sábado, 31 de octubre de 2009

Tom Sharpe: Los Grope

Idioma original: inglés
Título original: The Gropes
Año de publicación: 2009
Valoración: Está bien

La familia Grope, una de las más antiguas de Inglaterra, fue fundada por Ursula Grope, la feísima criada de un convento, que un día encontró a un joven vikingo que se mareaba en el mar y había desertado. Como ningún otro invasor quería violarla y los hombres de la zona la consideraban demasiado fea para casarse con ella, decidió llevar al fornido nórdico a su cabaña y convertirlo en su marido. Así comenzó un feroz matriarcado en el que los hombres adoptan el apellido Grope y son anulados y utilizados únicamente para engendrar nuevas mujeres, que casi siempre resultan ser fornidas, feas y con un carácter insufrible. En los pocos casos en los que nace un niño, éste es ordenado sacerdote o enviado al mar.

A base de secuestrar a numerosos hombres y obligarlos a casarse con ellas (pues ninguno en su sano juicio haría tal cosa libremente), el matriarcado ha sobrevivido hasta el siglo XXI, momento en el que llega a la mansión Grope el joven Esmond Wiley, perteneciente a una familia más cursi y provinciana, que ha sido secuestrado por su tía Belinda, una Grope infiltrada en la sociedad burguesa, que pretende casarse con él y ser la nueva matriarca del clan. Y todo esto mientras el verdadero marido de Belinda está siendo investigado por actividades terroristas, el padre de Esmond ha desaparecido sin dejar rastro y la policía se plantea seriamente encerrar a su madre en un manicomio.

Como no podía ser de otra manera, Tom Sharpe nos presenta una novela donde la sociedad inglesa vuelve a ser ridiculizada y utilizada para protagonizar una divertidísima novela llena de enredos. A pesar de que el final resulta un poco soso, merece la pena leer este libro, donde el autor, que posee la merecida reputación de ser “el novelista más divertido de nuestros días” (The Times), demuestra que sigue estando en forma.

También de Tom Sharpe: Wilt.

viernes, 30 de octubre de 2009

Heidi James: Carbono

Idioma original: inglés
Título original: Carbon
Fecha de publicación: 2008
Valoración: Se deja leer

"Menudo personaje la Heidi James" es lo primero que me dije al ojear las portada y contraportada del extraño libro del que hoy escribo: Carbono. En la portada aparecía una mujer muy seria y de rasgos asiáticos sentada y tocada con alas de ángel negro o de alguna clase de insecto, quién sabe; y en la contraportada, estaban la cara y la (resumidísima) vida de la autora, la inglesa Heidi James, miembro de una nueva corriente literaria que aún no he investigado: los off-beat (o sea, que en cierto modo entroncan con los beat, digo yo...).

Carbono ha sido otro de mis descubrimientos bibliotequiles, tanto, que tengo el ¿honor? de ser el primer usuario de la biblioteca que frecuento que lo ha tomado en préstamo. Vamos, que el librín está nuevecito-nuevecito (atención enemigos de los ácaros de la novela decimonónica).

Lo que más me atrajo del libro en esta ocasión además de su lomo, seamos sinceros, fue su escaso número de páginas y su peculiar edición (porque se trata de un libro que parece un rectángulo al que algún literófago le ha cortado limpiamente un pedazo, dejándolo en forma de uno de esos pasteles llamados "relámpagos"). Pero la foto y la mini-bio de la autora también tenían lo suyo...

Heidi James, antítesis de su tocaya de los Alpes (sonrosada y feliz), es una morena de líneas afiladas y desafiantes estilo Ali McGraw que ha estudiado la sádica técnica del ballet durante años, y que ha trabajado de todo, desde recepcionista de una dominatrix, hasta secretaria en una gran multinacional, su trabajo actual. Y también se dice que se ha "licenciado en el Soho", saquen ustedes sus propias conclusiones...

¿Y que de qué va Carbono? Pues la verdad, es que importa bastante poco...Quiero decir, que lo bueno que tiene este libro que se lee en un cuarto de tarde es que permite degustar el potente, desagradable, violento e hipermatizado estilo de su autora, que va de iconoclasta y que tampoco es eso...Cosas peores le he leído a Henry Trópicos Miller; cosas peores he visto en Trainspotting...

Pero no le quitemos mérito a la muchacha, ¿eh?, que su obra pulp posmoderna está repleta de sensaciones, olores, sabores, sexo, bofetadas, tacos, marginalidad y decadencia y asco. Carbono, ouh yeah, yeah...

Que los hombres estamos hechos de carbono y que apestamos podría ser la moraleja, aunque en realidad cuente (algo de) la historia de dos mujeres de la misma familia, Pearl y Patricia, unidas además de por la sangre, por ciertas joyas de dudoso origen. Y una trama tan sencillita y poco currada da para meter (capricho de la James) a una dominatrix que hace toda clase de aberraciones sexuales a hombres importantísimos a cambio de ingentes cantidades de dinero (e incluso promesas de matrimonio); a más de un pobre diablo; algo de lesbianismo; una pizca de alusión a las drogas, y la ambición de las clases sociales bajas por medrar...

Pero bueno, que si se lee este libro es para descubrir a la, como diría un amigo mío, person de Heidi James: toda una person...

jueves, 29 de octubre de 2009

Terry Pratchett: El color de la magia

Idioma original: inglés
Título original: The Colour of Magic
Fecha de publicación: 1983
Valoración: imprescindible

Terry Prachett es un prolífico autor de novelas que parodian el género fantástico medieval, y es buenísimo. Te ríes con los personajes, te ríes con las cosas que les pasan y te ríes con la composición del Mundisco, el universo creado por Pratchett.

Esta es la primera novela de la saga de ese universo. Nos muestra a la Gran Tortuga A'Tuin, que sostiene sobre su concha a los cuatro elefantes que soportan el peso del mundo, que está rodeado por una catarata y cubierto por una bóveda azulada. O al menos eso es lo que dice un grupo de filósofos. Otros, no.

Los tres personajes principales son un mago que no es mago, Rincewind, que estudió en la Universidad Invisible, pero le echaron y sólo conoce un hechizo. Pero es capaz de ver, como mago que debía haber sido, el aura mágica y el octarino, el octavo color, el de la magia, el más poderoso. Un tanto cobarde, y con el acérrimo deseo de tener una vida aburrida y tranquila, pero al que el Sino ha decidido dotar de todo lo contrario. Debido a una serie de circunstancias tiene que cuidar de Dosflores, funcionario del Imperio Ágata y que resulta ser el primer turista del Mundodisco, algo sumamente inédito. Ingenuo y confiado, extremadamente optimista y gracias al cual vamos conociendo el Mundodisco a través de sus experiencias.Y qué decir de su Equipaje, personaje con esencia propia, que tiene un montón de patas y el deber de seguir a su dueño adónde vaya, con muy mal genio, por cierto. Y unos dientes enormes.

Tiene un estilo sumamente personal, claro y muy, muy irónico, con esa agudeza sutil que te provoca carcajadas y el que le comentes a quien tienes al lado la última frase ingeniosa que has leído- muy a su pesar, a veces, jeje-. Le da la vuelta a las cosas, nada es lo que debiera ser. La espada del héroe es la valiente, el ingenuo sobrevive, la Muerte se desespera, un baúl sale corriendo, una cámara de fotos con un demonio dentro que hace pinturas, o un grupo de magos de alto nivel teme a un escupitajo.

Divertido, muy divertido, y bueno. Todo un universo de literatura hilarante.

miércoles, 28 de octubre de 2009

J. G. Ballard: Crash

Idioma original: Inglés
Título original: Crash
Año de publicación: 1973
Valoración: Recomendable y asquerosa al mismo tiempo

De J. G. Ballard ya hemos comentado un par de novelas antes en este blog, que entraban dentro del género de la ciencia-ficción catastrofista (en La sequía se acaba el agua; en El mundo de cristal, como su título indica, el mundo se vuelve de cristal). De hecho, me había planteado hacer una reseña de El mundo sumergido, que se incluye en esa serie (solo que esta vez, en lugar de una sequía, hay una inundación que sumerge todo el planeta), pero al final he pensado que mejor no, mejor hablar de esta otra, que es distinta a las demás, y que probablemente sea su novela más conocida gracias a la adaptación cinematográfica de David Cronenberg de 1996 (junto con El Imperio del Sol, adaptada por Spielberg, claro).

A la hora de valorar la novela, creo que es necesario utilizar los dos adjetivos: recomendable y repugnante: si buscas emociones fuertes, una novela que te sacuda y te haga sentir (asco, miedo, repulsión), entonces esta es tu novela; si buscas una lectura fácil, entretenida, divertida incluso para una tarde de domingo o un viaje en tren, vade retro. Porque Crash es, probablemente, junto con Cacheo de Dennis Cooper, la novela que más asco físico me ha producido (lo que no quita para que sea una buena novela, a su manera).

Los que conozcan la película ya tendrán una idea de cuál es el argumento: trata de las relaciones entre un grupo de personas obsesionadas con los accidentes de tráfico, y para quienes coches, choques y sexo están inseparablemente unidos. Aunque el narrador de la novela es un tal James Ballard (que por supuesto no hay que confundir con el autor), en realidad el centro de la historia es Robert Vaugham, un ser misterioso, manipulador y seductor, que dedica su vida a perseguir y provocar accidentes para filmarlos y correrse en/con ellos, porque le excitan sexualmente. Su mayor fantasía es provocar un accidente que acabe con la vida de Elizabeth Taylor -y con la suya al mismo tiempo-.

La novela es verdaderamente desasosegante por momentos. Las cicatrices, las heridas abiertas, las amputaciones, la sangre, conviven con el sexo, el deseo, el semen. La palabra semen está presente en casi cada página. Todo está lleno de semen: los cuerpos, los pantalones, el volante, el salpicadero, los muñones de los heridos, las manos y las caras de los protagonistas... Como la máquina es el elemento común de atracción y deseo, los conceptos de homosexualidad y heterosexualidad dejan de tener sentido (en la línea del feminismo ciborg). Las escenas de sexo y accidentes de tráfico se suceden, se entremezclan y componen en realidad la práctica totalidad de la novela. Seguir leyendo es por lo tanto un acto de voluntad, o incluso un acto más de perversión (voyeur en este caso), en el que el lector se ve atrapado como se ven atrapados los personajes.

Como digo, la experiencia lectora que ofrece Crash la ofrecen pocas novelas. Más allá de la brutalidad y el morbo, Ballard teje relaciones complejas, enfermizas, indestructibles, y un conjunto de imágenes tétricamente hermosas a pesar de todo.

martes, 27 de octubre de 2009

Franz Kafka: Un médico rural

Idioma original: alemán
Título original: Ein Landarzt
Fecha de publicación: 1919
Valoración: Imprescindible

Es sabido que Max Brod publicó póstumamente la mayor parte de la obra de Kafka contra la expresa voluntad de éste, que le había confiado sus manuscritos inéditos con el mandato de destruirlos. La desconfianza de Kafka hacia su propia obra era tal, que en una carta a Brod del 29 de noviembre de 1922 confesaba que, de todos sus escritos, sólo cinco libros tenían algún valor. Inmediatamente añadía: "no quiero decir con esto que tenga el deseo de que se impriman de nuevo y se transmitan a los tiempos venideros; al contrario, si se perdieran del todo, se cumpliría así mi auténtica voluntad" (fuente: "Kafka" en la Wikipedia alemana). Estos cinco libros eran La condena, El fogonero (que luego se convertiría en el primer capítulo de la novela inacabada América), La metamorfosis, En la colonia penitenciaria y Un médico rural, a los que se sumaba el relato "Un artista del hambre".

