sirva a los intereses de la gran economía se presentarían disfrazadas de eficacia.

Por otra parte, en el marco de la presente sociedad global, Zizek expone la controvertida afirmación de que el tolerante multiculturalismo actual no es más que una soterrada, astuta y diplomática forma de racismo. Afirma, además, que el reconocimiento de las diferencias culturales no hace sino esconder la verdadera y completa uniformidad que se ha extendido por el planeta y, de paso, desplazar la atención de la economía a la cultura. Y que sirve también como pretexto para tolerar conductas abusivas que se producen, – muchas veces desde el convencimiento más sincero –  apelando a la tradición.

Después de abordar asuntos de lo más diverso con argumentos, como mínimo, cuestionables, por ejemplo, su resuelta defensa de la clonación humana, realiza un (para mí) curioso análisis del tamagochi como función social y termina proclamando que la sociedad actual no ha dejado de ser represora aunque lo disimula valiéndose de argumentos científicos – como la locura – para condenar determinados actos. Algo parecido, sostiene, a lo que se acostumbraba en las sociedades soviéticas tachando de locos a los disidentes. Él aboga por el control de toda la sociedad mediante la colectivización de las decisiones económicas y por dejar de creer en la omnisciencia, inmutabilidad e inevitabilidad de las leyes del mercado.

Merece la pena revisar de vez en cuando nuestras certezas más arraigadas, lo que todo el mundo da por supuesto, Zizek es uno de esos autores que, aparte de la variedad de aspectos que analiza en sus obras y del rigor de algunos de sus análisis – por muy arbitrario que nos parezca a veces – posee la virtud de, cada vez que quiere, poner todo patas arriba.


También de Zizek: El fragil absoluto, Arte, ideologia y capitalismo

martes, 8 de enero de 2013

Joe Bageant: Crónicas de la América profunda

Idioma original: inglés
Título original: Deer Hunting with Jesus: Dispatches from America’s Class War
Año de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable

Joe Bageant (1946-2011) tuvo una vida, cuando menos, curiosa: nacido en Winchester (un pueblo perdido en el estado de Virginia, donde lo más interesante que se puede hacer es beber cerveza o ir de caza), participó en la guerra de Vietnam, volvió a EE.UU. convertido en un hippie y se dedicó a trabajar como periodista (tras haber probado suerte como músico o granjero) hasta que, poco después de haber comenzado el tercer milenio y cansado de la situación política y social que vive su país, decidió volver a su pueblo, abrir un blog y contar todo aquello que no podía contar en los medios para los que trabajaba. Y sí, su blog resultó ser un bombazo y en un par de años se convirtió en uno de los críticos más considerados de su país.

Bageant publicó dos libros (éste que hoy reseño y Rainbow Pie, además de una recopilación de sus artículos titulada Waltzing at the Doomsday Ball) en los que hace un pormenorizado análisis de la América profunda. Lo bueno de este autor es que no se limita a describir lo mal que está la situación actual o los pocos escrúpulos que tienen los tiburones de la banca, sino que toma como punto de partida su pueblo natal y la gente que vive en él, e intenta comprender las circunstancias que les hacen sufrir los palos de las reformas políticas (independientemente de que vengan dados por los republicanos o los demócratas) y que, sin embargo, no les hacen levantarse y luchar por sus derechos.

Como hizo Owen Jones en Chavs (aquí), Bageant denuncia que la clase media estadounidense esté desapareciendo y se esté convirtiendo en una alarmantemente grande clase baja (y que los afectados, además, estén convencidos de que la culpa es suya), que el estadounidense medio se mueva por una "absoluta fe" en su país, aunque no llegue a plantearse qué ocurre en éste o si realmente los que lo dirigen se preocupan por él y por sus derechos, qué trampa económica se esconde detrás de los parques de caravanas, por qué el sistema sanitario es cada vez peor y llega a menos gente o cuál es el origen del extremo (y, en ocasiones, peligroso) sentimiento religioso de sus conciudadanos.

Bageant, en definitiva, hace un pormenorizado estudio de las personas con las que se crió y denuncia su cada vez peor estilo de vida, sin dejar títere con cabeza: demócratas, republicanos, periodistas, políticos, currantes, negros, blancos... pues todos (en diferente medida, claro está) tienen una parte de responsabilidad en lo que ocurre en su país (y en el resto del mundo, por supuesto) y ya va siendo hora de que cada palo aguante su vela.