Afortunadamente, Max Brod no hizo el menor caso de las instrucciones recibidas, y publicó todo lo que encontró. Sin él no conoceríamos El proceso, El castillo o la Carta al padre, por ejemplo. No es aventurado pensar, sin embargo, que la influencia de Kafka sobre la literatura no hubiera sido menor si se hubieran conservado sólo esos cinco libros que no le desagradaban. En ellos está ya todo Kafka, y así lo supieron ver los pocos críticos que le reconocieron en vida. Entre ellos, Walter Benjamin. Hoy hablaremos de uno de estos libros: Un médico rural.

Es díficil decir cuál de los relatos de Kafka es más inquietante, pero desde luego el que da título a esta colección no estaría nada mal posicionado en esa carrera. Transcurre todo él como una pesadilla, es decir, con ese extraño sentido de lo que es al tiempo incomprensible y necesario. Un médico debe salir en mitad de la noche a visitar a un enfermo grave que vive lejos. No encuentra caballos para su coche, pero de pronto surge alguien de su pocilga y le da dos caballos, tomándose a cambio el derecho a hacer lo que quiera de Rosa, la criada del médico. El pueblo está lejos y es de noche y está nevado, pero el médico llega sin darse cuenta. El paciente no tiene fiebre y parece sano, pero una segunda revisión descubre una herida supurante y llena de gusanos. Todo ocurre así, como episodios de una contradicción irreal y constante. Esa atmósfera de pesadilla diluye la capacidad de asombro del lector, que empieza a aceptar, con la sumisión del protagonista, el terrible desenlace que se prepara.

Frente a esto, es todo un alivio leer "Preocupaciones de un padre de familia", donde se describe a Odradek, un afable ser animado que parece hecho de hilos. Nada puede haber de malo en una madeja parlante, dirá el lector. La última frase revela, sin embargo, el desconsuelo inevitable que despierta en todo humano la visión de Odradrek.

Un par de relatos comparten cierto parentesco: el celebérrimo "Ante la ley" (incorporado luego a El proceso), "Un mensaje imperial" y "Un viejo manuscrito". En el primero, ya se sabe, un campesino espera ante la puerta de la ley a que el guardián le deje pasar, pero esto no sucede nunca; en el segundo, el emperador envía un mensaje a un súbdito suyo desde el lecho de muerte, pero el mensajero nunca conseguirá salir del vasto palacio y, si sale, nunca podrá abandonar la capital. En cuanto a "Un viejo manuscrito", tengo la sospecha de que está de algún modo en la raíz de la novela Esperando a los bárbaros, de Coetzee. En el relato de Kafka, un ciudadano aterrorizado cuenta cómo los nómadas salvajes se han adueñado de la capital del imperio, y llegan a comerse viva una vaca frente a los mismos muros del palacio imperial. Nadie puede impedir sus desmanes, y menos que nadie el emperador, que les observa con melancolía desde una ventana. Creo que la novela de Coetzee parte de la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si ese relato no es más que la proyección de un miedo sin fundamento real? ¿Qué ocurriría si fuese el propio imperio quien alentara ese miedo a unos bárbaros que quizá no existan?

Haya o no motivos para esa filiación, lo cierto es que la versión de Coetzee es anti-kafkiana, porque el parentesco que une a los tres relatos mencionados es precisamente la creencia en la debilidad congénita del poder. El poder no puede engañarnos y manipularnos, porque es demasiado débil. Permanece alejado de nosotros de un modo cruel, sí, pero su ocultación no responde a una siniestra voluntad de dominio, sino a la acción de unas instancias intermedias. Nos deja abandonados a nuestra suerte, sí, pero no por indiferencia, sino por incapacidad. El emperador sabe de nosotros: nos busca en su lecho de muerte, nos mira desde la ventana, pero hay demasiadas barreras entre él y nosotros. La Ley mantiene una puerta destinada para cada uno, pero hay infinitos guardianes hostiles que nos impiden el paso. El poder impotente: ésta es la paradoja que revelan los tres relatos, y el núcleo mismo de la obra de Kafka.

Sin duda, son muchas las influencias que le llevaron a esta idea. No puede despreciarse su contexto histórico, claro: el Imperio Austro-húngaro. ¿Qué relación había entre Francisco José I y Kafka, miembro de la minoría judía, dentro de la minoría alemana, en la pequeña región checa del Imperio? Pero yo no puedo evitar pensar que hay cierto influjo de la teología gnóstica, aquella que confiesa un Dios bueno pero impotente, separado del hombre por una extensa jerarquía de malvados arcontes. Si Kafka tuvo acceso o no a esta teología, es algo que ignoro. Afortunadamente para sus lectores: lo mismo da.

También de Kafka: Carta al padre.

lunes, 26 de octubre de 2009

Markus Zusak: La ladrona de libros

Idioma original: inglés
Título original: The Book Thief
Año de publicación: 2007
Valoración: Recomendable

Como dice la contraportada de este libro, esta novela cuenta la historia de una niña, un acordeonista, algunos alemanes fanáticos, un boxeador judío y muchos robos. Pero nos quedaríamos cortos, si dejáramos la sinopsis ahí, porque este libro es algo más que eso.

Para empezar, es la muerte quien narra esta historia, y nos habla de cómo su protagonista, la pequeña Liesel Meminger, es dada en adopción a los nueve años a un matrimonio que vive en la calle Himmel (cielo). Nos habla de su padre adoptivo, un pintor de profesión y acordeonista de corazón que le enseña a leer; de su madre adoptiva, una mujer agria y malhablada pero de buen corazón; de Max, un joven judío al que esconderán en el sótano para que no caiga en manos del ejército nazi; de Rudy, el mejor amigo de Liesel, que la acompañará en sus aventuras y robos de libros y comida, mientras la guerra se convierte en un personaje más de la novela y los bombardeos, las sirenas y el hambre se vuelven omnipresentes.

Si bien hay muchísimas novelas ambientadas en la Alemania (o Francia, por ejemplo, cuya mejor obra, en mi opinión, nos la ha dejado Irène Némirovsky) de la Segunda Guerra Mundial, ésta es, sin duda, una de mis favoritas. Precisamente porque la guerra y las penalidades que trae consigo, aunque visibles, en ningún momento restan protagonismo a Liesel, la gente con la que la pequeña se relaciona o las palabras. Porque La ladrona de libros, ante todo y en contra de lo que pueda parecer en un principio, es una historia de palabras. Las que Liesel aprende a leer con su padre adoptivo, las que aparecen en los libros que roba o le regalan, y las que finalmente traza a escondidas, cuando se decide a contar su historia.

Una novela más que recomendable, realista y bien narrada, que nos recuerda que, a veces, las pequeñas historias acaban siendo las más grandes.

domingo, 25 de octubre de 2009

Confieso que he leído: Justine o los infortunios de la virtud del Marqués de Sade

Idioma original: francés
Título original: Justine, ou les malheurs de la vertu
Fecha de publicación: 1791
Valoración: atrévete a leerlo. No es para tanto

Decidiendo qué novela escoger para esta serie de autoflagelamiento literario casi no tuve ninguna duda. Al instante recordé al marqués de Sade y el haber leído libro y medio suyos. Esta reseña debía tratar un libro cuya lectura nos avergonzara reconocer por su escaso nivel literario, por haber sido un putruño para el cerebro y por, y a pesar de ello, habernos gustado, al menos lo suficiente como para haber leído el libro entero.

Y confieso que leí Justine palabra por palabra, hoja por hoja, hasta terminarlo. Y no sólo eso, reconfieso que además comencé, años después, otra de sus obras, Filosofía en el tocador. Eso sí, no pasé del cuarto de libro, y fue más que suficiente.

Supongo que con Justine depende del punto de vista con el que se lea el libro. Justine es una joven que ha decidido mantenerse en el camino de la virtud y no apartarse de él bajo ninguna circunstancia. Lástima que el destino le depare algo completamente distinto. Desde el principio se tiene que enfrentar a terribles situaciones de vejaciones, humillaciones y obligaciones que le apartan de ese camino. Pasa por varios lugares intentando encontrar algo bueno y recto y siempre se topa con lo contrario. Más o menos, este es el argumento central. Pero...

Al pensar en esta novela y en su autor lo primero que se suele venir a la cabeza es la idea de relatos de carácter sexual. Aberraciones sexuales que sufren o realizan sus protagonistas. Pero, lo que he visto al preparar esta reseña es algo diferente. En una sociedad como la francesa de finales del siglo XVIII, con una moral, digamos, relajada, una joven intenta seguir otro camino, presentándose este como extraño en el medio en el que se encuentra. Se dirige a varios lugares buscando reposo y bondad, y donde se supone que debe hallarlos, pero no es así. Ni los nobles de altísima alcurnia, ni los frailes, ni los alguaciles. Todos someten a las mujeres a las más profundas vejaciones. Quizá fue esto, más que las anécdotas sexuales en sí mismas, lo que escandalizó a la sociedad de su época. Es una crítica profunda al modo de vida pre y postrevolucionario.

El marqués de Sade perteneció a esa nobleza, participó activamente a favor de la Revolución, fue un autor de teatro de gran éxito y fue obligado a casarse con una noble a la que no amaba, y con lo que se excusaba para tener numerosas amantes. Pasó treinta años en la cárcel, y otros muchos en un manicomio, donde al final murió, a causa de algunos escándalos que protagonizó con prostitutas. Sin embargo, no es una vida con grandes escándalos o enormes perversiones, como podríamos creer. Gozó de visitas importantes hasta su muerte, y antes del encarcelamiento, medró en la carrera militar. Tiene publicadas numerosas obras, a pesar de la destrucción a la que fueron sometidas por su familia y por los mandatarios. Sus herederos aún tienen catorce obras de teatro inéditas. El estilo literario no es escaso en absoluto y no, no resulta ser un putruño para el cerebro.

Había elegido esta obra para reconocer que sí, que había leído de cabo a rabo todo lo que le ocurre a Justine. Y no es para tanto. Desde el punto de vista de crítica a la sociedad, es magnífico, aunque el estilo no es de gusto de todos. ¡Diantres, acabo de “desdemonizar” al demonio!

sábado, 24 de octubre de 2009

Confieso que he leído: Nacida inocente, de Gerald di Pego y Bernahardt J. Hurwood

Idioma original: inglés.
Título original: Born innocent
Fecha de publicación: 1976
Valoración: repugnante.

Christine Parker es una niña de catorce años maltratada por sus padres (él, muy violento; ella, alcohólica) que en varias ocasiones se ha escapado de casa.

En uno de sus intentos por desaparecer, sus padres la encuentran y deciden internarla en un reformatorio para que allá le impongan disciplina y, de ese modo, poder librarse de ella.

En aquel terrorífico lugar, Chris es maltratada, humillada, violada... perdiendo así toda su inocencia y sensibilidad.

Recuerdo haber leído este libro cuando tenía 14 o 15 años. Era verano, estaba de vacaciones y sólo tenía a mano la biblioteca de unos parientes, así que me guié por su recomendación. Supongo que pensaron que podía interesarme por ser la historia de una chica de mi edad...

El caso es que no se qué pensé al leer esta novela pero lo que recuerdo perfectamente es la fuerte impresión que me causó. Especialmente algunas escenas; como una espeluznante violación sobre la que me ahorraré los detalles (y no deja de ser curioso que después de 15 años aún los recuerde con tanta claridad).

Creo que éste es un libro básicamente morboso, que busca impresionar a los lectores y que al menos conmigo lo consiguió. Quizá no me produjera el mismo efeccto si lo leyera ahora (seguramente no) pero, desde luego, no me quedó ninguna gana de releerlo.

Hubo varias películas basadas en este libro y su continuación; todas ellas protagonizadas por Linda Blair (la niña de "El exorcista"). Gracias a Dios no he visto ninguna pero, al parecer, tanto ellas como los libros de esta serie fueron un tremendo éxito en los años 70.

viernes, 23 de octubre de 2009

Confieso que he leído: Caballo de Troya de J. J. Benítez

Idioma original: español
Fecha de publicación: desde 1984
Valoración: repugnante

Bueno, empecemos diciendo que esto es un auto-exorcismo en toda regla. O, si lo preferís, una de esas sesiones de "autocrítica" en las que un coro de ardientes estudiantes maoístas alentaba a algún enemigo de la revolución a reconocer públicamente sus culpas. Sólo que yo cuento esto por mi propia voluntad y vosotros no agitáis pequeños libros rojos en mi cara. (Aunque, quién sabe, puede que sí aparezca algún libraco azul...) Procedamos.

Lo confieso: me leí toda la serie de Caballo de Troya. Para quien no lo sepa, esta saga consta de ocho novelas, cada una de ellas de 400 páginas, cien arriba cien abajo, y es la obra magna de J. J. Benítez, periodista navarro que se hizo famoso en los años 70 y 80 por popularizar el fenómeno OVNI en España. Ya desde la primera entrega se utiliza el recurso del "manuscrito hallado". Así, J. J. Benítez cuenta cómo encuentra el diario inédito de un mayor estadounidense tras seguir un complicado juego de pistas (que, todo sea dicho, en sofisticación y esoterismo deja a Dan Brown a la altura del betún). El diario revela los pormenores de una misión de alto secreto denominada "Caballo de Troya", que consistió en saltar hacia atrás en el tiempo hasta la Palestina del año 30 de nuestra era. El objetivo del mayor y su compañero (Jasón y Eliseo son sus nombres en clave) era asistir a los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret, y levantar un testimonio científico y contrastado.

Esa primera novela, que termina después de la Resurrección, fue un gran éxito de ventas, así que le siguieron otras siete, y Benítez amenaza con una más. En la segunda se narran las apariciones de Jesús resucitado, en la tercera su infancia, en la cuarta su juventud, en la quinta otra vez apariciones, y en las restantes los prolegómenos a la vida pública y su inicio. Yo descubrí la saga cuando ya estaba escrita hasta la mitad, en 1996. Devoré los cuatro primeros tomos en edición de bolsillo y fui comprando los demás según iban saliendo. Incluso el sexto, ay, lo tengo firmado por J. J. Benítez y con una dedicatoria que dice "a Jaime, semilla de un mundo maravilloso". Bueno, y ahora viene la pregunta: ¿qué hay de malo en esto? ¿Por qué tengo que confesarlo como si se tratara de un oscuro pecado de adolescencia? Dicho brevemente, porque la saga de Caballo de Troya es de los productos literarios más deshonestos que me haya echado nunca a la cara.

Nada hay de malo en recrear una determinada época histórica como escenario de una ficción. Novelas históricas hay a raudales, y alguna muy buena. Tampoco hay nada malo en la coartada fantástica de los viajes en el tiempo. El problema es que no es eso lo que atrae al lector de Caballo de Troya. No es, desde luego, lo que me atrajo a mí. Si aguanté durante más de 3000 páginas el estilo de J. J. Benítez, que oscila entre la monotonía periodística, la chapa científica y el entusiasmo sentimental; si soporté las interminables descripciones de tecnología fantástica o de la flora y fauna palestinas, fue sólo por una razón: la figura central de los supuestos informes del mayor. Creo que no hay ningún otro motivo para leer estos libros que una cierta vinculación emocional hacia Jesús de Nazaret. Lo malo, por tanto, es que J. J. Benítez explota este vínculo a sabiendas, aprovechándolo para disimular su narración mediocre y para atribuir a Jesucristo los hechos y las palabras que a él le parece.

El mensaje de Jesús en la versión de J. J. Benítez, desde luego, tiene bien poco que ver con la ortodoxia cristiana. Se pone el hincapié en el Jesús más hippie y menos exigente. Se atenúan todos los elementos que escandalizan a nuestra conciencia posmoderna, se impregna todo de un difuso mensaje new age sobre la evolución espiritual del individuo y se dejan sentadas las bases para la ufología. ¿Os suena de algo? Sí, claro: J. J. Benítez ha sido acusado de plagiar al Libro de Urantia. (Juro que no es mi intención generar aquí ninguna controversia nueva, pero seguro que nuestro amigo David Carrera podría aclararnos si estas acusaciones son ciertas... Al fin y al cabo, sé que leerás esto: he dicho la palabra mágica.)

No contento con atribuirle a Jesús todas las sensiblerías esotéricas que le dio la gana, J. J. Benítez, además, ha jugado constantemente a ser ambiguo con estos libros, hablando siempre de "investigación". Esto ha sembrado no pocas dudas en espíritus receptivos, y yo mismo fui testigo, en aquella firma de libros, de cómo un lector le preguntaba si la historia era cierta. J. J. Benítez se limitó a mirarle a los ojos, sonreírle y decir: "Y a ti, ¿qué te dice tu corazón?" Por si alguien piensa que exagero, valga de muestra el artículo de Wikipedia sobre Caballo de Troya, que, en busca del consenso entre editores creyentes e incrédulos, sólo menciona la palabra "novela" en el título, abandonando el resto del texto a la ambigüedad.

Como os lo estaréis preguntando, respondo que no, yo no llegué a ese extremo: en todo momento fui consciente de que leía una obra de ficción. Lo que significa que acepto que el autor se tome todas las licencias que le corresponden. Sin embargo, no puedo evitar sentirme interpelado por la figura de Jesús, y me repugna que gente como J. J. Benítez manipule suciamente esa carga emocional. El problema no está en escribir una novela sobre Jesús, ni en erigirse en último intérprete de su mensaje (¡por uno más!), sino en mezclar ambas cosas, en hacer las dos sin admitir ninguna. El problema está en enriquecerse vendiendo enseñanzas pseudo-profundas a precio de saldo y no tener siquiera el coraje de decirlo abiertamente. Todo novelista es un farsante, diréis. Sí, pero uno que admite que lo es.

jueves, 22 de octubre de 2009

Confieso que he leído: unas cuantas de Michael Crichton

Idioma original: inglés
Título: Parque Jurásico 1, Parque Jurásico 2, Punto Crítico, La amenaza de Andrómeda, Esfera, El gran robo del tren...
Año de publicación: 1966-2007
Valoración: Se deja leer (haciendo una media)

En esta reseña de carácter inculpatorio, tengo que admitir lo primero de todo que me ha costado mucho decidirme por un título o un autor. Finalmente, me he quedado con Michael Crichton. Supongo que esta entrada es al mismo tiempo un tributo y un cierto reproche. Tributo porque fue uno de sus libros –Punto crítico– el que me aficionó definitivamente a la lectura. Hasta entonces, leer me parecía más una obligación que un deleite, intuyo que parte de la culpa la tenían algunas colecciones de literatura infantil y juvenil infumables. Sin embargo, Punto Crítico supuso para mí un punto de inflexión. El argumento relata todo el proceso de investigación de un accidente aéreo. A mis trece años, aquella historia me tuvo embelesado durante semanas y me animó a devorar otros títulos del mismo autor. Hasta aquí mi tributo y agradecimiento.

Sin embargo, después de leer tres o cuatro libros de Crichton me saturé y desarrollé una especie de alergia literaria a sus libros y a otros del mismo pelaje, libros en los que las estructuras que mantienen la tensión del lector son tan simples y tan evidentes que resultan, en determinados momentos, repugnantes. Por poner un ejemplo, generalmente predomina el recurso de elevar la tensión al final de cada capítulo dejando in albis al lector para obligarle a seguir leyendo. No dudo de que este recurso sea válido –evidentemente obliga al lector a seguir leyendo– pero usado en exceso resulta tremendamente machacón y aburrido.

En cualquier caso, hay obras de Michael Crichton que se salvan de la quema, pese a usar también machaconamente los métodos más simples para atraer la atención del lector. La obra que recuerdo con más cariño es una novelita breve El gran robo del tren (1975) cuyo argumento es básicamente el descrito en el título: las andanzas de unos ladrones muy ingeniosos que pretenden dar el golpe del siglo. Otro título interesante es El mundo perdido(1995), segunda parte de Parque Jurásico (1990), en mi opinión, mucho mejor que el primer libro, al contrario que ocurre con la adaptación cinematográfica.

Entre lo olvidable de Crichton, Esfera (1987) –fui incapaz de acabarla por aburrida– o Rescate en el tiempo (1999)–topicazo. De todas formas, qué duda cabe, hay que reconocerle a este autor una facilidad inmensa para escribir libros fácilmente adaptables al cine, grandes éxitos de ventas que incluso marcan una época, como es el caso de Parque Jurásico. No obstante, como lector, leído uno, leídos (casi) todos.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Confieso que he leído: Entrevista con el vampiro de Anne Rice

Título original: Interview with the vampire
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1976
Valoración: Se deja leer

No, hombre, no...Que confiese que he leído Entrevista con el vampiro no implica que deba sentirme obligado a catalogarlo como "Repugnante", tampoco es eso...Pobre Anne Rice, ella, tan trabajadora, hija de poeta, criatura de la apasionante Nueva Orleans; ella, con su saga de vampiros, su saga de brujas y su saga erótica-festiva (sólo le faltaron los licántropos...) a cuestas...

Anne Rice, cuya retoña desapareció en extrañas circunstancias, y a partir de ahí le dio por la Wicca, el esoterismo y demás mandangas goticunas que harían las delicias de las hijas de ZP (perdón, perdón, ¡pero no he podido resistirme!). Para que luego nos venga la sosa de Stephenie Meyer dándonos la lata con sus monstruitos mormones (aguardad, aguardad: ya me dedicaré a la Meyer otro día, jujujú...).

Leí este libro con doce años y me sentí la leche, porque para hacerlo dejé de lado a los tres investigadores de Alfred Hitchcok (nunca supe qué pintaba el petardo de él ahí) y los libros de "pasa la página", como los llamaban en mi colegio. Sí, sí, me sentí la leche porque Entrevista con el vampiro era un libro gordo y de algo "malo" además, casi tan malo como las pegatinas de Freddy Krueger que ponía en la carpeta para disgusto de mi madre. Pero qué inocente fui: aquello no era una inofensiva historia de vampiros al uso, con sus tétricos castillitos bajo perpetua tormenta eléctrica, acólitos jorobados, ajos y cruces, sino que estaba repleto de pasajes que supuraban sexualidad y extrañas desviaciones...

Porque la verdad es que Entrevista con el vampiro no es un libro para niños: Louis (Brad Pitt, para entendernos), el atormentado prota vampiril que cuenta su vida a un periodista, tiene, antes de que el vampi malote Lestat le transforme, una relación cuanto menos extraña con su hermano cura; y el malvado pero casi simpático Lestat (Tom Cruise pre-extraterrestres) tiene comportamientos raros-raros: descontando que se alimenta de sangre, a-d-o-r-a de una forma muy intensa a Louis y cuando se cabrea con él se busca otro "compañero" (no comment).

De todos modos, la verdadera reina de la función (le pese a quien le pese), es la pobre niña nosferatus Claudia, que luego nos quejamos de Lolita y de Brooke Shields, y ahí tenemos a una eterna nínfula chupasangres disfrazada como una muñeca de colección (de colección de kiosko, de esas que sólo compras la primera entrega porque está tirada de precio), pero toda una mujer en su interior.

Pero los mejores con diferencia en esta locura de trama que se inicia en Nueva Orleans y que finaliza en París, cuando Claudia y Louis se cargan a Lestat (o eso se creen ellos) y van en busca de más family chupóptera, son la cuadrilla de Antonio Banderas (aka el vampiro Armand), vampiros que se hacen pasar por actores que interpretan a vampiros (¡genial!).

En resumen, que me pieeerdooo...: el libro no es para niños, tiene muchos elementos bizarros que darían para varios monográficos, es pretencioso (porque quiere ir de existencialista, filosófico e intelectual, y mira, que cuando se trata de mordisquear muñecas, pues que se trata de mordisquear muñecas, no alucinemos) y tiene unos párrafos tan flipados... que bueno, hay que meterse muy-muy mucho en el mundillo de la Rice para aceptar todo lo que ahí dentro sucede.

Luego vinieron Lestat el vampiro (Lestat de rock-star, sin palabras), La reina de los condenados (la bella cantante Aaliyah murió tras interpretarla en el cine, ¡uuuuuhhhhh...!), y un par de libros más que no me leí: me quedé en trilogía.

Y a los que les he abierto el apetito con todo esto, contarles que también tienen sus libritos individuales otros vampiros con carisma (presuntamente) de Anne Rice, como Antonio Banderas (digo, Armand) o la misteriosa vampira romana Pandora (uno de los personajes que más curiosidad me despertaron).

Y ya está: creo que he dejado claro, y que casi todos sabrán, que de esto hay peli, una de esas extrañas muestras de que de un libro mediocre/malo se puede hacer una maravilla para la gran pantalla.

martes, 20 de octubre de 2009

Confieso que he leído: varias novelas de Danielle Steel, qué más da cuál, son todas iguales

Idioma original: inglés
Título: Pasión /Amor / Deseo... + Inmortal / Irresistible / Prohibido...
Año de publicación: 1973-2009
Valoración:
tan repugnante que es hasta divertido

Con Danielle Steel se puede hacer fácilmente lo que hace unos años hicieron, en plan sátira, con Shakespeare: recopilar sus Obras completas abreviadas, reduciendo sus más de 40 novelas a unos pocos párrafos. Sería algo así:

"Mujer Protagonista, inteligente, atractiva y fundamentalmente buena, conoce a Hombre Protagonista, guapísimo, inteligentísimo e inevitablemente neurocirujano o piloto. Entre ellos surge una pasión instantánea y brutal que los arrastra a un torbellino de pasión (sic). Su torre del amor (sic) explora las profundidades de sus abismos más íntimos (de ella y, de nuevo, sic), siempre con condón, claro. Sin embargo, en su paraíso amoroso surgen problemas -aquí se pueden introducir las variantes que se quieran: otro hombre, otra mujer, un accidente, un pasado traumático, un malentendido-. Mujer Protagonista y Hombre Protagonista sufren, por separado y juntos, y lloran mucho, por separado y juntos. Pero como los dos son muy guapos, muy listos y muy buenos, al final hablan de lo que les separa, y juntos consiguen superarlo y consumar nuevamente su amor (torre, cueva, condones...). Probablemente hay niños en la página final."

En total, creo que he leído tres o cuatro libros de Danielle Steel, pero no podría comentarlos individualmente, porque en mi recuerdo son todos iguales, como empalagosos pasteles rosas industriales. En mi defensa diré dos cosas: en primer lugar, que estos libros nos los regalábamos mutuamente mi pareja y yo, hace años, como una broma privada, y luego nos divertíamos comentándolos y compartiendo los párrafos más absurdos. Además, la experiencia me dice que es muy instructivo leer de vez en cuando malos libros -me refiero a libros del nivel de bajeza intelectual y estilística de estos-, para aprender a apreciar lo difícil que es la labor de los escritores.

Ahora, seguro que salta alguno que diga: "pues Danielle Steel ha vendido más de 550 millones de copias de sus libros, ¿qué dices a eso?". Pues a eso digo: "lástima de papel desperdiciado".

lunes, 19 de octubre de 2009

Confieso que he leído: Flores en el ático de V. C. Andrews

Idioma original: inglés
Título original: Flowers in the attic
Año de publicación: 1979
Valoración: entre diabético y lacrimógeno

Ésta es la historia de cuatro niños guapos, guapísimos, rubios, rubísimos (como sacados de un anuncio de Johnsons), hijos de un matrimonio que se quiere mucho, mucho, mucho. Como el padre tiene la mala idea de morirse de repente –tragedia 1.0–, la madre decide llevarlos a casa de sus abuelos. Resulta que el abuelo no sabe que existen (pero la abuela sí. Curioso), así que se quedan en el ático durante un tiempo indeterminado hasta que la madre le dé la noticia al anciano sin que éste se muera del pasmo de saber que le han surgido cuatro nietos de la nada. Mientras están en el ático, la abuela (que es mala, malísima, como una señorita Rottenmeier pero con muchos años encima) se ocupa de ellos y ellos ven pasar los días sin que nadie les diga que pueden salir –en este momento empieza la angustia.

A partir de aquí, podemos imaginar lo que pasa: hacen una trastada y la abuela, que ya he dicho que es malísima, le llena el pelo de brea a la hija mayor (la adolescente guapa, guapa y rubia, rubia) para que se lo tenga que cortar –tragedia 2.0–; los niños enferman y no saben por qué y todo es muy sospechoso y uno de los pequeñines se muere –tragedia 3.0– y su gemela se queda triste, triste, triste. Los otros dos también, pero menos, porque ya están perdiendo la inocencia; hay una escena de incesto de lo más incestuosa y trágica que tiene un rollo erótico-festivo que no sé yo si realmente esto es un drama o se está convirtiendo en una novela rosa –¿tragedia? 4.0–; hasta que, por fin (después de un montón de páginas de “estamos creciendo alejados del mundo, qué agonía, ¿dónde estará nuestra querida madre y por qué nos odia nuestra odiada abuela?”), se destapa el pastel y se descubre que la madre (que resulta ser todavía más mala que la abuela, que ya es decir, y eso que es muy guapa) ha dejado a los niños en el ático para que se mueran y así cobrar la herencia que le iba a dejar el abuelo (parece ser que el buen hombre había decidido no darle un céntimo, si tenía descendencia). Vaya familia. Y eso que eran todos muy rubios y muy guapos. Si llegan a ser muy morenos y muy feos, esto se convierte en el Bronx.

Llegados a este punto, todo lo que puedo decir es que este libro me lo recomendó una compañera de clase a la que no he vuelto a hacer caso cuando me ha recomendado algo y que no, no leí el resto de la saga. Con un solo libro tuve suficiente.

domingo, 18 de octubre de 2009

Vladimir Nabokov: Lolita

Idioma original: inglés
Título original: Lolita
Fecha de publicación: 1955
Valoración: Muy recomendable

Vale, hoy me voy a poner con Dolores Haze, más conocida como Lolita...Ya me ha costado.

La verdad es que es una tarea harto difícil hablar de un libro que no es sólo una obra maestra de la literatura universal, sino que fue todo un escándalo en su época, y mucho me temo que en estos tiempos que corren (cuando la barrera que separa la requete-reivindicada Libertad y lo Intolerable es cada vez más anoréxica) tampoco pasaría precisamente desapercibido.
Sin ir más lejos, una amiga me ha advertido de que uno de los "Temas relacionados" que apunta la Wikipedia en su página sobre Lolita dice "Pedofilia". Sin palabras...

Además, la presuntamente lasciva niña de Nabokov tiene el dudoso honor de haber bautizado a todo un género femenino (en mi opinión, existente en el subconsciente erótico masculino que no en el mundo real): el de las lolitas, chicas pre-adolescentes con maneras y encantos más propios de veinteañeras; sugerentes criaturas (nínfulas las llama el autor ruso) que se dedican, de forma aparentemente inconsciente pero pérfidamente dolosa, a despertar la líbido de los machos maduros que las rodean.

Me explico, ¿no? Hablo de las lolitas de toda la vida, vamos. Aquí van unas cuantas concedidas por el cine: Jodie Foster en Taxi Driver, Brooke Shields en la terrible La pequeña (oda a la pederastia pese a que en teoría sea una "crítica a"), Natalie Portman en Beautiful Girls...Sin embargo, las dos genuinas Lolitas que nos ha regalado la pantalla en las adaptaciones de la novela que hoy me ocupa, me han resultado dos sendos fracasos: Sue Lyon y Dominique Swain. Qué manía con no respertar las descripciones físicas de los libros, ¿tanto cuesta dejar a Lolita castaña de ojos grises?

Y bueno, para los que aún no lo sepan: Lolita va de un viejo que se lía con una cría de doce años...No, en serio, no vayamos a la banalidad, aunque muchos harían una sinopsis así...

El atormentado profesor Humbert Humbert se encapricha perdidamente (ojo, digo "encapricha" que no "enamora") de una cría de doce años sin padre, la hija de la señora de la casa donde se aloja. La niña, extraordinariamente incitante, provocadora y precoz (según él), le recuerda a una novia que tuvo de joven y que murió, Annabel (bravo por el homenaje a la Annabel Lee de Poe).

Su obsesión por la nínfula hará a Humbert casarse con la madre de Lolita, cargársela después, y ya libre, llevarse a la niña por ahí en plan padre/amante, de hotel en hotel primero, hasta ubicarse de forma más o menos estable en ciertos lugares "civilizados", donde Lolita estudiará en el colegio por las mañanas y se acostará con su falso padre por las noches. Y todo, sin haber cumplido los dieciocho. Pero los problemas no tardarán en llegar...Les dejo la sorpresa.

Escándalo, esto es un escándalo..., dirían los primeros que leyeron esta novela. Y vamos, que sí: que Nabokov, el ruso que escribía en inglés, armó la marimorena con esta historia pero, al parecer, no le fue tan mal, ¿no?

La mejor reacción ante los que pusieron a caldo el libro fue la del propio autor.
A los que le acusaban de justificar la pedofilia (que lea esto Polanski si en la cárcel tiene Internet y se mete en unlibroaldia), Nabokov les contestó algo así como: "No han entendido nada. Lolita sólo es una pobre niña". O sea, lo que yo me imaginaba: Lolita no es una cría "sucia", "sucio" y paranoico y asesino es Humbert Humbert por mucho que sea profesor y amara a una musa de Poe.

Análisis de este turbio tipo aparte, Lolita es un gran libro narrado en primera persona, desde el punto de vista de Humbert, con un lenguaja intimista y poético (que hace las escenas eróticas con una imberbe más llevaderas), un ritmo perfecto en el que la trama sigue su curso natural sin quedarse corta ni larga, y un manojo de descripciones de tipos humanos francamente loables.

Un buen libro que merece la pena leer.

Ah: y Dolores viene del dolor que provoca, al parecer, el amor. Y Haze es bruma, neblina, más propio de una idealización romántica que de terrenal y cálida carne. Ahí, Nabokov se fue por las nubes...

sábado, 17 de octubre de 2009

Vasili Grossman: Vida y destino

Idioma original: ruso
Título original:
Жизнь и судьба
Año de redacción: 1959
Valoración: está bien > recomendable > muy recomendable

Escrita en 1959, pero nunca publicada en vida del autor (que murió en 1964), Vida y destino sufrió el destino de tantas obras prohibidas por motivos políticos durante el siglo XX: el manuscrito fue confiscado, al igual que las copias mecanografiadas existentes, y su autor fue igualmente reducido al ostracismo -aunque no detenido ni juzgado-. En 1980 se publicó una primera edición de la obra en ruso, fuera de la Unión Soviética; en 1988 la obra por fin pudo publicarse en Rusia. En español, existen dos traducciones: una realizada a partir del francés, publicada en 1985, y otra más reciente, de 2007, traducida esta vez desde el ruso y publicada por el Círculo de Lectores, con una notable acogida de crítica y público. Desde sus primeras ediciones, se ha convertido en un tópico comparar Vida y Destino con Guerra y Paz (Martin Amis por ejemplo llama a Grossman "el Tolstoi de la URSS" en La casa de los encuentros).

Vida y destino narra -entre muchísimas otras cosas- los destinos de los distintos miembros de la Sháposhnikov, con la Batalla de Stalingrado como trasfondo épico (aunque el autor se encarga de desbaratar toda posible épica de la guerra). Un problema con el que se encuentra el lector cuando empieza la novela -algo que pasa en muchísimas novelas rusas- es que hay demasiados personajes -a los que encima se refieren con nombres distintos: nombre, apellidos, apelativo cariñoso... Hay tantos personajes, y el foco cambia tan rápidamente de una ubicación a otra (un campo de trabajo en Rusia; el frente de Stalingrado; la retaguardia; un campo de concentración nazi...) que resulta imposible seguirles la pista a todos, y para la página 100 uno tiene que aceptar la idea de no saber quiénes son exactamente esas personas a las que les pasan cosas. Durante las siguientes 200 o 300 páginas, la confusión se mantiene. Después, a base de repeticiones, algunos nombres comienzan a fijarse en la memoria, y las historias familiares (las del comunista Krimov, el coronel Novikov, el científico Shtrum) adquieren claridad y fuerza.

Por este motivo, entre otros, Vida y destino es una novela que mejora a medida que avanzan las páginas. Implacable con su retrato de la bajeza moral de los mandamases soviéticos (no extraña que la novela fuera secuestrada por la KGB) y de la brutalidad de toda guerra, la narración gana patetismo a medida que avanza, y las historias de represión, injusticia, abuso de poder, hipocresía y fanatismo van haciéndose cada vez más opresivas y densas. Cuando se vuelve la última de las 1100 páginas del libro, se tiene la clara impresión de haber asistido a algo muy grande (y no me refiero sólo al tamaño).

viernes, 16 de octubre de 2009

Isaac Asimov: Ciclo de la Fundación

Título original: Foundation Series
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1951- 1993
Valoración: imprescindible

Vale, ya estoy con otra saga o serie de un montón de libros, pero es que resultan imprescindibles. En este caso, son siete –aunque Asimov enlazó su serie sobre robots con la Fundación, y podemos leer dieciséis…-y es una de las mejores sagas de ciencia ficción.

Trata sobre la inminente caída del Imperio Galáctico. Hari Seldon, creador de la psicohistoria, que es una rama de las matemáticas que estudia las reacciones de los conglomerados humanos ante determinados estímulos sociales y económicos, ha conseguido predecir con suma exactitud los acontecimientos históricos del Imperio. Su equipo y él mismo, han conseguido crear un plan que reduzca el período de caos tras la caída del Imperio a sólo mil años.

Para ello, prepara dos planetas: Fundación, un planeta ocupado únicamente por científicos dedicados a elaborar la Enciclopedia Galáctica, una compilación todos los saberes del Imperio Galáctico, formado por miles de planetas; y Segunda Fundación, un planeta más misterioso…desde estos dos lugares partirá el nacimiento de un nuevo Imperio. Además, nos encontramos con la figura de los robots, cuya misma palabra inventó el propio Asimov, y sus tres leyes de la robótica. Se desarrolla la teoría de Gaia y se buscan soluciones a los factores culturales negativos.
La trama es genial, y el estilo de escritura impecable, da gusto leer a Asimov por su claridad. No le sobra ni una frase, ni una palabra. El desarrollo de los personajes y de la historia, perfecto. Y la creación de la Enciclopedia Galáctica y las referencias a la misma envuelven la historia con una fuerte impresión de realidad.

Para empezar a leerla, recomiendo el siguiente orden: Fundación, Fundación e Imperio, Segunda Fundación, Límites de la Fundación, Fundación y Tierra, Preludio a la Fundación, Hacia la Fundación. Las dos últimas son precuelas, pero creo que es mejor leerlas después.
Impresionante.

jueves, 15 de octubre de 2009

John Steinbeck: De ratones y hombres

Idioma original: inglés
Título original: Of mice and men
Año de publicación: 1937
Valoración: Muy recomendable

1.- Crítica unlibroaldiense
De ratones y hombres es una de las obras más conocidas de John Steinbeck, junto con Las uvas de la ira o La perla. Es también una de las mejores, en mi opinión. De argumento sencillo y estructura teatral, cuenta la historia de George Milton y Lennie Small, dos jornaleros que van de rancho en rancho en la California de la Gran Depresión buscando trabajo. George es inteligente y suspicaz; Lennie es fuerte y bonachón, pero sin un gramo de inteligencia. Ambos sueñan con comprarse un terreno y montar una granja de conejos; pero hay un aire de tragedia en toda la novela que presagia lo inevitable. Contada con trazos rápidos y sin rodeos (excepto por algunas descripciones prescindibles), es una novela conmovedora y sutil, de técnica tan admirable como invisible.

2.- Crítica feminista
De ratones y hombres es sólo un ejemplo más de la mentalidad masculina hacia la sexualidad femenina, no sólo en los puritanos Estados Unidos de entreguerras, sino en cualquier país, en cualquier momento. El sistema social de los hombres se presenta como un paraíso cerrado, violento pero sostenible, que sólo se ve trágicamente alterado cuando se interpone la figura sensual, y por lo tanto pecaminosa y amenazante, de una mujer. De esta manera, Steinbeck -portavoz del patriarcado más radical- retoma el viejo motivo bíblico de la perdición de lo masculino por lo femenino: el Edén (mito muy steinbeckiano) en el que Eva, la serpiente y la manzana son una misma cosa. Realmente repugnante.

3.- Crítica marxista
Admirable crítica, en una lectura superficial, del estado de alienación y deshumanización al que llegan los hombres a causa de la opresión de un sistema capitalista en crisis (y cuándo no lo está) como el estadounidense de los años 30, De ratones y hombres ofrece además una posible lectura suplementaria e igualmente interesante: Lennie, el auténtico protagonista trágico de la novela, representa al proletariado adormecido y desorientado por la superestructura, que posee la fuerza necesaria para escapar del yugo del capital, pero no hace uso de ella, sino de manera puntual y descaminada. El desenlace de la novela, además, nos recuerda que en demasiadas ocasiones no es la clase dominante la que descabeza la revolución, sino las propias clases obreras las que se autofagocitan atrapados en los ingenuos sueños de propiedad infundidos por la superestructura.

4.- Crítica queer
No es de extrañar que, con la excusa del lenguaje obsceno o impropio, De ratones y hombres se haya convertido en uno de los libros más censurados del siglo XX. Pero la razón hay que buscarla en otro lugar, y de hecho es una razón bastante evidente: en realidad, lo que De ratones y hombres narra es la historia de una relación homosexual encubierta -puesto que no habría sido aceptable una sociedad machista como la de los ranchos californianos- entre sus dos protagonistas. Los signos de esta lectura son abundantes en la novela: el misterio con el que ambos hombres envuelven su origen y el motivo por el que están juntos; sus sueños de un futuro compartido; su rechazo de las propuestas sexuales del personaje femenino... El desenlace de la novela se llena así de un nuevo significado; la carga mítica de la novela se agranda, y el poder de su ascendencia trágica resulta aún más conmovedor.

5.- Crítica afroamericana
En De ratones y hombres sólo hay un personaje negro. Trabaja en el establo, tiene la espalda tan destrozada que no puede ni mantenerse erguido, y nadie le hace ni puñetero caso. No creo que haga falta decir más...

miércoles, 14 de octubre de 2009

Julio Cortázar: Un tal Lucas

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1979
Valoración: Muy recomendable

El título no engaña: este libro trata en efecto de un tal Lucas. Son breves textos que no son relatos, pero tampoco ensayo y, menos aún, biografía. Diría que son algo parecido a actas, las actas de las rarezas de un ser raro, con quien el autor simpatiza sospechosamente y que se llama Lucas. Cortázar nos descubre, por ejemplo, el patriotismo, el patrioterismo y el patiotismo (sic) de Lucas. Nos habla de sus clases de español, en las que asombra a sus alumnos franceses con crónicas taurinas (toma nota, Guillermo) o nos describe su arte de pronunciar conferencias. Aquí y allá uno encuentra esos súbitos vistazos de Cortázar, que son como un cortocircuito de una realidad más increíble y exacta. Por ejemplo, una mesa por debajo es "un acuario de transparentes medusas que conspiran contra nosotros, mientras que aquí encima todo sigue plano y resbaloso y absolutamente espía japonés".

Además de las tribulaciones de Lucas, el libro recoge una serie de textos breves en los que Cortázar parece contar simplemente lo que le apetece y gracias a Dios. Por ejemplo, cómo descubrió súbitamente en una reunión de negocios que "todo gato es un teléfono pero todo hombre es un pobre hombre" o cómo en el país del general Orangu todos los habitantes, cumplidos los 18, se inyectan en sangre veinte pescaditos dorados, lo que los hace muy felices. Se narran también las costumbres de una cierta orquesta en la que todos los violoncelos se disputan a la arpista.

El libro entero, en fin, está repleto de recovecos, de bromas, de intuiciones sorprendentes. Da la impresión de haberse escrito disfrutando, casi sin querer, y desde luego se lee precisamente así. Para terminar, ahí va una miniatura cortazariana que encierra con toda inocencia una oscura versión del segundo teorema de la incompletitud de Gödel. Se titula "Destino de las explicaciones":

En algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las explicaciones. Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural.

También de Cortázar: Historias de cronopios y famas, La vuelta al día en ochenta mundos.

martes, 13 de octubre de 2009

Jens Lapidus: Dinero fácil

Idioma original: sueco
Título original: Snabba Cash
Año de publicación: 2009
Valoración: Recomendable

La literatura, como cualquier otro producto de consumo, va por rachas. ¿Que Seda vende muchos ejemplares? Pues se publican un montón de novelitas cortas, con trasfondo exótico e historia de amor incluida. ¿Que El código Da Vinci tiene éxito? Pues se sacan a la venta tropecientas novelas de no menos de 700 páginas que hablen de templarios, masones, guerras religiosas y conspiraciones mundiales. Ahora le ha llegado el turno a la novela escandinava. Mejor dicho, a la novela negra escandinava; hilando aún más fino, a la novela negra sueca. Después del boom Stieg Larsson, nos metimos de cabeza en el mundo literario de Asa Larsson (nada que ver con el anterior, a pesar de tener el mismo apellido), Camilla Läckberg, Henning Mankell... y, por fin, Jens Lapidus.

Lapidus es el autor de Dinero fácil, primer libro de la Trilogía negra de Estocolmo. Si bien los autores que he citado antes se dedican más a la novela negra tradicional (hay un asesinato, una serie de sospechosos, un investigador y un puzzle que resolver), Lapidus se centra en el género policíaco puro y duro, y nos presenta un Estocolmo poblado de tratantes de blancas, traficantes de drogas, pijos cocainómanos, prostitutas y chulos. Así, conocemos a JW, un joven de clase media con sueños de grandeza que se hace traficante de cocaína, a Jorge, un traficante escapado de la cárcel deseoso de escalar puestos en el mercado, a Mrado, un chulo, matón y traficante sin escrúpulos que tan pronto le da una paliza a alguien que no ha pagado como sale a pasear con su hija pequeña, y a otros muchos personajes que pueblan los bajos fondos de la capital sueca.

Con una prosa ligera y rápida (algo que se agradece, puesto que el libro tiene más de 600 páginas), Lapidus, como sus predecesores, se empeña en demostrar que Suecia no es el paraíso civilizado que creemos y que también allí hay delitos de drogas, asesinatos, prostitución y gente sin escrúpulos para los que una vida humana no vale más que lo que se puede ganar con ella. Pero también construye una novela entretenida, sin cabos sueltos, que mantiene al lector pegado a las páginas y le hace desear que el resto de la trilogía se publique cuanto antes.

lunes, 12 de octubre de 2009

Stieg Larsson: Millenium II y III

Títulos: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Millenium II)
La reina en el castillo de las corrientes de aire (Millenium III)
Idioma original: sueco
Títulos originales: Flickan som lekte med elden (Millenium II) / Luftslottet som sprängdes (Millenium III)
Año de publicación: 2008, 2009
Valoración: Se deja leer

Extractos de una carta póstuma de Stieg Larsson encontrada entre sus papeles*

Te envío los dos últimos tomos de la trilogía para que les eches un ojo. En esta ocasión he decidido centrarme más en la vida de los personajes, especialmente en Lisbeth. Siguiendo la temática de los abusos de poder sobre las mujeres, ahora introduzco el tema del tráfico de mujeres de los países del este. Cómo no, en todo momento aparece la figura de Zalachenko vinculada a todos los asuntos turbios destripados en el libro. Mikael, por su parte, se impone la tarea de defender a Lisbeth ante cualquiera de los peligros que le asalten. Ya lo verás. Estoy seguro de que te gustará y te enganchará, aunque...



Cuando terminé de escribir el primer volumen de Millenium me asaltó un terror enorme. Aunque desde un principio había ideado en mi cabeza la obra como una trilogía y había más o menos delineado las líneas argumentales básicas de las tres novelas, a la hora de pensar en cómo empezar y dónde acabar el segundo tomo me ofusqué durante casi un mes. Todos los bocetos argumentales que elaboraba se chocaban con una cruda realidad: así como en Millenium I los argumentos estaban muy bien hilados y mantenían el suspense sin necesidad de recurrir a situaciones disparatadas y difícilmente creíbles para el lector, en esta ocasión todo parecía condenado a elevar la tensión narrativa a base de situaciones que rozaban el límite de la credibilidad literaria. Por eso, aunque finalmente me lancé a escribir el segundo tomo, el resultado final ha reflejado esta debilidad del hilo argumental. Tengo que confesarte que no estoy nada contento con cómo termina esta segunda novela.

En cualquier caso, una vez terminada, sin apenas descanso, me dediqué por completo a escribir el tomo final de la trilogía. En esta ocasión, no tuve grandes dudas sobre cómo debía desarrollarse la historia. Mi objetivo fue en todo momento tomar los hilos que en el segundo libro quedaron pendientes e irlos zurciendo, de forma que no quedaran cabos sueltos. El resultado fue óptimo y te puedo asegurar que yo estaba muy feliz con cómo se había desarrollado este tercer libro. Sin embargo, tras prestárselo a un amigo, ávido lector y crítico literario, para conocer su opinión, me contestó que sin duda el libro tendría gran éxito pero que, haciendo una comparación con el mundo cinematográfico, era lo más parecido a una película de Hollywood. Una especie de justicia divina pone en su sitio a los malos y los buenos salen triunfantes. Su comentario me hizo releer mi obra críticamente y, finalmente, llegué a la misma conclusión que él. Seguramente hoy hubiera escrito algo muy diferente, si bien creo que mi error estuvo en el planteamiento argumental de la segunda novela.

De todas formas, ya no hay nada que hacer. Todo el material ya está entregado a la...


(*Aviso para navegantes: Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia)

domingo, 11 de octubre de 2009

Sergi Pàmies: Si te comes un limón sin hacer muecas

Idioma original: catalán
Título original: Si menges una llimona sense fer ganyotes
Año de publicación: 2006
Valoración: está bien

Si te comes un limón sin hacer muecas, de Sergi Pàmies, es un libro de título improbable y de contenido sorprendente. No es que sea una obra de una originalidad absoluta, que Pàmies haga algo que nadie haya hecho antes; pero se nota en ella una agradable frescura despreocupada, como de escritor sin ínfulas ni falsas pretensiones, que hace que su lectura, sin ser un ejercicio de superficialidad, se lea con facilidad y con una casi permanente sonrisa en la boca. Además, su brevedad (la total del libro y la de cada uno de los cuentos) lo hace ideal para leer a ratos perdidos.

Porque Si te comes... es una recopilación de relatos que indagan en los límites de lo verosímil de nuestra cotidianeidad; parten de situaciones comunes y las distorsionan, bien empujándolas más allá de lo habitual, hasta lo extraordinario, bien introduciendo elementos insospechados, o adoptando perspectivas inusuales, como sucede en “Como dos gotas de agua”, narrado, precisamente, desde el punto de vista de una gota de agua en su descenso suicida hacia la fregadera.

Lo que más agrada al leer todas estas historias es un tono de realismo casi mágico, cercano al humorismo, sin caer nunca en el chiste fácil ni en el recurso manido de la sorpresa final. Por eso, Si te comes un limón sin hacer muecas no es una obra monumental, que pretenda alumbrar el sentido de la vida o los grandes misterios de la realidad humana; más bien, en una línea coherente con estos tiempos de desaparición de los grandes discursos y las grandes verdades, lo que ilumina son los pequeños misterios de la vida, esos que nos esperan a la vuelta de cualquier esquina o, más habitualmente aún, dentro de nosotros mismos.

sábado, 10 de octubre de 2009

Deyan Sudjic: El lenguaje de las cosas

Idioma original: inglés
Título original: The Language of Things
Año de publicación: 2009
Valoración: Está bien


Hace no muchos años, la gente sólo poseía aquello que necesitaba. Poco a poco, a medida que creció nuestro poder adquisitivo, la cosa cambió. Lo que considerábamos necesario tenía que ser también bonito, elegante y, además, caro (y si encima aparentaba todo el dinero que valía, mejor). Partiendo de la premisa de que los objetos que poseemos (como la obsoleta máquina de escribir que guardamos por su valor romántico y los recuerdos que nos evoca o el ordenador último modelo que nos hemos comprado) forman parte de nuestra historia y nos distinguen de los demás, Deyan Sudjic reflexiona sobre el diseño, el lujo o el afán de posesión que nos invade y nos hace intentar tener más y más cosas.

En un mundo en el que una silla puede costar tanto como un cuadro o una escultura, debemos plantearnos si el diseño es realmente otra forma de arte o tan sólo una evolución desproporcionada de nuestro afán consumista. Del mismo modo, es necesario reflexionar acerca del lujo, de cómo éste ha cambiado a lo largo de los años (si antes volar se consideraba lujoso ahora lo es hacerlo en jet privado, por ejemplo) y en qué medida nos afecta, podamos permitírnoslo o no. El lenguaje de las cosas nos invita a plantearnos estas cuestiones, al mismo tiempo que nos guía a lo largo de la historia de aquellos objetos que definen lo que somos y, sobre todo, nos hace pensar qué hace que deseemos tener tantas posesiones que muchas veces ni utilizamos y si no seríamos más felices liberándonos de todas ellas.

viernes, 9 de octubre de 2009

Ernesto Sábato: Sobre héroes y tumbas

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1961
Valoración: Imprescindible

Inconmensurable, magistral, apoteósica, apocalíptica, caótica, maquiavélica, surrealista, demencial, mágica, terrorífica, insultante, heroica, fabulosa, inolvidable, imposible, única.

Describiéndola con semejantes adjetivos, ¿se hacen una idea de la envergadura de esta novela llamada Sobre héroes y tumbas? Espero que sí, porque me cuesta encontrar las palabras adecuadas para transmitir por escrito el tsunami de sensaciones que su lectura me produjo.

Es que me es sumamente difícil hablar de Sobre héroes y tumbas, uno de mis libros preferidos (esta vez fue una actriz argentina la que me llevó a esta obra) aunque no sé muy bien por qué: al contrario que mis otros títulos idolatrados, la obra de Sábato no se dedica principalmente a estudiar con precisión artesanal la atormentada psicología de un personaje, ni narra las aventuras de ciertos jovenzuelos con una visión poético-romántica de la existencia, ni se burla de un atajo de pobres diablos. No Señor, Sábato no pierde su tiempo en ninguna de estas loables misiones literarias, sencillamente, se las merienda a todas de un plumazo, en una sola obra. Y parece no salir demasiado despeinado de su batalla.

¿Que de qué va? Buuufffffff...

Habemus Buenos Aires + chica de familia de rancio abolengo en horas bajas llamada Alejandra con tendencia a la locura y escandalosa y violenta relación incestuosa con su padre + joven llamado Martín, héroe por excelencia de la trama, hijo de padres viva-la-vida enamorado de Alejandra hasta las trancas + últimos años del peronismo + maligno padre de Alejandra (sí, sí, el pervertido que violaba a su hija mientras su esposa hacía la vista gorda), turbio hasta decir basta + El Informe de Ciegos, documento excepcional que prueba que los ciegos son unas criaturas subterráneas y demoníacas que se quieren hacer con el mundo. Y también hay toda una red de túneles bajo la ciudad de Buenos Aires por donde las criaturas de la Conspiración que denuncia esta novela maquinan sus maldades.

¡Toma ya!

¿Y cómo se come todo esto? Sólo Sábato lo sabe y logra que lo hagamos; y bien, además, dejándonos tras ello una placidez inusitada. Muchos consideran este trabajo suyo la mejor novela argentina de todos los tiempos. No nieguen antes de descubrirla...

Y les diré que tras leer Sobre héroes y tumbas el que escribe esta crítica sintió mareos, pero a la vez se notó más iluminado y maravillado que nunca...Vamos: fue como fumarse más de un pitillo de marihuana. ¿Sentirán ustedes lo mismo?

Aguardo impaciente sus respuestas.

Y por cierto, si por una hipotética jugarreta del destino lograra algún día ser el guionista de una imposible adaptación al cine de esta novela, sería el tipo más feliz del mundo. Aunque hay que tener mucha alma para poner esta monumental locura en imágenes.

jueves, 8 de octubre de 2009

Felisberto Hernández: Nadie encendía las lámparas

Título original: español
Año de publicación: 1947
Valoración: Está bien

La verdad es que no sé cómo llegué a comprarme este libro, si me lo mencionó alguien alguna vez, o si simplemente me llamó la atención su sorprendente título (¿qué lámparas? ¿por qué no las encendía nadie?). El caso es que me lo compré casi a ciegas, y fue una de las compras más afortunadas, porque el primer cuento del volumen, el que le da título, se situó en la lista de mis imprescindibles, del que no ha salido desde entonces.

Nadie encendía las lámparas es probablemente el volumen de relatos más conocido de su autor, y el que más éxito obtuvo en su momento. Se trata de una colección de 10 relatos, con argumentos y estilos muy dispares, aunque con una cierta predilección por lo que hoy en día calificaríamos como "realismo fantástico". Así, por ejemplo, "el balcón" trata de la extraña relación entre una joven neurasténica y el balcón al que se asoma, que se enamora de ella; "El acomodador" nos presenta a un hombre que se adapta demasiado a su oficio; en "Muebles 'El Canario'" descubrimos una innovadora manera de hacer publicidad...

Para mi gusto, los mejores cuentos son los de otro tipo que aparecen en esta colección: los que narran las experiencias más o menos modificadas de un pianista/escritor en distintas situaciones entre las clases medias-altas de Montevideo. El primero de estos cuentos (que por cierto puede leerse aquí) me sigue pareciendo antológico. En estos cuentos no hay giros narrativos ni golpes de efecto: apenas la descripción de todos los detalles de una situación sencilla -en este caso, la lectura en voz alta de un cuento por parte de su autor-, reflejando sobre todo las impresiones recibidas por el protagonista. Cada objeto (una estatua, un florero, el pelo de una mujer) se transforma a través de los ojos del narrador. Los diálogos son de una sencillez y una viveza insuperables.

Felisberto Hernández probablemente no tenga la fama de otros escritores hispanoamericanos, pero en su día fue reconocido por Cortázar u Onetti, entre otros. Y leyendo sus relatos, uno entiende por qué.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Guillermo Fesser: A cien millas de Manhattan

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2008
Valoración: Está bien

En julio de 2002, Guillermo Fesser hizo las maletas y se mudó con su familia a Rhinebeck, el pueblo de su mujer, un paraíso rural de siete mil habitantes situado a cien millas de Manhattan. A pesar de tener la intención de pasar un año dedicado a escribir un guión cinematográfico, se dedicó a observar a sus nuevos vecinos, escuchar sus historias y, sobre todo, intentar comprender ese país que tan a menudo tenemos presente y que, en muchas ocasiones, sólo conocemos a través de sus tópicos.

Fesser nos cuenta cómo es la vida en una comunidad rural estadounidense, qué hay de cierto en todas esas creencias que damos por sentadas y en qué aspectos los yanquis y los europeos somos más parecidos de lo que parece a simple vista. Pero también nos habla del sistema de calefacción neoyorquino (muy interesante, por cierto), de la comunidad india, de la inmigración, de la esclavitud (pues muy cerca de su nueva casa pasaba el ferrocarril subterráneo, un sistema de túneles que utilizaban los esclavos para huir a los estados libres del Norte), del sistema sanitario, de las costumbres (que son algo más que el trick or treat del día de Halloween o reunirse con la familia el día de Acción de Gracias), del sistema educativo, de política... todo ello salpicado de anécdotas que nos harán sonreír y nos animarán a seguir leyendo.

Si alguien quiere saber cómo es un estadounidense medio y aprender algo más de este país que nos resulta tan atractivo como incomprensible, que lea este libro. Es ameno, divertido y, sobre todo, muy educativo.

martes, 6 de octubre de 2009

Eduardo Lago: Llámame Brooklyn

Idioma original: español
Año de publicación: 2006
Valoración: Muy recomendable

Cuando una novela recibe un premio tan prestigioso como el Nadal, eso suele ser sinónimo de dos cosas: grandes ventas, y lectura fácil para el público mayoritario. Eso no sucede en el caso de Llámame Brooklyn, premio Nadal 2006 y primera novela de Eduardo Lago, periodista, crítico literario y director del Instituto Cervantes en Nueva York. Puede gustar más o menos, pero lo que no puede negarse es que se trata de una novela madura, trabajada y nada complaciente con el lector; una novela con todas las de la ley.

Llamame Brooklyn es la novela de un perfecto conocedor de las técnicas narrativas del siglo XX, de autores como Joyce, Faulkner o Pynchon, a quienes se homenajea en distintos momentos de esta obra. La trama argumental es sencilla: Néstor Chapman, un colaborador de un periódico español en Nueva York, recibe un curioso encargo: recuperar, ordenar y publicar un libro, Brooklyn, dejado incompleto por su amigo Gal Ackerman al morir. Ello le exige leer y ordenar cuadernos, sumergirse en la vida de su amigo hasta compenetrarse con él en cuerpo y alma, y por supuesto, redactar la versión final de la novela, en la que los estilos y las personalidades de ambos se mezclan de forma inseparable.

De esta trama surge también la propia estructura narrativa: en la novela (que ya no sabemos si llamar Llámame Brooklyn o simplemente Brooklyn) se entrecruzan los recuerdos de ambos personajes, sus escrituras y sus diálogos –reales e imaginarios-; las obras literarias de Ackerman, las cartas de ambos, fragmentos de sus diarios, todo, en fin, lo que compone Brooklyn, y mucho de lo que se refiere a su propio proceso de composición.

El resultado es una obra literaria notable, sorprendentemente cuajada para ser la primera de su autor (que ha esperado hasta la madurez para pasar de la crítica a la creación) y que augura un gran narrador para el futuro si es capaz de mantener el pulso y el nivel de exigencia de esta opera prima. ¿Alguien ha leído Ladrón de mapas, su segunda novela, publicada el año pasado?

lunes, 5 de octubre de 2009

Hans Ulrich Gumbrecht: En 1926. Viviendo al borde del tiempo

Idioma original: inglés
Título original: In 1926. Living at the edge of time.
Fecha de publicación: 1997
Valoración: muy recomendable

"No intente empezar por el comienzo" dice Gumbrecht en la primera frase de este libro, y no le falta razón. Es una buena muestra de la originalidad de este ensayo. Si uno lo piensa, los libros de Historia suelen ofrecernos precisamente eso, una historia, un relato con presentación, nudo y desenlace. Por ejemplo: se describen el lujo de Versalles y el hambre de París, luego se añaden un par de intrigas y pulsos políticos, y se acaba balanceando la sangrienta cabeza de Luis XVI. El lector queda contento, porque los acontecimientos se ordenan según una cadencia reconocible que los revela como signos de algo más grande: la conquista de las libertades, o algo así.

Sin embargo, a poco que se mire de cerca esta costumbre historiográfica, se verá que no deja de ser algo sospechosa. Los hechos pasados se encajan en una perspectiva determinada por factores sociales e ideológicos (entre otros) que bien pueden pasar desapercibidos al historiador. Son esos factores los que le hacen ver una serie de acontecimientos como el inicio de algo o su decadencia. Por lo tanto, ¿de quién dice más su trabajo como historiador: de sí mismo o de su objeto de estudio?

Esto de narrar la historia como si fuera un relato se hace bastante difícil una vez que se ha perdido la fe decimonónica en el progreso universal de la humanidad y todas sus variantes. De hecho, si ya nadie cree que puedan deducirse unas supuestas leyes históricas observando el pasado (y esto ya no se lo traga ni el Partido Comunista Chino), ¿qué sentido tiene seguir escribiendo libros de Historia? ¿Cómo puede ser que estos libros abarroten los escaparates de novedades editoriales? Gumbrecht responde: porque todos queremos revivir el pasado. Un historiador sabe que esto no es más que una quimera, pero, sin embargo, la persigue. Pues bien, ha llegado el momento de que lo haga sin culpa y deje de empeñarse en buscar insostenibles justificaciones políticas o pedagógicas.

Estas reflexiones sobre cómo puede escribirse la Historia hoy en día le llevaron a Gumbrecht al experimento que es este libro. Si eligió el año de 1926 es precisamente porque es un año más, sin esa aura de los años decisivos, que se erigen en bisagras de algún gran relato. No es 1914, que vio el inicio de la Gran Guerra, ni 1919, cuando se firmó el Tratado de Versalles y se fundó el Partido Fascista, ni 1929, el del crack. Se trata, sin más, de revivir un año, tratando de acercarse todo lo posible a la experiencia que tuvieron de él quienes lo vivieron.

Este exigente propósito requiere no pocas innovaciones formales. Para empezar, Gumbrecht rechaza la forma narrativa. Quienes vivieron en 1926 no lo experimentaron como un relato ordenado, así que nosotros tampoco debemos tratar de revivirlo así. La solución pasa por una serie de entradas, ordenadas alfabéticamente, que presentan los objetos, fenómenos y modas de 1926 con documentos de la época. A través de entradas como "gomina", "boxeo", "palacios de cine", "ascensores", "montañismo" o "gramófono" las voces y los hechos de aquel año van cobrando vida ante los ojos del lector. El único criterio en la elección de las fuentes es su vínculo con 1926, sin distinción alguna entre periodismo, ficción o ensayo. Esto restringe los documentos, desde luego, pero genera una selección bien curiosa, en la que figuran El castillo de Kafka, Ser y tiempo de Heidegger (escrito entonces, aunque publicado en 1927) o las aventuras de Winnie-the-Pooh.

Gumbrecht logra un trabajo de una calidad excepcional y de una originalidad imbatible. Es un libro para cualquier público, además, porque el propósito de revivir 1926 puede servir tanto para la elaboración de una tesis doctoral como para disfrutar del pasado. Sólo una pega: la traducción al español, editada en 2004 por la Universidad Iberoamericana, es casi imposible de encontrar en librerías.

domingo, 4 de octubre de 2009

Marvis Harris: Bueno para comer

Idioma original: inglés
Título original: Good to Eat
Año de publicación: 1985
Valoración: Recomendable


Seguro que todos nosotros hemos vivido alguna vez la siguiente situación: estamos sentados a la mesa, la comida que hay en nuestro plato está sin tocar y nuestra madre nos dice: “Cómetelo, que es bueno”. O al contrario, estamos a punto de comer algo y nos reprenden: “No comas eso, que es malo”. Pero, ¿qué es exactamento algo “bueno” o “malo” para comer? ¿Por qué aquí disfrutamos comiendo cerdo y los musulmanes no pueden tocarlo? ¿Por qué en la India no se come carne de vaca y en otras culturas el perro o los insectos son considerados un manjar? Si desde el punto de vista científico todos los animales y plantas pueden aportar vitaminas, proteínas, etc. necesarios y saludables, ¿por qué sólo una parte de ellos acaban en el plato? Y, sobre todo, ¿por qué hay tantas diferencias gastronómicas de una cultura a otra?

Para responder a estas preguntas, Marvin Harris investiga las características de cada cultura y sus hábitos alimentarios y llega a la conclusión de que más allá de tabúes religiosos, gustos o costumbres, lo que realmente determina qué comemos y qué dejamos de comer está estrechamente relacionado con la economía y, por supuesto, la nutrición y la ecología.

Así, conocemos por qué en EE.UU. la carne que más se consume es la de vacuno y, sin embargo, apenas hay consumo de carne de caballo; por qué en muchos países la leche es un alimento común y básico y en otros se consume tan poco que sus habitantes han desarrollado intolerancia a la lactosa o cómo la antropofagia no ha sido una costumbre tan poco común como nos gustaría pensar.

Una lectura recomendable, sin duda, que nos acercará a culturas de las que sabemos muy poco y nos mostrará, una vez más, que toda diferencia tiene una razón de ser y no por eso hay que considerarla como algo “malo”.

sábado, 3 de octubre de 2009

Breve historia del libro (y II)

A menudo se nos olvida hasta qué punto los métodos o soportes que utilizamos para almacenar y transmitir información condicionan el desarrollo de la cultura, y cómo un cambio brusco en los primeros puede suponer una revolución en todos los ámbitos. Una de estas grandes revoluciones -que no han sido muchas a lo largo de la historia de la humanidad- se debió al ingenio y la audacia empresarial de un hombre, Johannes Gutenberg, que pese a ello acabó perdiendo el control de su invento y en la ruina.

Esta historia, como tantas otras, comienza con una apuesta arriesgada. Basándose en las técnicas xilográficas conocidas en Europa y en China desde varios siglos antes, Gutenberg desarrolló un sistema de impresión de "tipos móviles" (una pequeña pieza de hierro, no de madera, para cada letra, de manera que pudieran reutilizarse muchas veces para componer infinidad de textos), y después de probar su invento en diversos textos menores -poemas, documentos eclesiásticos...- se propuso producir 150 Biblias en menos tiempo de lo que el mejor copista tardaría en producir una sola. El resultado fueron las 180 Biblias conocidas como "Biblias de 42 líneas" o "Biblias de Gutenberg" publicadas en 1455, de diseño y perfección admirables, de las que solo se conservan actualmente 21 ejemplares completos (uno de ellos en España, en la Biblioteca Provincial de Burgos). Lamentablemente para Gutenberg, antes de que terminase su producción, su socio Johann Fust le reclamó el préstamo inicial y lo acusó de malversación de fondos (o el equivalente de la época), y terminó quedándose con el floreciente negocio de la imprenta en Mainz, Alemania -aunque parece ser que Gutenberg logró reubicarse en otras ciudades, y antes de morir vio reconocida su paternidad en el invento de los tipos móviles.

El invento de la imprenta complementó además la introducción de un nuevo soporte: el papel. Aunque el papel ya se conocía en China y en Europa desde varios siglos antes, no se generalizó en Europa hasta el siglo XIV, y fue sin duda tras la invención de la imprenta cuando comenzó a sobrepasar al pergamino como soporte fundamental de la cultura (de las 180 Biblias de Gutenberg, 135 se imprimieron en papel, y 45 en pergamino). Gracias a este material tan accesible y a la imprenta de tipos móviles, la producción de libros alcanzó en poco tiempo cotas y ritmos impensables en la Antigüedad o la Edad media, lo que trajo consigo cambios radicales en los procesos de transmisión de la cultura. Así, las 95 tesis de Lutero se difundieron como la pólvora por Alemania gracias a la imprenta, acelerando el inicio de la Reforma protestante. Otro ejemplo sería la Ilustración, cuyo labor de educación del gran público quedó simbolizada en una vasta empresa editorial: L'Encyclopédie.

En el primer tercio del siglo XIX se aplicó el vapor a las imprentas y a los molinos de papel, lo que abarató notablemente el precio de los libros y permitió aumentar las tiradas. Por otra parte, las conquistas sociales en el campo educativo extendieron la alfabetización a capas de población cada vez más amplias, generando un público lector masivo. Fue entonces cuando el libro abandonó su condición de objeto suntuario reservado a unos pocos: nacieron los best sellers. Éstos se llamaban entonces folletines y al principio se conformaban con ocupar una franja baja de algunos periódicos con sus historias de amor, suspense e infortunio. Pronto los periódicos empezaron a vender suplementos literarios, en forma de pequeños cuadernos que conforman novelas por entregas. El género causó auténtico furor y las mejores figuras literarias se dedicaron a él: Alejandro Dumas, Victor Hugo, Robert Louis Stevenson o Charles Dickens, entre otros. Los folletines de éste último enganchaban al público de tal manera que, al parecer, el público de Nueva York esperaba la llegada de las entregas directamente en el puerto.

Esta fue quizá el último cambio cualitativo relevante en la historia del libro. Desde entonces, el proceso de impresión ha seguido haciéndose más barato y más rápido, pero poco ha cambiado en el libro mismo en cuanto objeto. El cambio que empieza a vislumbrarse tiene que ver con la adaptación del texto a la era digital. Pero eso incumbe al futuro (o los futuros) del libro, y lo dejamos para otra entrada.

viernes, 2 de octubre de 2009

Fernán Caballero: La Gaviota

Idioma original: español
Año de publicación: 1849
Valoración: se deja leer

Si hubiera escrito esta reseña hace diez años -cuando leí La Gaviota por primera vez, para hacer una presentación en clase- sin duda hubiera puesto como valoración "repugnante": por su conservadurismo recalcitrante; sus cursilerías infantiles; su didactismo paternalista (o mejor dicho, "maternalista"); su nacionalismo excluyente y monolítico; su folclorismo tópico, idealizante y más falso que una moneda de 3€. Ahora, que la he vuelto a leer para un artículo que quiero escribir, le subo un poco la valoración, no porque la novela no tenga todos esos defectos que acabo de citar, sino porque, en un proceso perverso que afecta a muchos investigadores, le he cogido cariño a la autora y creo que es necesario reconocerle su valor histórico y su espíritu pionero en la novelística española del XIX.

Cecilia Böhl de Faber (que firmaba sus obras con el seudónimo de "Fernán Caballero" en un claro gesto de anti-feminismo), hija del erudito alemán Nicolás Böhl de Faber, tuvo una vida desgraciada: una relación fría y distante con su madre; penurias económicas; tres matrimonios, ninguno de los cuales, por lo que parece, fue especialmente feliz (uno de sus maridos terminó pegándose un tiro cuando su socio en Sydney le estafó y se quedó con todo su dinero)... En medio de tanta turbulencia, y después de viajar por Europa para terminar instalándose en Cádiz, Cecilia, como tantos intelectuales de su época, se dedicó a recopilar cancioncillas, cuentos folclóricos, dichos, refranes, romances o expresiones populares.

Pero más importante que esa recogida, fue lo que se propuso hacer con ella: escribir las primeras novelas "modernas" de la literatura española, con un innovador -aunque errado- sentido del realismo, y una vocación de narrativización de la que carecían sus colegas costumbristas. Los resultados, vistos desde una perspectiva contemporánea, fueron poco acertados, y al lector actual le chirrían no sólo su maniqueísmo y su espíritu catequizador, sino también las historias, cuentos, poesías y digresiones que incluye la narración, que hacen que sus novelas parezcan a veces más una antología o "floresta" que una verdadera novela.

La Gaviota -su obra más conocida y probablemente la más completa- cuenta por ejemplo la perversión de un personaje, Marisalada (aka "la Gaviota") que renuncia a todos los valores que Fernán Caballero consideraba esenciales (la familia, el terruño, la religión...) y que arrastra con ella a la desgracia a todos cuantos la rodean. Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, la novela incuye ataques a los liberales, a los extranjeros, a los "filósofos positivos", a las corridas de toros (¡sorpresa!), así como multitud de cuentecillos, poemitas, leyendas y explicaciones costumbristas o históricas que pudieron ser de interés para los lectores extranjeros -a quienes estaba destinada la primera versión, en francés-, pero que a los demás nos resultan cansinos y prescindibles.

¿Quién debería hacer un esfuerzo por leer La Gaviota u otras obras de Fernán Caballero? Quien tenga un interés histórico -o antropológico- por ver cómo pensaba y escribía una romántica conservadora alemano-andaluza de la primera mitad del siglo XIX, y quien quiera apreciar cómo en solo 40 años se pudo pasar de un embrión novelesco como La Gaviota, a un monumento literario casi perfecto como es La Regenta.

jueves, 1 de octubre de 2009

El Libro de Urantia

Idioma original: inglés
Título original: The Urantia Book
Fecha de publicación: 1955
Valoración: repugnante

Pese a lo que pude decir en aquella reseña, tengo por norma no reseñar libros que no haya leído. Bueno, pues hoy voy a hacer una excepción, y espero que el lector tenga a bien entenderlo enseguida. No, no he leído El Libro de Urantia, ni falta que me hace. Pero tampoco podía dejar de comentarlo aquí, porque para mí es el no va más en libros canónicos. Algo así como una mezcla entre la Biblia y el guión de Los Caballeros del Zodíaco. 2097 páginas en papel biblia o, lo que es lo mismo, 2 kg y pico de jerga pseudo-teológica, que describe con un detalle trastornado la estructura del universo y la historia de la salvación. Para que os hagáis una idea: sólo los índices ocupan 66 páginas.

El Libro de Urantia está dividido en cuatro partes. La última es la menos extraña, porque trata de la vida y enseñanzas de Jesús y viene a ser un refrito de los evangelios. Materialmente se añaden sólo un par de episodios, como una supuesta estancia en Roma antes de la vida pública. Lo que cambia, y mucho, es la interpretación que se hace de los hechos de Jesús. Sinceramente, no tengo ganas de penetrar la confusa maraña de categorías jerárquicas que constituye la "teología" urantiana, pero valgan un par de frases del episodio de la Resurrección para apreciar el estilo general:

"El viernes por la tarde, poco después del entierro de Jesús, el jefe de los arcángeles de Nebadón, a la sazón presente en Urantia, convocó su concilio para la resurrección de las criaturas volitivas durmientes y empezó a considerar las posibles técnicas de restitución de Jesús. (...) A las dos cuarenta y cino del domingo por la madrugada, la comisión de encarnación del Paraíso, formada de siete personalidades del Paraíso no identificadas, llegó al sitio, desplegándose inmediatamente alrededor del sepulcro..."
Sí, en efecto, parecen las actas de una reunión de auditores. Lo más propio del Libro de Urantia es justo esa loca terminología burocrática llena de palabros como: "tránsito moroncial", "Ajustador Personalizado", "Cuerpo de Consumación Seráfica" o "Seconafines Terciarios". Todo eso hace referencia a un complejo sistema de jerarquías cósmicas. Así, "Urantia", o sea, nuestro planeta, no es más que un mísero átomo en el entramado de mundos y universos locales que conforman la cosmología urantiana. Las dos primeras partes del libro están dedicadas a explicar esa extraña estructura, mientras que la tercera narra la historia de Urantia (poblada en sus orígenes por una raza violeta).

En general, los autores hacen gala de una imaginación poderosa, aunque con tropiezos poco excusables. Por ejemplo, los nombres de los "siete mundos sagrados del Padre" se los podían haber currado un poco más: Diviningtón, Serafingtón, Spiringtón, Ascendingtón... O sea, "algo que suene elevado y super espiritual" añadiéndole al final "-ton", el sufijo inglés que significa "ciudad" (como en Kingston, <King's town). Vamos, que en español lo mismo podían haber traducido "Villaespíritu de Peñarriba", "Serafinuelo Alto" y así. Algo cutre, tratándose de la estructura del universo...

Leído como ficción, el libro podría tener sus momentos, pero su obsesión burocratizante lo hace prácticamente ilegible. El problema, claro, es que no se presenta como una obra de ficción. He mencionado antes a los autores. La Wikipedia apunta a un tal William Sadler, pero, si creemos al propio Libro de Urantia, los diversos documentos que lo forman fueron dictados a un grupo de contactados por seres sobrehumanos de la más diversa índole. Uno de los índices tiene a bien ofrecer un listado de autores, entre los que figuran "un Elevado en Autoridad", "Manovandet Melquisedec", "Comisión de seres intermedios" o, mi preferido, "un Sin Nombre ni Número".

Lo curioso es que, pese a ser resultado de la Revelación, el Libro de Urantia tiene copyright. El titular de sus derechos de autor es una Fundación Urantia, con sede en Chicago, que debe de llevarse un buen pico por los ejemplares que compran las comunidades de lectores del Libro de Urantia repartidas por todo el mundo. En fin, sobre estos desdichados sólo puedo decir, parafraseando a Homer Simpson, que cuando repartieron las religiones, debían de estar en el baño.